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Atletismo

Carlos Gazapo, 100 por 100 ultrafondista... y hostelero

El extremeño, reciente campeón de España y récord nacional de 100 kilómetros, cuenta su ‘doble vida’ como deportista y hostelero

El atleta valentino, camino de los 40 años, asegura que su mujer es el 50 por ciento de su espectacular éxito

Carlos Gazapo, entrando en vencedor el pasado sábado.

Carlos Gazapo, entrando en vencedor el pasado sábado. / Cedida por Carlos Gazapo

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José María Ortiz

José María Ortiz

Cáceres

«Tengo un cuádriceps que casi no puedo mover». No han pasado aún 48 horas desde que Carlos Gazapo Bravo (Valencia de Alcántara, 3 de junio de 1986) haya logrado el título y el récord de España de 100 kilómetros en Málaga y el atleta extremeño aún siente en su cuerpo los rigores del esfuerzo en una carrera de ultrafondo de una exigencia física y mental máximas. Descansa este hostelero y deportista porque su mujer, Cristina, se encarga este lunes de su negocio, una cafetería restaurante en la localidad natal de ambos y que los dos regentan con éxito. En ambos casos, el estajanovismo les compensa.

Carlos Gazapo, 'tirando' una cerveza en su cafetería.

Carlos Gazapo, 'tirando' una cerveza en su cafetería. / Cedida

Gazapo, un histórico del atletismo regional que siendo un adolescente apuntaba a una élite que finalmente se le escurrió de sus poderosas piernas, está tan cansado como feliz. Su vida es plena, pero plena de esfuerzo diario en el trabajo y en el atletismo. Y con este contexto está donde quiere estar. «Hice el verano pasado 6 horas 30 minutos y el récord era 6’23. Me presenté porque tuve una mala experiencia en diciembre en el Mundial, en el que me tuve que retirar. No tenía todas conmigo lo de llegar en forma, ya que el año pasado corrí tres carreras de 100 kilómetros. Es algo serio, ya que son tres preparaciones grandes y al final mentalmente, con el trabajo y todo, acabas bastante cansado».

La batalla

«Me comentaron de que iba a ser un circuito rápido y me presenté en Málaga con ganas de dar batalla, de mejorar mi marca e intentar luchar por el campeonato y pensar que lo del mundial había sido un mal día». Y lo hizo. ¿Se podía imaginar con 18-19 años, siendo ya importante en el atletismo, podría estar con cerca de 40 así? Su respuesta rehúye dudas. «Con 18 años te imaginas que vas a conseguir el oro y el moro y que te vas a comer el mundo, pero luego con 28-29 años dejé esto a un lado para trabajar y estar con la familia. Nunca pensé que iba a volver a competir a este nivel», recalca.

La explicación del valentino es nítida. «Estoy en esto ahora porque soy muy competitivo y necesito competiciones que me hagan sentir importante y ser capaz de pelear por victorias. Por eso me metí poco a poco en esto del ultrafondo. Primero empecé con el maratón, después los 50 kilómetros y ahora el 100 porque quería ir al Mundial». El Mundial era en La India. Yallí que fue.

Lesiones

¿Por qué no llegó a más en el atletismo cuando era joven? «Son cosas de la vida. Cuando estaba ahí tuve varias lesiones que me impidieron llegar a las cotas que se esperaban. En esa época, además, tuve a mi hija. Mi mujer trabajaba y yo no aportaba mucho a casa con las competiciones. Las lesiones no me dejaron avanzar y te das cuenta de que no puedes seguir así y tienes que aportar en casa».

En 2004, en el Cross de Alcobendas.

En 2004, en el Cross de Alcobendas. / Cedida

Después, cuenta Gazapo para conformar su particular y alucinante tesis vivencial , que «empecé a trabajar en la hostelería, que es muy jodida para este deporte, y me fui aparcando. Regresé a mi casa, al pueblo, y con mi hermano y compañeros de aquí te juntas y vas poco a poco volviendo y poniéndote objetivos. Así he vuelto al deporte», apunta. Aquí tenemos menos menos medios y visibilidad, pero no creo que no rompiera por ser de aquí», dice, cuestionado sobre si su evolución no fue la esperada por él mismo por ser de donde era.

