Caso especial. Joshua Mastromatto tiene 32 años, vive en Filadelfia, fue jugador de rugby y fútbol americano y ha comentado distendidamente que, cuando sea padre, quiere que su descendencia juegue al ‘soccer’ o fútbol y sea de un club en concreto, muy lejano a su país. «Le regalé la camiseta del Cacereño, se aficionó y desde entonces es lo que le gusta. Se quedó prendado, ‘pillado’, por el equipo», comenta orgulloso Javier Rubio Calle, su suegro, un clásico en cada encuentro en la tribuna del Príncipe Felipe, al que acude habitualmente junto a su amigo José Ignacio Poblador, que también ha contribuido a inocular el gusanillo del decano al joven estadounidense.

"Le hemos hecho simpatizante", informa Rubio, padre de Silvia, que se fue a EEUU en 2016 a trabajar y encontró allí el amor para quedarse, al menos de momento. Mastromatto tiene el número 2 de la figura del simpatizante, creada esta temporada y por la que se paga 45 euros. «Sigue cada partido y la actualidad por las redes sociales, le encanta», añade.

 Y es que el abonado del Cacereño quiere que, anécdota familiar al margen, el club siga creciendo. «Tenemos que conseguir que la campaña se anime y cuanta más gente, mejor. Carlos Ordóñez está haciendo mucho». Sea de donde sea, el Cacereño debe universalizarse, desea, y para eso está este ejemplo puntual tan original y llamativo. 

«La última vez que estuvo en Cáceres lo llevamos a ver un partido de liga y ganó el equipo, por supuesto, y a él le encantó ver el partido». Joshua, por supuesto, lucía la camiseta del CPC, la misma que aparece en la imagen ilustrativa de este reportaje.

Mientras tanto, el propio Cacereño dio este martes la cifra oficial de abonados en este inicio de semana: 1147, una cifra que aún se considera aún baja. Se espera que en las próximas horas, antes del partido ante el Badajoz (este miércoles, 20.30, Principe Felipe) se puedan sumar más fieles.