50 aniversario
La hora en que murió Cecilia
Como de la noche al día: las actas inéditas del fallecimiento de Evangelina Sobrado Galante y de Carlos Manuel de la Iglesia Leiva chocan con los testimonios vecinales y de la hija del matrimonio que iba en el carro

Cecilia entre un grupo de fans. / Archivo San Agustín
J. A. Gil
Cincuenta años después, la muerte de la cantante Cecilia sigue envuelta en una cierta penumbra. La hora del accidente divide las versiones, el expediente judicial está en paradero desconocido, los supervivientes guardaron silencio y mantuvieron un perfil público bajo o inexistente, no hubo juicio y el matrimonio del carro cargó con consecuencias que nunca trascendieron. Esta es la reconstrucción del accidente y sus consecuencias.
El juez de paz de Quiruelas de Vidriales debió de sentir el ruido de motores que se acercaban mientras comenzaba a faenar sobre la tierra. Seguramente se enderezó, colocó la mano a modo de visera sobre la frente para evitar la luz del sol bajo que acaba de salir por el este y atisbó la polvareda que se acercaba. De ella terminaron surgiendo dos motoristas de la Guardia Civil. La escena es llamativamente cinematográfica: "¿Es usted el alcalde? (con saludo militar)" "Sí". "Tiene que venir con nosotros". "¿Qué ha ocurrido?" "Un accidente en Colinas". "Una cantante conocida ha muerto. Tiene usted que ir para certificar la muerte. El secretario ya está allí".
Eugenio, juez de paz en 1976, debió subir a una de las motos con los guardias para desplazarse hasta el lugar del siniestro. El secretario municipal ya estaba en el lugar de autos. Posiblemente con el médico forense o esperándolo. Tenía su casa en el kilómetro 13, el fatídico punto donde el coche en el que viajaba Cecilia y sus tres compañeros.
Una versión oficial y otra familiar y vecinal
Esta entradilla no es real, solo se aproxima a la verdad. Es una reconstrucción ficticia a partir de las consultas realizadas a descendientes del regidor sobre lo que ocurrió aquella mañana y cómo el Juzgado Instructor de Benavente reclamó su presencia como juez de paz en el punto de accidente mientras estaba trabajando en una finca. Sin embargo, lo realmente vivido por el alcalde, no debió de ser muy distinto.
La hora de la muerte de Cecilia, ocurrida el 2 de agosto de 1976 en Colinas de Trasmonte, es un punto controvertido que cincuenta años después parece no encajar en el relato oficial. El acta de defunción, a la que ha tenido acceso La Opinión–El Correo de Zamora, fija el fallecimiento a las 5.30 horas, certificada por el juez de paz del municipio y por el secretario, por orden del Juzgado de Instrucción de Benavente. El documento, inédito hasta ahora, recoge la muerte instantánea y violenta de la cantante y del batería Carlos de la Iglesia, y fue emitido en apenas doce horas, cuando los cadáveres ya estaban camino de Madrid.

Actas de defunción de Carlos Manuel de la Iglesia Leiva (batería) y de Evangelina Sobrado Galanes «Cecilia». / J. A. G.
La existencia de este documento oficial, desconocido durante medio siglo, aporta el valor de una pieza clave para entender cómo fue el siniestro, pero abre una contradicción profunda con los testimonios recogidos en el pueblo a lo largo del pasado año por este periódico. El documento es peculiar: refiere el número de diligencias, pero no aparece ni el nombre del juez instructor, ni el del médico forense que detalla las causas de la muerte de ambos músicos con una truculenta precisión. Sólo figuran los nombres y firmas del juez de paz y del secretario municipal, ambos ya fallecidos.
La oscuridad es el primer elemento que divide las versiones. A las 5.30, Colinas estaba en noche cerrada. La madrugada del 2 de agosto era, en ese momento, oscuridad absoluta. A esa hora, Venus —el llamado lucero del alba— no había ascendido aún sobre el horizonte, de modo que no podía aportar ni un mínimo resplandor. La travesía carecía de iluminación pública o la tenía apagada (en esto hay diferentes opiniones vecinales de testigos, varios de ellos octogenarios) y el carro de bueyes avanzaba sin luz, como era habitual en la época pese a lo que dictaba la norma, o tal vez porque ya no la necesitaba al ser ya de día. El carro conducido por Argimiro Majado, junto al que caminaba su esposa, Regina Álvarez Pérez, llevaba una pernilla, una suerte de viga que sobresalía por la parte de atrás y contra el que terminó impactando el Seat 124 en el que viajaban Cecilia y sus compañeros. Este poste de madera causó la muerte de la cantante y de su batería.
La versión no oficial
Pero testigos del pueblo sostienen otra versión. La hija del matrimonio, María del Carmen Majado, que entonces tenía 16 años, afirma que el accidente ocurrió de día, entre las 6.30 y las 6.50, cuando ya había luz suficiente para ver la carretera. "Cuando salí a la calle ya estaba todo. Mi padre ya no estaba allí, lo habían recogido en un coche. Nunca supe quién lo hizo para agradecérselo. Mi madre estaba en la carretera, herida, y el pueblo entero había salido a ver lo que había ocurrido". La luz del amanecer, según ella, era evidente, y lo reitera de forma tajante. No fue la única en apreciarlo así.
A la salida de Colinas, en dirección Benavente, había dos gasolineras. Cerraban por la noche y abrían a las siete de la mañana. En una de ellas trabajaban un vecino del pueblo y una mujer que limpiaba, ya fallecida. Según la hija del matrimonio del carro, estos dos trabajadores fueron los primeros en llegar al lugar del accidente. El hombre, al que llamaremos M, vive todavía, pero ha rehusado hacer declaraciones. Según la hija, M se encontró el accidente al salir de casa para ir a trabajar, lo que sitúa el siniestro entre las 06.30 y las 06.50, la hora en la que él caminaba hacia la gasolinera. Este testimonio, coherente con la luz del amanecer, refuerza la versión de que el choque ocurrió de día, no de noche. Que fuera de día o de noche tiene importancia porque la responsabilidad del accidente, que fue compartida, podría haber variado.

