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Reseña

Parma y el síndrome de Stendhal

Honoré Balzac dijo: ‘La Cartuja de Parma' es un drama "enraizado en el corazón humano", la visión de Italia durante el Romanticismo. Leer a Stendhal es volver al origen de cómo se escribe una novela, un clásico del siglo XIX con el que tomar una brújula literaria para orientarnos en el siglo XXI.

La cartuja de Parma.

La cartuja de Parma.

Santiago Ortiz Lerín

"He tomado un billete en una lotería cuyo primer premio mayor podría resumirse así: ser leído en 1935", dijo hace casi dos siglos Henri Beyle, más conocido como Stendhal (Grenoble, 1783 - París, 1842). Lo que no imaginaba es que le leeríamos en 2026. ‘La Cartuja de Parma’, que ahora publica Alba Editorial en su colección Alba Minus Clásicos, es una obra monumental de narrativa psicológica del siglo XIX, y con una impronta significativa de las llamadas novelas de aprendizaje o bildungsroman, que transcurre desde la batalla de Waterloo a la Italia anterior a la unificación de Garibaldi. Una lectura con la que rearmar intelectualmente al lector frente a estos tiempos de guerra, para no olvidar el significado de la Europa, el eco de Voltaire y la Ilustración, y también lo que dijo Abdulrazak Gurnah: "no puedes tirarle un libro a un tanque para detenerlo, pero la literatura puede enseñarte a combatir la tiranía". 

Y es al "magnífico castillo de Grianta, pasado el lago de Como, a donde las señoras llevaron al teniente Robert", miembro del ejército francés que entró en Milán, y que hasta entonces era dominio austríaco. Fue en mayo de 1796 bajo el mando de Napoleón. Así comienza, en las primeras páginas, ‘La Cartuja de Parma’, por momentos con un ritmo narrativo que sorprende, y a la vez conecta con un escritor nacido a finales del siglo XVIII. Dos años después de que las tropas napoleónicas entrasen en Milán, nació Fabrice Valserra, el "marchesino" del Dongo, protagonista de esta novela de Stendhal. La novela transcurre entre los últimos tiempos del poder de Napoleón en Europa y la Restauración de la primera mitad del siglo XIX, entre las regiones del norte de Italia de la Lombardía y Emilia-Romaña, pero sobre todo en la ciudad de Parma. El protagonista es Fabrice del Dongo, sobrino de la duquesa de Sanseverina, que a su vez es amante del Conde Mosca, quienes tratan de promocionar a Fabrice. Este triángulo de poder y afecto es un punto clave en esta historia, que chocará con los intereses del príncipe Ranuccio-Ernesto. Stendhal nos muestra una perspectiva crítica con las pequeñas cortes absolutistas de ese momento en Italia, pero que a su vez, tras la batalla de Waterloo, nos muestra que la guerra es el caos y no la gloria. Con un tono entre el cinismo y el romanticismo, el escritor francés nos muestra una crítica lúcida sobre la felicidad y el destino. Fabrice se verá envuelto en un grave incidente que lo lleva a la prisión de la torre Farnese, donde surge un amor inesperado e intenso.

Cuando se piensa en la ciudad de Parma, lo primero que viene a la mente es su espectacular Baptisterio de mármol rosa de Verona, un imponente edificio octogonal del siglo XIII que es, sin duda, una de las mayores proezas artísticas de Italia. Cuando se habla de esa reacción de colapso psicosomático con mareos y taquicardias ante la percepción de una enorme acumulación de belleza, se hace siempre referencia a la experiencia de Stendhal cuando visitó la Basílica de la Santa Croce en la ciudad toscana de Florencia, en 1817, es decir, lo que se ha venido en llamar "síndrome de Stendhal". Esta reacción del escritor francés podría haberse producido también en Parma. Y lo segundo que a uno le viene a la mente cuando se piensa en esta ciudad italiana es la novela que lleva su propio nombre, ‘La Cartuja de Parma’, que eleva a la cima a esta ciudad de Emilia-Romaña a través de la literatura con una de las obras cumbre en la narrativa de la primera mitad del siglo XIX. 

Uno de los pilares de esta novela es la psicología vibrante de Gina Sanseverina, la tía del protagonista Fabrice del Dongo, con una excepcional complejidad y vitalidad a través de su inteligencia y audacia frente a las convenciones de su época, esos convencionalismos que cambian conforme a los tiempos y según el estrato social, pero que solo hay algo que no cambia, apenas unos pocos son capaces de desafiarlos. Sanseverina rechaza las proposiciones del príncipe apoyando a su sobrino Fabrice, su amor por él combina admiración y protección, arriesgándose en maniobras en la corte a través de su ingenio. Es una mujer intensa, pero no una idealización romántica, pues es celosa y manipuladora, y esta contradicción la hace magnética. 

Otro personaje importante en la novela es el conde Mosca, un hombre maduro y astuto que ha logrado ser primer ministro gracias a su inteligencia política en una pequeña corte absolutista. Haciendo un paréntesis para contextualizar la novela con España, tras la Guerra de Independencia (1808 - 1814), y contraviniendo la promulgación de la Constitución de Cádiz, volvería a instaurarse la monarquía absolutista en nuestro país hasta la muerte de Fernando VII. Volviendo al conde Mosca, su carácter es el de un hombre ilustrado que se halla entre el cinismo de la corte y su amor por Gina Sanseverina, es decir, dispuesto a lo que ella le pida por su sobrino. Hay un contraste entre el conde Mosca y Fabrice, el primero es un hombre con un amor más resignado, un hombre que los años le han dado las tablas de los que saben disimular, mientras que Fabrice es más impulsivo. Ni héroe ni villano, así podríamos definir al conde Mosca.

‘La Cartuja de Parma’ fue publicada en 1839, una novela psicológica, y que se publicó diez años después del mítico viaje de Washington Irving a Granada, momento en que se consolida en el mundo anglosajón la visión romántica de España con los viajes por nuestro país de George Borrow y David Roberts. Al otro lado de los Pirineos Stendhal escribió ‘La Cartuja de Parma’, pero con una visión crítica del absolutismo en Italia. Una frase curiosa de Stendhal es cómo firma su novela, con la expresión melancólica "to the happy few", es decir, a los pocos felices.

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