MÚSICA
Nacho Vegas lanza su nuevo disco, "Vidas semipreciosas", un canto al humanismo y a la disidencia política: "Estoy abierto a abrazar la fe algún día"
El cantautor, con su banda habitual, vuelve a explorar las zonas complejas del ser humano y a cantar con la misma intensidad al amor, a la muerte y a la resistencia y la disidencia política

Gijón. Librería La Revoltosa. Entrevista Con músico Nacho Vegas / Juan Plaza / LNE
Chus Neira
Nacho Vegas (Gijón, 1974) publica este viernes “Vidas semipreciosas” (Oso Polita), su noveno álbum de estudio. Con su banda habitual, el cantautor vuelve a explorar las zonas complejas del ser humano y a cantar con la misma intensidad al amor, a la muerte y a la resistencia y la disidencia política.
En su anterior disco se refugió en el oriente de Asturias para componer. Esta vez viajó al occidente. ¿Cómo fue el proceso de composición?
Había muchas canciones, ideas esbozadas que habían ido surgiendo durante la gira, ideas que apunto en la libreta y en la grabadora. Cuando tuve tranquilidad para dedicarme al disco, como había quedado muy contento con la experiencia anterior, viajé a Colunga un mes. Estuve maquetando canciones, puliendo letras e inspirándome en el paisaje. Luego el disco se gesto en dos sesiones de grabación, en marzo y en julio. Antes de hacer la segunda sesión hice otro viaje, esta vez a Piloña, aprovechando que me gusta la zona, que ye un conceyu con una dinámica cultural muy chula, con la Benéfica y la gente de Bocanegra en Vallés. Allí alquilé una casina con un horru restaurado donde monté mi pequeño estudio.
¿Es un disco más homogéneo en temáticas y sonidos que otros anteriores?
Eso son cosas que surgen luego. Cada canción te pide ser escrita a su manera, y no decides los temas sobre los que escribes. Te nutres de estímulos, y todo eso pertenece a un momento concreto y a un lugar concreto. Aquí la grabación fue curiosamente diferente por esas dos sesiones. En la primera estaban “Alivio”, “Deslenguarte”, “Fíu”. Eran canciones que ya había compartido con la banda y sabíamos cómo queríamos que sonaran, muy orgánico. Aunque luego las canciones se te van a lugares insospechados, como “Alivio”, con esa producción tan compleja. El diálogo sirvió para que en la siguiente tanda fuéramos más conscientes de lo que queríamos. Ahí hicimos “Les ales”; la versión de “Txoria txori” de Mikel Laboa, que tenía muchas ganas de adaptar con un sonido más oscuro, menos de canción de autor. Y “Tiempo de lobos”, “Los asombros” o “Mi pequeña bestia”, la última que compuse.
Dice que es compleja. En todo caso sorprende la producción de “Alivio” y la de “Mi pequeña bestia”, con los violines y algo de funky, ¿un poco Bobby Womack?
No sabría dar un referente, es cierto que hubo una época en la que escuche mucho northern soul, pero en “Alivio” lo que pasó es que había grabado un arreglo de cuerda. Nadie lo veía pero yo me empeñé mucho, aunque al final el sonido de las cuerdas camina muy bien y ya no podíamos escuchar la canción sin él. En “Mi pequeña bestia” era algo más consciente ya en la maqueta, pero apuntaba más a la canción francesa, a Moustaki, no tanto a Bobby Womack como al festival de San Remo, a atrevernos a llevar la canción a algo más luminoso donde pudiera correr esa pequeña bestia
En esa canción que habla de componer canciones, en “Seis pardales”, donde se trata el caso “Las seis de la Suiza” (las sindicalistas de la CNT en Gijón condenadas a prisión), se dice que uno canta lo que “otros no quieren sentir”, en “Deslenguarte”, en “Les ales”, también, y en los interludios que acompañan los cortes está muy presente la libertad de expresión.
Me apetecía mucho hacer una canción donde estuvieran presentes “Les seis de la Suiza”, las movilizaciones, el grupo de sofitu… Y me apetecía que estuvieran presentes en la canción Rodrigo Cuevas, Leticia Baselgas y Rubén Bada. En ese momento quise que hubiera un camino de voces represaliadas por el estado español, con los mensajes de Anna Gabriel, Javitxu Aijón, Adur Ramírez. El final de ese camino habla de la libertad de expresión y de la disidencia política y es verdad que también recuerda a otras canciones como “Deslenguarte”, en diálogo con otras más intimistas como “Asombros” o “Piedras semipreciosas”.
