Entrevista
Salman Rushdie: "No quiero ser la víctima que yace en el suelo, quiero ser quien cuenta la historia"
El escritor cierra en Barcelona el foro Metafuturo y celebra haberse reencontrado con la ficción tras publicar 'The eleventh hour', su nuevo libro de relatos: "Estoy realmente contento de volver a lo que considero mi verdadero trabajo", asegura

Salman Rushdie, fotografiado en Barcelona antes de la entrevista / Ferran Nadeu
David Morán
Entre medidas de seguridad dignas de mandatario internacional y el revuelo propio de quien ha sobrevivido a una condena de muerte por insultar a las "santidades islámicas" con 'Los versos satánicos' y, más recientemente, anteayer como quien dice, a un intento de asesinato mientras ofrecía una conferencia en Chautauqua, en el estado de Nueva York, Salman Rushdie(Mumbai, 1947) ha pasado este viernes por Barcelona para clausurar el foro de reflexión Metafuturo. La cita, impulsada por Atresmedia, ha contado con ponentes de Martin Baron, exdirector de 'The Boston Globe' y 'The Washington Post', el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, y el propio Rusdhie, que atiende a El periódico de Catalunya poco antes de conversar con Sonsoles Ónega sobre la libertad de expresión y el salvaje apuñalamiento que sufrió en 2022 y que él mismo narró en 'Cuchillo'.
-"Sobreviví, esa fue mi venganza", ha dicho. ¿Cómo se encuentra?
-No estoy nada mal, he tenido una recuperación bastante buena. Soy muy afortunado, ya que lo más probable era que no me recuperara bien. Pero, de algún modo, está casi todo reparado.
-El hecho de que esté hoy en Barcelona charlando con periodistas y encabezando el cierre de Metafuturo, ¿es la prueba de que, al final, las palabras de un escritor siempre prevalecen?
-Eso espero. Al final creo que mi obra como escritor hubiese prevalecido incluso si me hubieran matado, porque la obra no muere. Pero, claro, esto es mejor.
-Tras sufrir el brutal ataque en agosto de 2022, repareció en 2024 con 'Cuchillo', una crónica de aquellos días oscuros. ¿Es un libro, una novela, una buena manera de contraatacar?
-Fue mi manera de tomar el control de la situación, mi forma de decir: voy a ser yo quien cuente la historia y le dé sentido. Eso me hizo sentir bien, porque siempre he resistido el papel de víctima. No quiero ser simplemente la persona que yace en el suelo. Quiero ser la persona que cuenta la historia.

Rushdie, durante la entrevista / Ferran Nadeu
-¿En algún momento pensó en convertir todo aquello en una novela?
-No, tenía que ser no ficción. Y en primera persona. No tenía sentido ficcionalizarlo, porque el suceso fue enormemente reportado internacionalmente. Un ataque con un cuchillo es algo tan íntimo y personal que tienes que escribirlo en primera persona. También hice algo que no hacía desde hacía mucho tiempo: grabé yo mismo el audiolibro. Pensé que sería extraño que un actor leyera mi narración en primera persona.
-¿Y qué tal le fue?
-Emocionalmente, el acto de completar el libro fue suficiente para mí. Incluso cuando tuve que ir a juicio y sentarme en la sala con el atacante, no tuvo ningún efecto en mí. Solo pensé: estoy aquí sentado, respondo a las preguntas del abogado, me voy a casa.
"El grupo que ostenta el poder ahora en Estados Unidos desea reescribir la historia del país, borrando a quienes no son como ellos, es decir, a quienes no son blancos"
-En 'Cuchillo' hay un capítulo en el que inventa una conversación con el atacante...
-Es mi capítulo favorito, sí.
-¿Y no le tentó encontrarse con él? ¿Visitarlo en la cárcel y preguntarle por qué lo hizo?
-Al principio pensé que me gustaría encontrarme con él y hacerle preguntas, sí. A mi mujer no le entusiasmaba la idea, claro. Pero también pensé: ¿qué ganaría con eso? Creo que es muy improbable que me abra su corazón y me cuente sus secretos. Creo que todo lo que obtendría serían cosas que ya sé. Es mejor usar mis poderes de novelista para imaginarlo como personaje, para intentar entender por qué alguien así haría algo así. Así que, en medio de esta obra de no ficción, hay un capítulo completamente ficticio.
-Su atacante, igual que cuando Jomeini respondió con una 'fatua' a 'Los versos satánicos', ni siquiera se había molestado en leer alguno de sus libros. ¿Qué nos dice eso del fanatismo?
-Es una prueba de cómo algunas personas pueden ser influidas muy poderosamente, incluso hasta el punto de desear cometer un asesinato. Porque él no sabía nada de mí. Nada. Y no parecía pensar que fuera necesario saber algo. Eso es muy extraño, porque no era un criminal endurecido: era alguien que nunca había cometido un delito, sin antecedentes. Pasar de cero a asesinato es un salto muy grande. Y aun así estaba dispuesto a hacerlo con un completo desconocido. Eso es lo extraño y lo que quería entender.
-¿Lo logró?
-Creo que hay personas fáciles de adoctrinar, es un tipo de carácter. Hay personas dispuestas a ser dirigidas y apuntadas en cierta dirección. Y solo puedo imaginar que él es uno de esos. Vivimos en una época en la que vemos ejemplos de esto con frecuencia.
"En cierto modo, todos los seres vivos somos una novela inacabada, porque no conocemos el último capítulo"
-¿Cree que el atentado le ha cambiado de alguna manera como escritor? Acaba de publicar en inglés 'The eleventh hour', una colección de relatos.
-Creo que saldrá en español y catalán el año que viene, sí. Pero no es una novela; aún no logro escribir una novela. Tres de las piezas son bastante largas, como una novela corta, y dos son más breves. He publicado bastantes libros de no ficción, pero de mis 23 libros, 17 son ficción. Siempre he pensado que soy realmente un escritor de ficción que a veces escribe no ficción, así que estoy realmente contento de volver a lo que considero mi verdadero trabajo. Hasta que no escribí las memorias, el 'jugo' de la ficción simplemente no estaba ahí en mi cabeza, pero en cuanto terminé 'Cuchillo' fue como si se abriera una pequeña puerta para que las historias salieran de nuevo. Pensé: bienvenidas de nuevo.