Reportaje publicado en La Opinión-El Correo de Zamora en 2001, con motivo del 25 aniversario del accidente. / LOZ
La velocidad es el segundo elemento que depende de la hora. Cecilia viajaba con su grupo en un Seat 124 de 60 CV, conducido por José Luis González González, conocido como 'Joe'. En el asiento delantero derecho iba el batería Carlos de la Iglesia; detrás del conductor el bajista argentino Carlos Viciello Prisi y junto a él Cecilia, dormida y al parecer apoyada la cabeza sobre la palma de la mano. En esta postura casi fetal, la sacarían del vehículo tras el accidente y la depositarían en la acera, según explicaron algunos vecinos.
El coche, ligero pero capaz de mantener una velocidad de crucero alta, podía sostener velocidades de 120–130 km/h incluso con cuatro ocupantes. Con esa velocidad, el trayecto desde Vigo hasta Colinas podía cubrirse en unas tres horas. Si el accidente ocurrió a las 05.30, el viaje habría sido sorprendentemente rápido, aunque aparentemente viable. Si ocurrió a las 06.30, el trayecto habría durado alrededor de cuatro horas, un tiempo más acorde con la velocidad legal de 100 km/h vigente en 1976 y con las condiciones especiales de una carretera nacional como la N‑525, con numerosas travesías y puertos.

El accidente se produjo en el kilómetro 13. El coche impactó contra la viga del carro en ese punto. / J. A. G.
La España de aquella época también influye en la reconstrucción. En 1976, un año después de la muerte de Franco, el Gobierno de Arias Navarro promulgó una orden para reducir la velocidad máxima a 100 km/h en todas las carreteras como medida de ahorro energético por la crisis del petróleo. La limitación afectaba directamente a la N-525, donde ocurrió el accidente. Si el grupo respetó la velocidad legal, el viaje habría durado más, encajando con la versión de los testigos. Si circularon más rápido, el viaje podría haber sido más corto aunque muy llamativo, incluso parando en Puebla de Sanabria, tal y como recogen algunas crónicas periodísticas. En este caso tendría encaje la hora oficial que figura en las actas de defunción.
La normativa también es relevante. En 1976 estaba en vigor el Reglamento General de Circulación de 1962, que obligaba a los carros de tracción animal a llevar una luz blanca o amarilla delante y una luz roja detrás cuando circularan entre la puesta y la salida del sol. Es decir: si el accidente ocurrió a las 5.30, el carro de Argimiro Majado circulaba sin luz en horario nocturno, lo que constituía una infracción. Si ocurrió a las 06.30, ya había luz natural y la obligación dejaba de ser exigible. Este punto es decisivo en el reparto de culpas y en la interpretación del accidente.

Evangelina Sobrado Galanes, "Cecilia", falleció en el acto en el accidente. Tenía 27 años. / LOZ
La documentación tampoco ayuda a cerrar el caso. Las diligencias judiciales del accidente, numeradas como 186/1976, están en paradero desconocido. Según las indagaciones realizadas por este periódico, no figuran en el Archivo Histórico Provincial, no están en los juzgados de Benavente y no aparecen en ninguna transferencia archivística conocida, aunque esto no quiere decir que hayan desaparecido. Sin embargo, en el Archivo Provincial sí están los expedientes de otros accidentes ocurridos esos días, entre ellos el de una familia portuguesa que murió calcinada frente al molino de Sitrama el día anterior en una colisión. La presencia de esos expedientes y la ausencia del de Cecilia resulta también un elemento significativo.
En Colinas de Trasmonte se asentó con la fuerza de una opinión oral colectiva que el padre de Cecilia quería pasar página pronto "porque no le gustaba la vida que llevaba su hija". José Ramón Sobredo, militar y diplomático de carrera del Ministerio de Asuntos Exteriores que sería embajador en China, habría preferido, siempre según las opiniones recabadas entre los mayores de lugar, la discrección para evitar la exposición mediática de la tragedia. Fuera o no así, la documentación conocida, mínima, no ayudó en todos estos años a variar la especie colectiva que la tradición verbal había generado.

