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Juegos Olímpicos. Atletismo

Álvaro Martín, el orgullo de todos

«Este chaval es el orgullo de su pueblo y de toda Extremadura», recuerdan los presentes en un homenaje donde niños y mayores reclamaron al doble campeón del mundo para inmortalizarse en una foto junto a él, algo que Álvaro Martín realizó con una eterna sonrisa en su cara

Llerena

«Este muchacho no tiene techo», decía Sergio Rodríguez, concejal de Deportes de Llerena. Él también fue deportista, más concretamente futbolista al que todos conocían como Sergio Cebada. «Este chaval es el orgullo de todos, el orgullo de su pueblo y de toda Extremadura», apuntaba Jesús Nieto, presidente del Capex, que vivió en directo, en París, lo dos éxitos de Álvaro Martín. «Vivir eso en primera fila ha sido una de las mejores experiencias», expresaba.

Ambos hablaban así antes de que el doble medallistas olímpico llegara al punto marcado para iniciar el homenaje. Después ya no era posible hacerlo porque las emociones se hicieron las dueñas del lugar. Todos querían estar cerca del campeón, todos querían su foto, todos querían sentir la cercanía de su paisano, que prometía que nadie se quedaría sin su foto. 

Banderas de España, de Extremadura y, claro, también de su pueblo, de Llerena, del que tan orgulloso se siente. El sentimiento es mutuo, porque el atleta recalcó en varias ocasiones lo que significa su pueblo para él, al que estaba deseando volver tras pisarlo por última vez las pasadas Navidades. A partir de ahora será un poco más ‘su’ pueblo, pues le hicieron entrega de las llaves del mismo.

Fue uno de los momentos más emotivos del homenaje, el más sonoro por los aplausos de unos llerenenses ansiosos de agasajar a quien ha llevado el nombre de Llerena a los confines del mundo y el primer español, junto a María Perez, en conseguir dos medallas en unos mismos Juego Olímpicos. «Que nadie olvide eso», dijo el alcalde.

«Qué bien habla, lo más bonito es lo que proyecta», decía una mujer con el homenaje ya concluido, cuando a Álvaro ya solo le faltaba sentir de cerca el calor de los suyos. Por suerte, la noche de Llerena era fresca. Ideal para «quemarla», como dijo el medallista y como hizo en París tras su doble éxito.

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