¿Siente la necesidad de incomodar?
Es casi una obligación que va en el oficio. No resultar cómodo para mí es una premisa. Decía Santiago Alba Rico que nos prohiben la infelicidad privada por las mismas razones que nos prohiben la disidencia pública, porque revelan lo mismo. Se trata de escribir canciones que parten de sentimientos complejos en un mundo en el que estamos tan sometidos a un montón de lógicas de consumo que nos impiden estar satisfechos. Hay que reivindicar el derecho a gritarle a la infelicidad para confrontarla, y eso enlaza con cantarle a otras cosas, a otras faltas de libertades que tienen que ver con la disidencia política. En los primeros discos me decían mucho que era impúdico. El pudor es un enemigo a la hora de escribir canciones. No digo que no tengas que ponerte líneas rojas, también hay que marcarse alguna autocensura porque, como decía alguien, si no te censuraras llegarías al asesinato, pero sí hay que cantarle a lo que a ti mismo te resulta incómodo o a otros, a lo que no gusta escuchar en determinados ambientes.
Como ese repetido “mecagoendios” que canta con Albert Pla, en “Deslenguarte”. Algo, por otra parte, muy asturiano.
Luego me fijé un poco y creo que en todas partes se dice. Puede que en Latinoamérica no, y no sé cómo se lo van a tomar. Pero en Asturias, en cualquier chigre se puede escuchar en media hora cuarenta “mecagoendios” . Es curioso que no era mi intención componer esta canción relacionándola con esa reivindicación de la espiritualidad, de la religión. No conocía el disco de Rosalía ni la canción de “La Oreja de Van Gogh” cuando la compuse.
Aunque también hay aqui, no sé si espiritualidad, pero sí una ambición de trascendencia en algunas canciones como “Alivio”.
O en “Los asombros”, sí, que es una de las pocas canciones en las que está presente la muerte y la manera de enfrentarse a ella, a través de los afectos y los cuidados.
Porque “Alivio” es una canción que se puede disfrutar pero no sé si se puede explicar tan bien.
A mí también me pasa. Parte de esa frase tan poderosa de William Burroughs de que “quizá todo placer sea un alivio” y acaba volviendo a eso de que parece que estamos en un mundo siempre ostentoso y buscando la sonrisa constante cuando, en realidad, como nuestras vidas son tan difíciles y todo está tan jodido, lo que buscamos son momentos de alivio. Necesitamos pequeños paréntesis para reencontrarnos con nosotros mismos y con la gente a la que queremos. Hay una intención antiindividualista en este disco, la reivindicación de que la pulsión que nos hace sentir vivos no tiene que ver con cosas felices. A veces es la infelicidad. Como ha dicho Fee Reega, las cosas no son nunca ni tan terribles ni tan bonitas.
Hay otra presencia más panteísta, una especie de comunión con la naturaleza, expresada en los pájaros, los minerales…
Es verdad que aparecen un montón de animalinos en el disco. Puede tener que ver con el hecho de que para escribir canciones haya salido del entorno urbano. Estar en sitios donde se vive de otra manera y los estímulos son otros hace que se te cuele en las canciones, porque son permeables. Y ahí se genera una comunión con el mundo en su estado más primitivo, el de la naturaleza, que no es el de la ciudad diseñado para tu comodidad pero donde todo es más hostil.
Entonces, lo de la espiritualidad, ¿nada?
No estoy seguro de que haya un resurgir de nada. Lo que veo en la extrema derecha tiene poco de espiritual, es más fascista que conservador. Siempre me pareció muy respetable la religión y la espiritualidad de cada uno. Entiendo el anticlericalismo como una lucha contra la iglesia por los privilegios que ha tenido pero eso no significa un rechazo a todo lo de la religión. Lo de Rosalía o “Los domingos” creo que son cosas diferentes que han salido a la vez. Me falta perspectiva para pensar si forman parte de algo que siempre ha estado en nuestras vidas.
¿Nacho Vegas cree en Dios?
Sí, cuando era guaje. Hasta los doce añosiba a misa. Tenía una abuela muy religiosa y una profesora ultracatólica. Luego es verdad que me gustaron “The Housemartins” y me interesó la teología de la liberación, el cristianismo de base que habla del pecado estructural del capitalismo. Pero en la edad adulta no he podido ser más que ateo. Me interesa mucho conversar con gente que tiene una postura de fe. Todos necesitamos creer en algo. También puedes creer en el ser humano, en que hay algo que nos puede poner en comunión a gente diferente. En todo caso, estoy abierto a cambiar, a abrazar la fe algún día.