Su absoluta tranquilidad y humildad al explicar su día a día le lleva a dejar entrever que, incluso, podría dar más. «Con el trabajo que tengo, la dedicación no es máxima para la distancia que corro. No he llegado a hacer el volumen necesario para competir realmente bien. Hago lo que puedo. Es verdad que entreno bien todos los días y tengo mi tiempo, pero no consigo el volumen necesario para participar en estas competiciones. Es verdad que me adapto porque siempre he sido un atleta diesel, que puedo correr grandes distancias a un ritmo bueno».

Hijos fieles

Tiene dos hijos, Pablo (8 años) y Lucía (13 años), testigos de su hazaña diaria y cómplices en los avituallamientos de cada carrera. La niña nació en Cáceres y el niño en Plasencia. «Están orgullosos de mí. Los dos hacen atletismo ya». Están en el club de Valencia de Alcántara. «El chico es futbolero, portero del equipo del pueblo, pero al final lo que ven en casa es casi lo que manda. Nosotros vamos a todos lados juntos, incluso mis padres y mis hermanos», dice orgulloso. También sus tres hermanos corren, cada uno a su escala.

Su mujer y sus hijos, preparando el avituallamiento.

Su mujer y sus hijos, preparando el avituallamiento. / Cedida

Su mujer, Cristina, también originaria valentina, trabajaba en el Burguer King de la Ronda Norte, en Cáceres, y después en Badajoz. Él mismo compartió multinacional con ella, después en Plasencia, y en 2018 lo dejaron para emprender juntos su aventura. Regentan la cafetería restaurante San Blas, en el polígono del mismo nombre en Valencia de Alcántara. «Tenemos menú del día de lunes a viernes, y viernes y sábado con carta. Hay mucho ‘racioneo’», describe.

En septiembre harán siete años como empresarios. “Lo abrimos porque, al estar en un polígono, no iba a ser tan pura y dura de ser por la noche. Tenemos un equipo bastante competente: somos mi mujer y yo y tres empleados más. Nos va bien, funciona», suelta antes de ensalzar a su compañera de vida. «Ella me quita muchas horas. Lo tiene todo: se sacrifica mucho. Es el 50 por 100. Cuando fui al Mundial se comió todas mis horas de entrenar. Me conoció así, es verdad que llevamos toda la vida juntos, desde los 15-16 años. Yo le digo que debe estar hasta las narices de mí, pero ella a mí no me dice nada», se contratula gráfica y distendidamente el protagonista.

Día a día

¿Hasta dónde quiere llegar? «El año pasado fue dura la retirada del Mundial y me gustaría volver a correrlo. Tengo intención de pelear por todo. Tampoco se puede mirar mucho más adelante. Son distancias muy duras y el cuerpo se resiente y el trabajo también manda. Hay que arrimar el hombro».

Su técnico es otro histórico del atletismo regional, Manolo Núñez. «Sigue yendo a carreras a competir. Es dinamizador deportivo de Sierra de San Pedro. Es el jefe de la cuadrilla», dice de él este hijo deportivo de primer nivel nacido al amparo de un ramillete de deportistas crecidos al amparo de Manuel Ordiales, el entrenador fetiche y cómplice de la zona.

Gazapo dice que no se cuida especialmente. «Intento comer bien», acota. En este sentido, cuenta con la ayuda de una no menos histórica de su deporte, la casarena Cristina Jordán, médica de profesión, además de orientar a los atletas en temas como la nutrición y el entrenamiento. «Desde el año pasado estamos trabajando juntos. No estoy a dieta, pero sí intento comer lo mejor posible».

Evidentemente, sale con los amiguetes del pueblo, pero lo hace puntualmente. «Hemos llevado una vida que no ha sido muy ‘discotequera’», agrega este veterano 100 por 100 auténtico, 100 por 100 atleta, 100 por 100 hostelero.

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