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El Periódico Extremadura

Baloncesto

30 años de un mito: el ascenso del Cáceres a la ACB

El ascenso del Cáceres CB a la Liga ACB, del que hoy se cumplen tres décadas, se ha instalado en la memoria colectiva como un momento legendario y difícilmente repetible

La plaza Mayor de Cáceres, la noche del 10 de mayo de 1992. S. CALDERA

Han pasado 30 años y la historia se ha ido transmitiendo de generación en generación, casi como en las tradiciones orales de la Edad Media. Con el tiempo, Jiri Okac ha terminando midiendo 2,30 de estatura y la canasta de Jordi Freixanet para ascender se produjo desde el medio del campo ante el Joventut de Badalona, pero es lo que sucede con los grandes hitos, los que perviven, a veces de aquella manera, en la memoria colectiva. Hoy se cumplen 30 años desde que el Cáceres Club Baloncesto ascendió a la Liga ACB en lo que ha sido el mayor éxito en la historia del deporte de la ciudad y también de los mayores en Extremadura. Como dicen esos mismos chavales que escuchan a sus abuelos y/o padres hablarles sobre Juan Méndez, Martín Fariñas o el padre de Alex Abrines --aquí siempre será Gaby--, no hay pruebas pero tampoco dudas de todo ello.

SORPRESA Y ÉPICA

Aquel inesperado exitazo lo tuvo todo, empezando por la sorpresa. Nadie, absolutamente nadie, esperaba subir con un equipo que siempre había estado en categorías menores y que, frustrado por la temporada anterior, había terminado comprando la plaza del Bosco de Vigo en Primera B, lo que hoy sería la LEB Oro. La plantilla se configuró deprisa y corriendo, incluyendo jugadores anónimos. Otros sí tenían algo más de pedigrí. Y después estaba el checo Jiri Okac, recibido como un osado experimento, pero seguramente el elemento diferencial para que sucediese lo que sucedió.

La temporada tuvo una alta temperatura desde el principio, con el público cacereño acercándose en masa a un recinto que se convirtió muy rápido en insuficiente como el de la Ciudad Deportiva. Insospechadamente, las victorias en la primera y segunda fase llevaron a una primera final por el ascenso ante el poderoso Festina Andorra, que acabó imponiéndose en un dramático quinto partido del ‘playoff’.

Martín Fariñas festeja el ascenso. S. CALDERA

El sistema de competición favoreció la revancha. El equipo supo recomponerse, superar con rapidez una eliminatoria ante el histórico CBCanarias --sin ir más lejos, campeón el pasado domingo de la Basketball Champions League-- y encarar un nuevo duelo decisivo, esta vez ya a vida o muerte frente al Prohaci Mallorca.

La épica encontró su perfección el 10 de mayo de 1992, en el cuarto partido del ‘playoff’. Tras perder el primero, el Cáceres había ganado el segundo a domicilio y el tercero en casa, lo que le dejaba subir en su mano y arropado por su estelar sexto jugador, que llenó con mayor paroxismo que nunca el pabellón aquella calurosa tarde. Fue un fin de semana señalado para quedar grabado en la ciudad, que acogía también su primer Festival Womad.

A falta de 39 segundos el partido estaba prácticamente perdido y el ‘playoff’ caminaba abocado a un quinto que se hubiese disputado en Mallorca dos días después, con lo que ello suponía. El Cáceres perdía por 75-79 y el Prohaci estaba en la línea de tiros libres, pero José Luis Bernal falló el primero y no tuvo opción al segundo, el ya abolido sistema de ‘1+1’. El rebote acabó en manos de Jordi Freixanet, que empezó vestirse de héroe enganchando un triple frontal (75-78). La falta posterior de los locales tampoco fue aprovechada por Mario Aguado en otro ‘1+1’ y, faltando apenas dos segundos, Freixanet clavó desde 5 metros un tiro para la historia. No se llegó a sacar de fondo por la invasión de pista. Nadie iba a mover ya el 80-79.

El pabellón de la Ciudad Deportiva, abarrotado. S. CALDERA

El júbilo se desató en toda la ciudad hasta la mañana siguiente, con miles y miles de personas festejando lo improbable, mancillando amablemente la Fuente Luminosa, la estatua de Hernán Cortés y todo lo que se puso por delante. Cada vez que el Womad toma la plaza Mayor, como el pasado fin de semana, y las cabezas no permiten ver el suelo, resulta imposible no rememorarlo.

Después llegaron once años en la élite del baloncesto, en un difícil parto que también necesitó de mucha unidad en varios estratos y que contuvo sus alegrías y tristezas, pero son otras historias. Ninguna ha perdurado tanto como esta del 10-5-1992.

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