A Andrés Francisco Sánchez Martínez, ‘Driu’ (Badajoz, 6 de marzo de 1983) se le percibe natural. Muy natural. Extraordinariamente natural. «He pasado más miedo en el aire, en el parapente o en el paramontor. Ahí estás tú solo. En la guerra hay más gente», dice cuestionado sobre cómo establecer comparativas vivenciales entre sus dos facetas más cercanas: la de deportista y la de militar. En el año 2012 estuvo en Afganistán, teóricamente en misión humanitaria, «pero eso es otra cosa; eso es la guerra», aclara el protagonista.

Driu, mejor deportista extremeño de 2018, tiene el apelativo desde que empezó a volar, en el 2002. «Cuando nos comunicábamos por radio había varios que le llamaban Andrés y hubo confusión. Primero le llamábamos ‘Andriu’, quedándose definitivamente con Driu», cuenta su padre, Andrés Sánchez Maján, presidente de la Federación Aeronáutica Extremeña, que aglutina todas las disciplinas aéreas.

El laureado deportista pacense acaba de anunciar su adiós a la alta competición, en la que lo ha sido todo en los niveles nacional e internacional, con primeros puestos y récords mundiales, presentando una de las mejores hojas de servicio en Extremadura. «Vendí el parapente. Me volví sin él de Argentina», comenta sobre su última cita de hace unas pocas semanas.

Este adiós se puede revertir, «pero en un par de años y a lo mejor en el Mundial de Corea, pero ya de otra manera; ahora me voy a dedicar a organizar eventos y a mi escuela», agrega. «Un ciclista no puede volver; yo sí, pero ya veremos·», dice distendidamente. También será seleccionador nacional y director técnico. Su currícula lo dice todo, con una participación en ocho copas del mundo, un récord de España de distancia libre y otro del mundo, además de numerosos triunfos y podios.

«Me voy por falta de motivación. Durante este último año no he recibido ayuda alguna; ni un euro», se lamenta alguien al que los deportes aéreos le han costado dinero, aunque también haya vivido de ellos en la escuela Aerofly, en la que han aprendido pilotos «de toda España» por la preparación y disposición de Andrés Sánchez durante este tiempo.

La historia de Driu es la de alguien de mil inquietudes, al tiempo que particularidades. «Cuando se le llevaba a la feria y se montaba en los cacharritos y tiovivos siempre elegía los coches de bomberos o los tanques, nunca los aparatos de forma de avión que subían y bajaban como hubiera querido su padre por eso de seguir su vocación aeronáutica», relata el progenitor, quien recuerda también que, con 14 años, su hijo se lanzó desde una noria «con pánico». La pregunta es si tendría vértigo. Evidentemente, el tiempo ha demostrado que no es así.

Ha vivido experiencias únicas, algunas nada placenteras. En un intercambio de su instituto, el Rodríguez Moñino, con EEUU, le tocó vivir los atentados de Nueva York. Ese día iban de camino a visitar las Torres Gemelas. Se quedaron a varias manzanas. No ha sido el único susto: en Colombia o Brasil también le han ocurrido vivencias especiales, no todas en clave de aventura para contar a los amigos. Accidentes deportivos en los que ha sufrido especialmente ha tenido uno, en La Parra, «que fue como si me hubiera caído de un tercer piso». Tardó en recuperarse, pero lo hizo.

El carácter polifacético de Driu le llevó a preparar una oposición para policía local. La tardanza en convocarse hizo que al final solicitara la del Ejército del Aire, donde acumula ya 16 años como cabo en la base aérea de Talavera la Real. Se fue de voluntario a Afganistán (2012, «el único año en el que no he competido») y donde vivió una experiencia especial, en la que además colaboró con los medios con fotografías y videos y se ofreció como instructor de aeronáutica y parapente.

En un paramotor, un espacio en el que se siente muy cómodo.

Como deportista ha practicado, entre otros, el baloncesto o el motocross. «Un día tuvo un grave accidente al chocar contra un cable de acero, abriéndose la nariz como una sandía», cuenta Andrés Sánchez padre («luego dicen que el parapente es peligroso», dice) , pero nunca en una montaña rusa o similar «porque no le gusta o le da miedo», agrega.

En el parapente , siempre de la mano de su padre, fue cogiendo confianza hasta ser incluso técnico nivel 1, «lo máximo que hay en España». Para ello viajó durante meses todos los fines de semana a Granada, donde también hizo el curso de piloto de biplaza. Además de ello, de manera altruista puso en marcha una página web para el club La Parra, que dejó, y un canal de youtube en el Aerofly, que cuenta con 51 socios.

Nadie puede negar la espectacularidad de los deportes aéreos en cuanto a imágenes.

PILOTO DE BIPLAZA / En el parapente , siempre de la mano de su padre, fue cogiendo confianza hasta ser incluso técnico nivel 1, «lo máximo que hay en España». Para ello viajó durante meses todos los fines de semana a Granada, donde también hizo el curso de piloto de biplaza. Además de ello, de manera altruista puso en marcha una página web para el club La Parra, que dejó, y un canal de youtube en el Aerofly, que cuenta con 51 socios.

Dentro de las especificades de su forma de competir, hay una que le distingue: no lleva una vela considerada puntera, como los números uno nacionales y mundiales. «Estoy seguro que él estaría en lo más alto, pero si no lo ha hecho por algo será», dice el presidente federativo. Y es que la explicación es fácil: si se pliegan no se abren y tienes que tirar el paracaídas de emergencia.

La soledad del deportista aéreo es una de las referencias inexcusables, sea cual sea la modalidad. «A mí me han recogido en Brasil y llevado en una moto a la civilización. Yo no sabía dónde estaba. Ahora parece que estamos más controlados gracias a la tecnología», comenta Driu, que arrastra vivencias de todo tipo.

Las llamadas recogidas son más llevaderas y fáciles. Ahora se localiza por un programa de seguimiento en internet, de tal forma que a los pilotos se les ve volando en tres dimensiones y con mapa. «Al principio solamente era el teléfono o la radio y a veces en Portugal no había cobertura y el estar sin moverse durante tiempo te puede hacer pasar una mala pasada».

Con Ana Duato, con la que grabó un programa de televisión.

Una vez su propio padre le recogió en su vehículo «con una tiritona enorme en agosto». Debió coger una hipotermia al volar a alturas rayanas en los 3.000 metros. Una barbaridad, algo especial desde luego. El pasado año logró el récord del mundo de distancia en paratriker biplaza. Hizo la friolera de 407 kilómetros, lo que va de Zafra a Cuenca. «El paramotor dabfa muchos bandazos y el pilotaje era muy peligroso», cuentan de aquella experiencia, una más dentro de lo conseguido en media vida arriba.

Andrés Sánchez, ‘Driu’, como piloto de un biplaza.

Driu, relajado y feliz, afronta nuevos retos personales y profesionales con esa pasión que le distingue. En la recámara no hay alguien de su perfil, pero peleará por dar luz a ese futuro.