«Este año he cumplido 10 temporadas». Cuantifica en el tiempo Álvaro Pacheco Monroy (6 de agosto de 1994) la cierta longevidad de su trayectoria profesional, iniciada con éxito en el equipo de su ciudad, el Extremadura Cáceres 2016, en Segunda División, siendo un adolescente. Una década después ahí sigue, ganándose la vida con el fútbol sala, un deporte en el que es difícil la supervivencia del día a a día. Su última experiencia ha sido en el Canosa, equipo del sur italiano, que se ha saldado con un ascenso a la segunda categoría y una experiencia competitiva y extradeportiva «muy buena», según apunta el protagonista.

«Lo peor ha sido lo del confinamiento, que en Italia ha sido peor que en España, y que haya estado sin ver a mi familia siete meses. Eso sí ha sido duro, pero en lo deportivo ha sido una de mis mejores temporadas, jugando entre 38 y 40 minutos por partidos y marcando más goles que nunca», explica el deportista cacereño.

En Canosa, «un pueblo de 30.000 habitantes al que me he tenido que acostumbrar, ya que venía de ciudades grandes como Las Palmas o Tenerife, aunque el año pasado estuviera en El Ejido», ha desarrollado su mejor juego, que no es poco. 

Y es que en la hoja de servicios de Pacheco figura el logro individual de primer nivel de que fuera en su día convocado por las selecciones nacionales inferiores en plena adolescencia, lo que incluso le llevó a firmar por uno de los mejores clubs del país, el Pozo Murcia. 

Es su segundo ascenso consecutivo, tras lograrlo con el Ejido el pasado año de Segunda División B a Segunda. Y en el horizonte espera que no sea el último en su carrera como futbolista.

En Italia ha vivido con su pareja, Jennifer, azuaguense a la que conoció en Cáceres, y que también le acompañó en su particular temporada en El Ejido. «Ella no ha podido trabajar allí, estaba todo cerrado», se lamenta. Aun así, para los dos ha sido una vivencia positiva en lo personal. Entre otras cosas, han aprendido italiano al menos para defenderse. «Al principio fue difícil, pero ha estado muy bien después», cuenta le protagonista ya en su domicilio cacereño tras, eso sí, un año de desgaste bastante pronunciado.

Con su novia, Jennifer, en Italia. Cedida

Pensando en Primera

Su asignatura pendiente es su verdadero sueño: jugar en la Primera española, donde solamente militará un extremeño: el pivote almendralejense Juanqui (Zaragoza), al que conoce precisamente de su época en Cáceres, y que incluso ha sido internacional, es el único, tras el descenso del Burela del jugador de Cabeza del Buey Miguel Muñoz. Muy pocos representantes regiones en una liga en la que siempre ha habido una buena cantidad de futbolistas desde que Javi Sánchez abriera el camino.

En el extranjero están también el hervasense Alejandro Vega, en concreto en Italia, el jerezano Rubén Ordóñez en Francia y el meta Ignacio Casillas en Polonia, donde este año cambiará de equipo para firmar por el Legia.

En las próximas semanas decidirá cuál será su nuevo destino. Ofertas no le faltan, y actitud mucho menos. El fútbol sala como estilo de vida.