Primer adelanto de 'Lux'
Así es Berghain, la catedral berlinesa del techno y del hedonismo que inspira el primer 'single' de Rosalía

Sara Fernández

La catedral del techno, la meca a la que todo feligrés del bombo a negras desea peregrinar. Así es Berghain, emblema de la alocada noche de Berlín y para muchos la mejor discoteca del mundo. Y desde hoy también inspiración para Rosalía, pues el primer adelanto del cuarto disco de la catalana, 'Lux', lleva como título su nombre. El célebre club nocturno alemán ha forjado su mito entre las paredes de una gigantesca nave industrial entre los barrios de Kreuzberg y Friedrichshain (de ahí su nombre, del 'berg' del primero y del 'hain' del segundo). Dentro de esa antigua planta energética de estilo brutalista, hasta 1.500 almas bailan al ritmo del atronador 'beat' del género electrónico nacido a finales de 1980 en Detroit, amplificado por un muro de 'subwoofers' convertido en el altar ante el que los amantes de la noche rinden pleitesía.
Berghain es sinónimo del hedonismo más desacomplejado. Aisladas entre bloques de hormigón, sus laberínticas salas se han convertido en un espacio de libertad sin prejuicios en las que el sexo y las drogas fluyen sin más contención que la que uno desee. Dentro de esa burbuja, bailar semidesnudo no es una excentricidad, sino un anhelo personal que se expresa sin miedo a las miradas de los demás. Para entrar, deberás dejar los tabúes en la puerta.

La artista Rosalía a su llegada a Callao en una aparición sorpresa para presentar su cuarto álbum, este lunes en Madrid. / Juanjo Martin / EFE
La intolerancia no tiene lugar en la noche de Berlín. De ahí, que Berghain y otros clubes célebres como Sisyphos, KaterBlau, Renate, KitKat o Tresor obliguen a sus huéspedes a cubrir la cámara de su móvil y limiten el acceso a sus pistas de baile. Aunque este último recurso también se ha convertido en una herramienta marquetiniana para promocionar su exclusividad, en su origen responde a la intención de garantizar un espacio seguro para el libre albedrío.
Eso ha hecho de Berghain el nodo en el que la subcultura techno y la 'queer' convergen. Si la escena nocturna berlinesa es desde hace más de un siglo un refugio para la comunidad gay, la célebre discoteca es ahora su capital. En noches marcadas, el subsuelo del club se transforma en Lab.Oratory, un Valhalla fetichista y sexual sin tapujos que atrae a hombres de todo el mundo.
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