Sepultura de Argimiro Majado y Regina Álvarez, el matrimonio que iba en el carro tirado por bueyes, en Colinas de Trasmonte. / J. A. G.
La familia del carro sufrió consecuencias que nunca trascendieron en los medios nacionales. Argimiro Majado padeció una fractura doble en las piernas y quedó con secuelas físicas y psicológicas permanentes; Regina Álvarez tuvo la rótula machacada y caminaba pese a la lesión cuando su hija llegó a la carretera.
La familia sufrió un embargo de bienes durante meses, hasta que se cerró el acuerdo extrajudicial que evitó el juicio. Según la hija, el reparto de culpas se hizo así: "Dos partes para el conductor y una para mi padre". Más tarde Argimiro obtuvo una pensió de invalidez. "Nunca volvió a ser el mismo. Mi madre sí lo supero. Él no", explica María del Carmen.

Monumento a Cecilia colocado junto al edificio de usos múltiples de Colinas de Trasmonte auspiciado por unas vecinas de la localidad. / J. A. G.
Nunca hubo contacto entre las dos familias: "No hablamos con ellos. No hubo relación. Cada uno siguió su camino". Los abogados gestionaron el acuerdo sin que las familias se vieran cara a cara. Sobre su padre, la hija añade una frase que resume el impacto del accidente: "Nunca volvió a ser el mismo. Ya no salió de casa". Ambos padres están enterrados en el cementerio de Colinas.
Años después, cuando se instaló un monumento a Cecilia en el pueblo, la hija tuvo que revivir el dolor de aquel día. "Fue muy duro", recuerda. "Yo era una cría. Aquello marcó mi vida. Y cuando pusieron el monumento, volvió todo aquel dolor". Su testimonio es uno de los más completos y desgarradores que existen sobre el accidente.
"Los buenos filetes"
Los bueyes que tiraban del carro completan la escena rural de aquella luctuosa madrugada. Los vecinos octogenarios recuerdan que el pelo de los animales "brillaba de lo limpios que los tenía" Argimiro Majado. "Eran su orgullo", dice su hija. "Cada uno pesaba más de media tonelada. Buenos filetes hicieron algunos", declaró otro vecino con media sonrisa en el rictus.
Uno de los animales murió en el acto; el otro fue sacrificado por un veterinario allí mismo. La Guardia Civil ordenó a los vecinos que se los llevaran de allí. Los trasladaron cerca del río, al molino de Colinas, donde fueron desollados por algunos vecinos. La carne, el carro destrozado y la travesía sin iluminación forman parte de un escenario que nunca se recogió en las crónicas.

Paraje próximo al río Tera y al molino de Colinas en el que supuestamente y por orden de la Guardia Civil fueron llevados los bueyes que tiraban del carro. Algunos vecinos los desollaron y se los comieron. / J. A. G.
Los supervivientes del Seat 124 prácticamente desaparecieron de la vida pública tras el siniestro. Durante décadas no hubo entrevistas (es posible sin embargo una concedida por González a Antena 3, aunque no hay copias de acceso disponible), apariciones, declaraciones ni actividad profesional documentada. Hoy se sabe que el conductor, José Luis González 'Joe', continuó su carrera como teclista y músico de sesión y falleció en 2024 a los 81 años por una neumonía, según la necrológica de una asociación de músicos madrileños. Su perfil público fue muy bajo. Del bajista argentino Carlos Viciello Prisi no existe rastro verificable posterior: su vida pareció quedar envuelta en un silencio absoluto, pese a algunas referencias publicadas no verificables. La ausencia de testimonios directos contribuye a que la reconstrucción del accidente siga incompleta de alguna manera.
Cincuenta años después, la muerte de Cecilia parece envuelta en una penumbra documental. La hora del accidente divide las versiones, el expediente judicial está desaparecido, los supervivientes guardaron silencio y la familia del carro cargó con consecuencias que nunca trascendieron. La reconstrucción del caso sigue estando incompleta, pero el aniversario permite iluminar lo que quedó en sombra: la hora, la luz, el viaje, el silencio y las vidas que se quebraron aquella madrugada en Colinas de Trasmonte, comenzando por la de una cantante mítica cuya música sigue vigente medio siglo después.
Fuente: La Opinión de Zamora
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