Suena tímido al otro lado del teléfono Diego Mirón Tornavacas (Brozas, 1 de febrero del 2000), pero pronostican de él que su descaro y personalidad como portero le llevarán muy lejos en el mundo del fútbol. El meta del Coria dice estar feliz con su titularidad en el histórico debut del club en la Segunda RFEF, que le hizo protagonista el pasado sábado en la victoria en La Isla ante el Antequera (2-0). Que nadie se confunda, piensa, porque aún le queda mucho para hacer realidad su sueño de triunfar en este particular mundillo (“es difícil llegar y muy fácil caer”, proclama) y apela al trabajo como planteamiento infalible del día a día.

“Tengo mucho que aprender de él todavía”. Lo dice de su compañero Alex Hernández, fijo durante los dos últimos años en la portería celeste, con el que mantiene una relación excelente. “Me estuvo animando. Nos llevamos muy bien”, cuenta sobre los momentos anteriores al choque.

“Espero seguir jugando”, comenta el brocense, quien tiene en sus paisanos Fernando Pino y Carlos García sus principales ‘aliados’ en un vestuario que, asegura, es extraordinario y que ha sido clave, enfatiza, en su continuidad en el club, además de la confianza del entrenador, Raimundo Rosa, ‘Rai’.

Diego Mirón era delantero en el colegio de su localidad natal, Los Membrillares. “Sobre los ocho años me di cuenta de que mi puesto era el de portero”, apunta distendidamente, acordándose también de su primer entrenador, Tito Miranda. En el Brocense estuvo hasta los 15 años, cuando Raúl Bonilla le llamó para el Arroyo. “El año anterior, en cadete, jugábamos contra Diocesano, Cacereño…. y la verdad es que me llegaban mucho y tenía mucho trabajo”. También lo tuvo en el Arroyo.

Puede que hubiera un antes y un después tras su siguiente destino, el Villanovense. “Me fichó Francis Bordallo, el ahora director deportivo del Cacereño, y era el tercer portero en el equipo de Segunda B, aunque siempre jugaba en La Cruz” . Bordallo le conocía de la selección extremeña, en la que se había integrado también el brocense.

Desde hace tres años, tras ser reclutado por Jesús Manibardo, el director deportivo del Coria, defiende los colores de este club, donde están encantados con su actitud. En el primer partido no tuvo excesivo trabajo. “Un tiro en el primer tiempo y otra oportunidad al final”, cuenta. “Hay que pensar en salvarnos. La Isla tiene que ser un fortín”, proclama, pensando que en el próximo partido, en San Roque, pueda seguir manteniendo la portería a cero.

Seguidor del Real Madrid, su portero referencia es, sin embargo, David de Gea (Manchester United). Él, en cualquier caso, quiere centrarse en seguir progresando. “Claro, mi sueño es jugar en Primera”, asume. Y si puede ser, en el club blanco. Pero tiene los pies en el suelo, aclara. De hecho, próximamente se trasladará a Cáceres para prepararse en una academia su otro objetivo: entrar como profesional del Ejército, como su amigo Carlos García.

Diego Mirón, el portero del presente que mira al futuro, el futuro del Coria. La realidad del futuro del fútbol extremeño, el emergente guardián de La Isla.