Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Fútbol. Primera Federación femenina

Delia Baz, pasión compartida entre el Cacereño Femenino y la enfermería

La guardameta ha protagonizado la mejor temporada de su carrera en el club, justamente en el tiempo en el que ha desarrollado sus primeros pasos profesionales en la enfermería

Su vida se bifurca entre estas dos pasiones-aficiones que tanta felicidad le generan, según cuenta

Delia Baz, en la sede de El Periódico Extremadura.

Delia Baz, en la sede de El Periódico Extremadura. / Juan José Ventura

José María Ortiz

José María Ortiz

Cáceres

Ha estado trabajando durante la madrugada Delia Baz Matamoros (11 de enero de 2002, Cáceres), pero la portera del Cacereño Femenino está en forma. Llega a la sede central de El Periódico Extremadura feliz de haber cumplido con su obligación profesional como enfermera, su pasión compartida con el fútbol. Esta joven extremeña, que ha cumplido su mejor temporada en el club, encarna el descaro vital y laboral de una deportista y una profesional sanitaria que quiere siempre alcanzar el primer nivel. Detrás de todo ello hay una historia de pelea y de ilusión.

«Empecé en Las Josefinas, con 7-8 ocho años, y ahí estuve hasta los 12. Jugaba en las extraescolares con mis amigos. Mi entrenador, Miguel Ángel, me llevó a la selección extremeña sub-12. Era ya portera, y no me cogieron. A partir de ahí mi madre dio el paso para federarme y jugar partidos, y estuve en el San Francisco, con mi amigo, Felipe. Mi entrenador era Raúl (Jover)», recuerda. El relato de Delia es el de una persona que le gusta lo que hace y que alimenta su pasión hablando de sus inicios.

Siempre portera

Desde entonces, todo fue rodado y unidireccional. «Se me daba bien y me dije que por qué no seguir ahí», dice sobre su condición de portera de siempre. "Me vio Yaye (del entonces Femenino Cáceres) y me dijo que me fuera con ella al club. Me subieron pronto, a los 14-15 años ya entrenaba con el primer equipo con jugadoras como Tati o Selene, que para mí eran ya supermayores», explica.

Recuerda nítidamente que debutó con 15 años ante el Extremadura, en Primera Nacional. Jugó por lesión de Tatiana, su referencia. Llevan ocho años juntas y bien avenidas. «Ella es un torbellino, yo soy mucho más tranquila. Yo pongo la paciencia ahí. Siempre se ha portado conmigo genial, ayudándome muchísimo, la primera que me ha apoyado en todo».

Delia protagoniza una parada en el Cacereño-Alhama.

Delia protagoniza una parada en el Cacereño-Alhama. / Jorge Valiente

Este año ha jugado más Delia, todo muy natural. «Entré cuando se lesionó Tati. Cuando volvió sabía que yo estaba mejor que ella y me apoyó a tope, diciéndome que si tenía que jugar yo que no pasaba nada, que iba a estar conmigo», agradece. 

¿El fútbol y el papel que desarrolla en su día a día? Ella lo tiene claro. «Antes lo veía como que era mi vida, pero ahora como un hobby. Es difícil vivir de ello. Siempre he estado estudiando a la par que jugando al fútbol. Sé que la enfermería es mi vida y lo que me va a dar de comer el día de mañana. Ahora hay que disfrutar del fútbol el mayor tiempo posible. Sé que tiene un tiempo y que lo tengo que disfrutar ahora, que después va a ser tarde».

Agradecida por las facilidades

Sobre cómo se pueden atender sus dos pasiones y no lesionar los intereses, cometa la portera-enfermera que «no sé cuándo será el final, intento aguantar, pero de momento lo llevo bien. Me están dando muchas facilidades para compaginar. Terminé la carrera el año pasado y los cuatro años los he hecho bien para todo». Incluso sus apuntes, compartidos con una amiga, los ha subido a una plataforma y están siendo utilizados por el alumnado de Enfermería de la Uex. «Pensamos que podrían servir para gente», afirma.

