Qué difícil es oír hablar una sola palabra negativa sobre Pedro Robles, ni en el aspecto profesional ni en el personal. Aunque ya los años le vayan cayendo encima, la muñeca la mantiene intacta para que cualquier balón que le llega a las manos estando lejos del aro se convierta casi automáticamente en canasta. Y en el vestuario es el típico jugador que aúna voluntades, que siempre sabe lo que hay que hacer, si pegar un grito o hacer una broma. Máximo respeto al rival para poder tenérselo a uno mismo.

Robles hereda de este modo la capitanía de Juan Sanguino, un papel que parece hecho a medida para él. Frade ya ha dicho que se apoyará en él y en Roberto Morentin, los dos únicos treintañeros del grupo, como ya hizo en circunstancias similares con Sebas Arrocha en La Palma.