Obituario
Adiós a Delfín Amaya, dios con gafas de la rumba catalana
El músico, que falleció a los 74 años, deja a sus espaldas un legado primigenio de fusión con las músicas latinas y exitazos melódicos como 'Vete'

Delfín (izquierda) y José. Los Amaya, en la tienda de caramelos, en 2013. / Carlos Montañés
Ramón Vendrell
El vídeo de la actuación de Los Amaya en el programa de TVE-1 'Ahora', en 1971, deja boquiabierto en la actualidad; cómo debió dejar a los telespectadores cuando se emitió. Jersey de cuello cisne negro y pantalones de campana negros, con larga cadena intuimos que de oro sobre el pecho, José (A Coruña, 1952) y Delfín Amaya (Oviedo, 1954) impresionan desde la pinta (es improbable que se inspiraran en la de Sean Bonniwell y su grupo The Music Machine, pero ahí está la rima). Respaldan sus voces y sus guitarras, mágicamente empastadas (cosas de hermanos), dos palmeros, un percusionista (congas), un batería, un bajista y un teclista. Interpretan 'Caramelos', guaracha firmada por Roberto Puentes y registrada por Celia Cruz con la Sonora Matancera, por ejemplo. Pero nada que ver: la adaptación de Los Amaya es más severa y amenazadora, un concentrado de ritmo caribeño y rumba urbana con vistas al rock. Ya Bambino, Peret, Dolores Vargas, Lola Flores, Chacho o El Noi habían tenido relaciones promiscuas con las músicas latinoamericanas, pero Los Amaya cimentaron una visión eléctrica de la rumba que en breve desembocaría en el rock gitano de Las Grecas o Los Chorbos, por no hablar de Veneno y Pata Negra.
Prolblema testicular
Delfín Amaya murió a los 74 años el lunes pasado. Le sobrevive José, cantante de tesitura vocal inusualmente aguda que él mismo atribuye a un "problema testicular" en el documental 'El ventilador'. Delfín, por su parte, hizo de las gafas de culo de botella que requería su miopía un símbolo de identidad. Bravo por él.
Hagamos números. Delfín tenía 17 años cuando grabó 'Los Amaya y su combo gitano', el primer elepé del dúo, donde figura 'Caramelos', ni mucho menos la única canción destacable del álbum, y José, 20. Hijos de gitanos dedicados a la venta ambulante, como tantos de su etnia, nacieron donde nacieron, pero encontraron su hogar en el barrio del Portal de Barcelona, zona lindante con la ronda de Sant Antoni y con la calle de la Cera como núcleo rumbero, en el actual Raval. Lo que significa que ya de pequeños tuvieron contacto con Peret, Chacho y otros gigantes de la zona. Eran, además, sobrinos de la bailaora Carmen Amaya.
Es una suerte para la humanidad que los servicios para los menores del franquismo funcionaran aún peor que la Direcció General de Prevenció i Atenció a la Infància i l'Adolescència (DGAIA) en la actualidad. José y Delfín se curtieron como músicos en El Paso, un bar de alterne de la calle de Escudellers. El propietario, policía, era aficionado a la música latina, de la que la gramola del tugurio estaba bien servida. "Éramos unos críos", recordaban Los Amaya. Llevar esa música de gramola concupiscente a un terreno moderno ya fue cosa suya.
Giro melódico
Los Amaya rompieron con su productor y su arreglista habituales, Ramon Farran y Alfed Domèch, respectivamente, para ponerse en manos de Tony Ronald. Y encontraron un camino al superéxito opuesto a sus inicios, basado en el factor melódico y en el aprovechamiento de la voz limpia de José. En 'Nosotros los gitanos' (1977) está 'Vete', cima inexpugnable de la rumba melódica. Ya no eran Los Amaya visionarios y peligrosos de sus inicios, pero eran irresistibles. A las guitarras, Max Sunyer. A los teclados., Kiftlus. Al bajo, Armando Jaén. A la batería, Gerónimo Martínez. A la percusión, Tito Duarte. O sea, la plana mayor del jazz rock catalán. A la que en 'Decirle a ella que vuelva' (1979) se añadirían Carles Benavent y Santi Arisa.
Los Amaya sufrieron como el que más el eclipse de la rumba catalana en los años 80. La rumba quinqui madrileña les había adelantado a 180 kilómetros por hora por la derecha y todo ese rollo suburbial no iba con ellos. Estaban fuera de juego ante un impulso que habían contribuido a alimentar.
Participaron Los Amaya en el fin de fiesta rumbero de los Juegos Olímpicos de Barcelona den 1992, junto a Peret, Los Manolos y una larga patulea. Significó ese espectáculo un renacimiento de la rumba catalana tras una década de eclipse, la de los años 80.
Reconocimiento
Los Amaya, sin embargo, no le sacaron mucho partido a ese renacimiento institucional de la rumba catalana. Hubo que esperar a que publicaran 'Vuelven Los Amaya' (2013), disco con colaboraciones de Bebe, Muchachito Bombo Infierno, Antonio Carmona, El Canijo de Jerez, Marlango, Macaco, Rosario, El Arrebato, Lichis, India Martínez y Haze, para que recibieran el tratamiento de realeza.
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Fuente: El Periódico
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