Agustín Cordero Santos (Cáceres, 28 de mayo de 1959) jugaba en su niñez en las llamadas ‘Casas Pascual’, «lo que es ahora la zona de La Sierrilla». Como tantos otros, la en absoluto oculta pasión de este bombero ha sido siempre el balón. Se le nota cuando habla de tiempos pasados, no necesariamente mejores, pero para la mayoría tampoco peores. Simplemente diferentes. A su edad sigue disfrutando de lo de siempre. También, a los 78 años, Fernando Ceballos y Paco Rosado (éste con un marcapasos) aún corren y golpean el esférico, con sus baches físicos. Verdad verdadera. El escenario, la Ciudad Deportiva.

Como ellos, varias generaciones de cacereños tienen ese vínculo afectivo con el deporte aficionado en la más amplia acepción de la palabra. Y como Pepe Martín, como José María Sánchez, como tanta otra gente, acaban de celebrar una efemérides muy especial: la de los 40 años desde que tienen lugar las «fantásticas y divertidas pachanguinas» futboleras que llevan a cabo desde el CF Veteranos Ciudad Deportiva de Cáceres, un colectivo tan pasional como orgulloso de su supervivencia.

«Hay una mezcolanza. Vamos gente de 30 y tantos hasta los 78», proclama Pepe Martín, uno de los impulsores del singular colectivo y actual vicepresidente que lo aglutina. El presidente es Alberto Rey Cabezón, exárbitro cacereño. El restaurante Temis fue el escenario de la celebración de la efemérides de decenas de años que han visto desfilar «un montón de jugadores que, aunque no hayan llegado a ser nada relevante en el panorama regional o nacional (algunos sí, pero antes de disfrutar del fútbol, ya retirados), sí que han demostrado que hay una muy buena relación de amistad y sobre todo afición futbolística».

Varios de los clásicos, en la Ciudad Deportiva. Cedida

"Siempre ha reinado la deportividad y el asociacionismo entre sus protagonistas, que han sabido seguir con el paso de los años celebrando sus pachangas». Y con el patrocinio de empresas locales (Ram Asesores, Ferretería Diosán y Bazar Rafa y Nieves) han recibido trofeos históricos como Fernando Ceballos y Paco Rosado (sí, sí, los de los 78 años) y Antonio Rodríguez, ‘pichichi’ de los disputadísimos partidos.

Muchos nombres

La lista es interminable. Vicente ‘Pescadero’, Manolo ‘Pernales’, Miguel Ojalvo, Manolo ‘Facultades’, Teto, Javi Miralles, Pipe, Tate, Los Mangut Gabino, Valentín Acedo, Antonio Holguín ‘El sastre’, Manolo Jardín, Pacutina, Quique Domínguez, Hermanos ‘Patatera’, Pepe, Manolo y Raúl Martín, Taru, Castela, Agustín Polo, Juan Miravela, Bobi, Juanma ‘El Minero’, Domingo, Paco Delgado, Ángel y Toni Rodríguez, Manolo ‘El Maestro’, Juanjo, ‘Chachachá’, Pablo ‘Puchero’, Urbano Martín, Felipe Calambre, Pepe, Nardy, Juan Carlos ‘Murciélago’, Fermín, Emiliano, Elías, Jeremías, Yordi, Jorge, Aquilino, Asier, ‘Keegan’, Quini, Fernando Conejero, Hermanos Poncho, Fernando Jara… todos ellos han disfrutado. Todos ellos han polemizado, por qué no, pero en un ambiente siempre positivo, nunca negativo. 

«Este club tenía absoluta prioridad para jugar en la Ciudad Deportiva cada vez que había fiesta en Cáceres», dicen desde la asociación, cuyos miembros estuvieron «encantados» con la complicidad con Antonio Bohigas, un clásico al mando de la instalación en el inicio de todo. Empezaron disputando sus pachangas en 1981 en el antiguo campo de voleibol situado entre las piscinas, actualmente el pabellón cubierto, dado que el campo grande era para los veteranos del Cacereño. 

Antonio Bohigas, arriba el tercero por la derecha, un apoyo para el colectivo. Cedida

De allí se pasó al ‘campo de la hípica’, con mezcla de jóvenes y más ‘talluditos’. Después fue el antiguo campo de tierra (después de hierba) del propio complejo, donde entrenaban y jugaban Cacereño, Cacereño Atlético y Santa Ana, el equipo militar de la ciudad. En el pabellón estuvieron después, con mucho jugador ahí en un ‘overbooking’ delicioso. «No había límites en la salida de la pelota ni pitábamos falta, excepto las manos», cuentan los clásicos.

Lo último

En 2005 se puso en marcha el recinto cubierto, «con un tapete extraordinario, pero tenía el gran hándicap de que cuando llovía había goteras y nos pegábamos cada costalazo por resbalones... era muy peligroso correr». Las protestas a la dirección de la Ciudad Deportiva hicieron que no se arreglaran las goteras, pero sí que se colocara césped artificial, que ha acabado con ese problema, pero no con la dureza del terreno, que ha originado no pocas quejas y también lesiones. Pero esa es otra historia. Lo cierto es que llevan 15 años jugando ahí. «Los domingos y días de fiesta, siempre a primera hora de la mañana», recuerda Pepe Martín, pelean cada balón.

Una de las 'pachangas'. Cedida

 También otro colectivo, ya asociación, en el que hay futbolistas históricos y coincidentes, disputa sus encuentros martes y jueves con la misma pasión. Hay quienes, ya con avanzada edad, suman tres partidos por semana en un fenómeno de supervivencia deportiva digno de estudio.

 «Como nunca hemos tenido árbitro, para que el juego se pare lo menos posible, la única falta que ha existido es la mano, voluntaria o involuntariamente», dice Pepe Martín, quien recuerda que en sus partidos «solamente hasta hace poco nos hemos distinguido un poco más cuando nos hemos comprado petos».

Dice Martín que «nunca se nos pasó por la cabeza» el desafío de pachangas contra futbolistas de fuera de Cáceres. «Siempre hemos querido jugar localmente». Como las comidas o los churros de después. Puro fútbol, pura Ciudad Deportiva.