Salman Rushdie, durante la entrevista con El Periódico / Ferran Nadeu
-La crítica destaca que las tres piezas largas de 'The eleventh hour' están conectadas por cierta reflexión sobre la mortalidad, algo bastante razonable si tenemos en cuenta de dónde viene.
-Sí, no es sorprendente, ¿verdad? Son relatos muy diferentes porque transcurren en lugares y tiempos distintos, pero comparten el interés de cómo enfrentarse al acto final de la vida. Algunas personas pueden manejarlo adquiriendo cierta serenidad y paz, mientras que se enfadan mucho. Beethoven, por ejemplo, estaba muy enfadado. Dylan Thomas, con su poema 'Rage, rage against the dying of the light'. Hay personas para quienes la llegada del final es serena o exasperante, y yo creo que puede ser las dos cosas: puedes tener momentos de serenidad y momentos de rabia. Ese tema también me llevó a pensar en las novelas inacabadas de Kafka: en cierto modo, todos los seres vivos somos una novela inacabada, porque no conocemos el último capítulo.
-¿Cómo cree que pueden ayudar los libros a lidiar con todo esto?
-Los libros... En realidad no sé muy bien qué hacen los libros. Cuando lees un libro que te gusta, algo cambia en ti. El amor por los libros tiene un efecto profundo en las personas. Solo puedes esperar que algunos de quienes lo lean reaccionen así.
-Ahora que vive en Estados Unidos, ¿qué le parece que se haya batido el récord de libros prohibidos y censurados en las escuelas?
-Es un momento realmente chocante. Este es, al fin y al cabo, el país de la Primera Enmienda, donde la libertad de expresión está consagrada en la Constitución, pero PEN America publicó un informe hace unas semanas en el que decía que en este momento hay 23.000 prohibiciones activas de libros en Estados Unidos.Y no son libros cualquiera: algunos de los mejores jamás escritos como 'Beloved', de Toni Morrison, 'Matar a un ruiseñor' o Huckleberry Finn... Realmente el pináculo de la literatura. La preocupación es que se está criando una generación de niños ignorantes a ciertas visiones de su propio país, ya que muchos de esos libros hablan de la experiencia negra, de la historia de la esclavitud, de hechos esenciales de la historia estadounidense. Y hay un deseo de borrarlos. Afortunadamente, hay resistencia: muchos casos legales, y éxitos aquí y allá, porque la Primera Enmienda es muy poderosa. Pero es un momento inquietante.
"En el país de la Primera Enmienda, donde la libertad de expresión está consagrada en la Constitución, el PEN America ha detectado 23.000 prohibiciones activas de libros"
-¿A qué cree que obedece?
-Creo que el grupo que ostenta el poder ahora en Estados Unidos desea reescribir la historia del país, borrando a quienes no son como ellos, es decir, a quienes no son blancos. Y aunque esa es la versión estadounidense, hay otras: la absurda decisión británica del Brexit, basada en reescribir la historia de Inglaterra y decir que Inglaterra era maravillosa antes de que llegaran extranjeros. Esa Inglaterra nunca existió. En India también hay un proyecto de reescritura que borra la contribución de la población musulmana, que es el 15% del país. Este revisionismo ocurre por todo el mundo. Si eres escritor, no quiero decir que tengas una responsabilidad, porque no quiero sermonear a otros escritores, pero yo sí que siento la responsabilidad de luchar contra eso.
-¿Hubiera sido Salman Rushdie otro tipo de escritor de no haberse pasado media vida rodeado de escoltas y de medidas de seguridad?
En realidad tampoco ha sido así. Durante la mayor parte de los últimos 25 años he llevado una vida perfectamente normal. En mi opinión, este despliegue es demasiado, pero no es mi decisión. Creo que es exagerado. Preferiría no haber necesitado nunca seguridad, pero después de lo que pasó, no quiero una repetición. Así que tengo que aceptarlo, al menos parte del tiempo.
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