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Entrevista al autor de Empaque, Circo Flamenco

Germán J. López: "Yo me siento flamenco aun siendo malabarista"

Si la vida puede ser una comedia o puro teatro, el circo también puede ser flamenco. O al revés, o todo mezclado. O imaginación, vivencias, viajes y empoderamiento. Así, de forma casual y a base de vivencias personales, al maestro y educador social Germán J López Galván (Córdoba, 1989) le nació Chicharrón, el personaje sobre el que gira esta novedosa propuesta de circo flamenco que este sábado disfrutramos en el Teatro Nuevo Calderón de Montijo a las 20.00 horas.

Germán J. López.

Germán J. López. / EL PERIÓDICO

-Empaque, ¿de qué?

-La verdad es que cuando yo me preparaba para ser maestro de educación física me daba cuenta, no sin cierta vergüenza entre otros compañeros de carrera, que no se me daba nada bien ese deporte ‘reglado’. Era un auténtico ‘paquete’ y yo, en su momento, lo pasé bastante mal. Pasó por mi vida una profesora que si nos animaba a explorar otros espacios: nos enseñaba expresión corporal, ¡otros senderos! y esa forma de proceder me marcó. A partir de ahí comencé a buscar cómo enseñar a esos niños y niñas otras disciplinas deportivas para que no se sintieran frustrados por esos deportes clásicos. Ese fue mi trabajo de fin de carrera. A través de un curso de payaso encontré el equilibro, los malabares o el control de los espacios. Ese fue el origen de todo esto.

«Encontré la metodología del circo social utilizando este arte como instrumento de transformación”

-Aunó circo y trabajo social…

-Me fui a las 3.000 viviendas a una residencia universitaria donde tenía la oportunidad de colaborar con el barrio mientras hacía mi segunda carrera, Educación Social. Una forma también de poder costeármela. En la carrera encontré otro compañero con el que me metí más dentro del circo. Encontré la metodología del circo social utilizando este arte como instrumento de transformación. Viajé por diferentes partes de Europa donde siempre encontré una conexión entre el circo y los gitanos. No soy gitano pero su cultura siempre la he tenido presente desde que era un niño. Me fui un año y medio a Hungría a convivir con ellos, y allí desarrollé todo lo que era la disciplina circense, pero también mi propio desarrollo con, y en el mundo gitano. De vuelta a Sevilla estuve trabajando cinco años en una asociación de mujeres gitanas con proyectos relacionados con circo social. Esta es la raíz y el germen de Chicharrón, el protagonista de Empaque.

-En esta obra, de hecho, usted incide mucho en la confirmación de la identidad, ¿la busca usted?

-Es que no deja de ser un alter ego con el que me coloco en un sitio donde homenajeo a las peñas flamencas, a las mujeres gitanas…, a todos esos lugares venerados por mí. Mi anterior obra Sin ojana me gustaba mucho. La ojana, esa hipocresía, quería que se representara a través del circo pero contando la verdad. La reinterpretación de la ojana fue lo que me cautivó para crear el espectáculo Empaque. Quería también otros conceptos flamencos, pero llevándomelo a mi terreno. Yo quiero seguir dedicándome al circo, al flamenco…, pero quería saber qué pasaba conmigo. Necesitaba sentir quién soy: ¿soy cirquero? ¿soy flamenco? Y eso me ha generado mucha ansiedad. Yo me siento muy flamenco, pero ¿qué pasa?, ¿Qué porque no lo haga según un discurso no lo es? El empaque es esa seguridad, eso que uno dice cuando ve a alguien y te asalta un: ¡qué empaque tiene bailando, caminando…! Reinterpretando el concepto me lo llevo a la seguridad conocer esa identidad. Yo me siento flamenco aun siendo malabarista. Soy muy flamenco. Toda mi vida ha sido flamenca y para ponerlo sobre el escenario debía tener esa contundencia. Ahí aparece: ‘Empaque’.

«No soy gitano pero su cultura siempre la he tenido muy presente desde que era solamente un niño»

-Maestro, malabarista…, ¿y Chicharrón?

-A mí me picó el gusanillo de subir al escenario y me inventé un gitano gay que hacía malabares siempre jugando bajo un código de respeto, pero rompiendo muros. Este personaje empezaría en 2017 y este es el que da el nombre a la compañía. Es cuando empieza a darse a conocer el personaje y a la persona, a Germán. Siempre en un entorno underground, espacios alternativos hasta que llega el momento donde Chicharrón crece, y decido montar un espectáculo.

-Tres años de creación, una pandemia…, se presenta Empaque y consigue numerosos premios, entre otros, al Mejor Espectáculo de la 42º edición de la Feria de Artes Escénicas de Andalucía.

-Han sido años en donde, por ejemplo, en el 2024, no cogía ningún bolo solo para poder hacerle el cierre al espectáculo. Yo sabía que para llevarlo a buen puerto tenía que dedicarle mucho tiempo. Son casi veinte personas las que han pasado por esta obra, aunque sobre el escenario solo esté yo. La extremeña Ana Donoso dirige, Raúl Cantizano lleva la música, Laura León firma el vestuario (por el que ha recibido también premios); La Choni, bailaora, me ha acompañado trabajando la conciencia corporal llevando los malabares hasta el escenario. Todo lo que he avanzado este año ha sido en paralelo al desarrollo de mi cuerpo flamenco y mis malabares. Alicia Cuña, cantaora, recientemente fallecida está muy presente en la obra porque sobre todo en ‘Empaque’ lo que hay es cante.

-Empaque es un reconocimiento a ese Germán que era el ‘paquete’ en el deporte; que creía que no cantaba, actuaba…, ¿es un Germán contra el mundo?

-Mas que contra el mundo, de cara y contra él. Hay algo muy bonito en todo esto. Si le digo, que como guiño a todo eso, arranco la obra con la canción ‘Lágrimas Negras’. No una versión cualquiera. Cuando yo vivía en Hungría estábamos de juerga con unos españoles, desinhibidos, y empecé a cantar, ¡yo flipé porque a la gente le gustó! Es esa grabación con la que arranco ‘Empaque’. No es una confrontación contra el mundo, pero espiritualmente si es un desnudo. Es bonito porque se conectan las diferentes etapas de mi vida. Todas ellas quedan plasmadas en esta obra.

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