Su defensa del humanismo se centra en este disco en este concepto de la “semipreciosura”. ¿Puede explicarlo?
Aunque nunca me interesó especialmente el tema de los minerales, me llamó la atención el concepto de “piedras semipreciosas”, que se utiliza mucho en joyería. Me interesaba esta cuestión de que es la única palabra en la que utilizamos el prefijo semi para una apreciación subjetiva. No decimos que algo nos parece “semibonito”, y ni siquiera la IA me pudo explicar de dónde había surgido esto. Llamamos piedras preciosas al diamante, a la esmeralda, al rubí y al zafiro porque tienen una dureza especial, un gran pureza, unos colores muy particulares. Son escasas y caras. Son una representación de la élite, y, por el contrario, las semipreciosas se encuentran mezcladas en vetas, con menos dureza, con gamas de colores… Pero esa semipreciosura es más bonita, porque representa la diversidad, la forma en que las personas nos tenemos que reconocer, como gente mestiza. Cuando se habla de racismo se habla poco de que las razas no existen, que son constructos culturales. Quería reivindicar esa manera que tienen las piedras de mezclarse y de necesitarse confrontándolo con el pijerío de las piedras preciosas. Reivindico la semipreciosura como algo mucho más bello, más complejo, más contradictorio, y por tanto más bonito, más blando, más tierno.
Hay otra versión, “Mula revolucionaria”, del colombiano Pablus Gallinazo, convertida en “Fíu”.
Había conocido su obra gracias a un amigo colombiano. Me pidieron que mandar un mensaje para un homenaje que le hicieron y esta melodía se me quedó en la cabeza. La autoría está consignada y es un doble homenaje.
El otro, el homenaje principal, es a su madre, Cristina Vegas, una canción que marca un contrapunto muy obvio con la que dedicó a la muerte de su padre, “El Ángel Simón”.
“El Ángel Simón” se convirtió en una canción importante de forma insospechada. Cuando la escribí pensé que era una canción larguísima, con tan poco estribillo, que no funcionaría. Y fue todo lo contrario. Es verdad que las canciones parecen opuestas, pero hay algo que las conectan. “El Ángel Simón” la empecé a escribir con 23 años, cuatro años después de la muerte de mi padre. Esta la escribo con 50 años. Ha pasado la mitad de mi vida y ves las cosas de forma diferente. En aquel momento sí había un desgarro, una primera muerte que me tocaba de cerca. Es una canción en la que también me hago un montón de preguntas y algo de reproche hacia la figura paterna, aunque también admiración encubierta. Ahora pasa el tiempo, pasa la vida y entiendo lo que ha supuesto tambien mi madre para mi educación, los valores transmitidos. Es una canción muy diferente.
¿La ha escuchado su madre?
Mi madre cumple este martes 76 años y se supone que esta canción es una sorpresa. Aunque no creo que a mi madre le guste especialmente mi música.
El homenaje se extiende a toda la familia. “En esta familia somos de izquierdas”, canta.
Mis padres se conocieron porque los dos militaban. Mi madre en el PSOE y mi padre en el PCE. Estaban en la lucha antifranquista y tenían eso en común. Yo crecí con los carteles de Salvador Allende en casa y las fiestas del PC. No sé lo que opinará Javi, Xabel, pero creo que lo que vivimos de pequeños, o el ir a un cole público… Recuerdo cuando mis padres nos explicaron por qué querían que fuéramos a un público y su creencia en la educación pública. Yo tenía algún amigo que iba al Codema y veía la diferencia social, veía el pijerío y el clasismo.
¿Cree que sus ideas políticas se moderarán con el tiempo?
No, más bien al revés. No creo en el tópico de que uno es de izquierdas cuando es joven y luego…. Creo que uno se va formando, va dándose cuenta de cómo son las cosas. Todo lo que sucedió al hilo del 15M, al ver cómo algunas experiencias en las instituciones fueron anomalías del sistema me hizo tomar conciencia de la contrarrevolución liberal en la que estamos imbuidos y que sigue siendo el enemigo a batir. La opción de una izquierda transformadora revolucionaria es la única posible desde que el fascismo no solo se ha colado en nuestras instituciones sino que se ha normalizado. Me acuerdo cuando decían que a Vox no se les podía llamar fascistas, que el fascismo era otra cosa. No. Al fascismo hay que nombrarlo con todas las letras: un discurso del odio y de exclusión de hombres blancos trajeados.
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