Entrena cinco horas al día para sumar entre 26 y 35 kilómetros, según se establezca en su preparación, y se le puede encontrar en cualquier parte de Cáceres y sus alrededores disfrutando de su deporte. Corre y corre Houssame Benabbou sin descanso, encarando un reto claro en el horizonte competitivo de su trayectoria, cocinada a fuego lento y a zancadas poderosas, ligeras y rápidas. «Estaré al más alto nivel hasta los 40 años», pronostica sin titubear. No pudo estar en el maratón de los Juegos de Tokio pese a tener la mínima, pero avisa: «sí en París y Los Ángeles mínimo, y ya veremos si Brisbane».

Houssame se siente ya tan cacereño como el barrio en el que vive, Llopis Ivorra (popularmente ‘El Carneril’), en una vivienda alquilada en esta zona humilde de su ciudad. «Yo soy extremeño. He rechazado muchas ofertas para irme fuera porque yo soy de aquí, que quede claro», insiste quien en su día peleó tan extraordinariamente para lograr que se le reconociera como tal tras salvar no pocas trabas burocráticas que se le interpusieron en el empedrado camino.  

Consolidado en la élite del atletismo nacional, haber conseguido dos títulos nacionales de medio maratón no le ha hecho subir un escalón económico. Más bien ha tenido que seguir demostrando que es un excelente deportista en cada momento de su trayectoria. «Sin el apoyo de la Fundación Jóvenes y Deporte me iría seguro porque me ofrecen trabajo en La Nucía, en mi club, y me ha llamado hasta el alcalde», comenta. 

El desafío se llama Cantabria, en concreto Oruña de Piélagos. Allí intentará conseguir el próximo sábado su tercer título de campeón de España de media maratón. «Lo voy a intentar, aunque la competencia y el nivel son muy grandes», proclama. Pero él se encuentra fuerte. «He trabajado mucho este verano y estoy muy bien de forma», puede que el mejor de su ya dilatada y particular carrera. El pasado fin de semana ganó en el Fondo Popular de Don Benito, espera hacerlo en el nacional y después en la media de ‘su’ Cáceres.

Supervivencia

¿Vive bien? «Digamos que sobrevivo. Esto no es el fútbol. Tengo lo de la fundación y lo de mi club…». No le da, a la vista está, para alharacas, pero sí para el día a día de esa permanente lucha de un fondista que expresa su enfado por la falta de apoyo, aunque fuera moral, de la federación extremeña. «Los nuevos no han hecho nada, ni siquiera una llamada para ver cómo estamos. Me he sentido desplazado. Ni una llamada del presidente ni del secretario para ver cómo estaba. Y eso que somos cuatro gatos. Los anteriores al menos preguntaban y se interesaban algo, con sus cosas mal hechas, pero al menos se preocupaban», denuncia con esa nitidez al hablar que le distingue.

Pero Houssame no quiere pararse demasiado en el pasado. “Logramos 10 la mínima, pero sabía que me iba a quedar fuera», dice tras negar no sentirse decepcionado tras no poder ir a Tokio este verano. «En España tenemos ahora mismo el mayor nivel de Europa en maratón y era complicado», explica. Sin embargo no duda que, a sus 28 años, está en la edad perfecta y con la mentalidad necesaria para dar el salto de calidad que necesita. «Me corresponde ya por edad y también porque me lo merezco de tanto estar ahí, trabajando día a día». 

Y tanto. Sus rutinas no fallan ni uno solo día. Ni siquiera quiere que le acompañe la música mientras corre. «Tengo que estar a lo mío, concentrado. Lo de la música, que me gusta mucho, es para casa», aduce. Houssame Benabbou, el atleta diferente.