Empezó a trabajar el año pasado, al terminar, en Tocología, en una sustitución en verano, en el hospital San Pedro. Después hizo un examen para especializarse. Le salió bien y pudo elegir para firmar un contrato de residente, que incluye formación y práctica asistencial. «Saqué buen número, me dejó elegir y, después de pensar en distintas opciones, opté por Familia y decidí en Cáceres porque es un sitio más cercano. Termino en junio del 2027». Cuando salga ya será especialista en familia.

Delia, con su atuendo de profesional de la enferímería.

Delia, con su atuendo de profesional de la enferímería. / Cedida

Mientras, está en el Centro de Salud de Plaza de Argel, con Ramón de tutor, y hace las guardias en el PAC de Cáceres. También en Urgencias en San Pedro y el Universitario con Noelia Hidalgo. Habló con la Unidad Docente y ahí, "con Idoia y Nuria", le están ayudando especialmente.

“Es difícil compaginar todo, con el fútbol, la enfermería y también un poco de vida social y familiar. Intento cuadrarlo todo sin descuidar nada”, acota. Su familia, comenta con orgullo, “siempre está ahí. Este año han hecho viajes: Vitoria, Logroño, nunca me ha fallado”, agrega.

“El fútbol femenino va creciendo y el Cacereño Femenino también, a la par. Este año ha sido la guinda del pastel: hemos estado a punto de alcanzar la Liga F. Mi sueño es jugar en Primera División, como el de otras compañeras. No salió, pero seguiremos intetándolo. Aunque seamos humildes, ahí estamos siempre”, analiza sobre la temporada.

El entrenador

Sobre el técnico, Ernesto Sánchez, apunta : “Tiene ideas muy seguras, muy concisas, el defender es su fuerte. Siempre dice que el primer ataque es una buena defensa y las ideas son claves y a nosotros nos da las herramientas siempre y cuál creemos que es la mejor”.

El equipo se lleva bien. Hay otras jugadoras de otras culturas, pero están muy integradas. «Ellas tienen unas costumbres y al principio chocan, pero el Cacereño tiene una esencia, que es ser una familia. Intentamos mezclar las culturas muy bien en comidas y reuniones entre nosotras». Midori (renovada este sábado) es, según ella, «es más cacereña que japonesa». De Cáceres están ella y Carmen Acedo. «Tiene mucho fútbol dentro, se nota la magia que tiene, y le encanta. Es la típica forofa del fútbol, le encanta. Sale de un entrenamiento y se pone a ver fútbol. Piensa mucho como yo: su carrera va en paralelo al fútbol. Por lo general, los chicos no piensan en una carrera, porque piensan en vivir del fútbol, nosotras no. La necesidad hace la fuerza”.

“El fútbol femenino cada vez es más físico, incluso diría que la Primera Federación lo es más que la Liga F. Se ha notado los equipos de Copa. Nos exigen mucho gimnasio, más horas de entrenamiento si cabe. Hay que mantener el nivel. No te puedes quedar atrás”, dice Delia, que considera que ha sido un año “muy bueno. Se me ha dado la oportunidad. Se ha confiado en mí en todo momento. Cuando se lesionó Tati me dijeron que tenía que ser yo la que jugaría y asumir las riendas. Empezamos regular, pero después sabíamos que iban a llegar los resultados. He tenido buen rendimiento y asumido la responsabilidad”.

“Cada una tiene que asumir tus roles. Si eres titular, vale, y si no, tienes que trabajar para serlo para que te den la oportunidad. A mí Ernesto siempre me ha dicho que si hacía las cosas bien iba a tenerla. Siempre dice que no está casado ni con Tati ni conmigo y que la que más se lo gane tendrá la posición, como en el resto del equipo. Otras temporadas ella ha estado mejor que yo y lo asumo. A ella no le han regalado nada”, valora.

Camino por recorrer

Cuestionada sobre el deporte femenino y su momento, argumenta con un ejemplo cercano: “queda mucho. Comparándolo por ejemplo con el Cacereño masculino, ellos han subido y estamos los dos en la misma categoría, la Primera Federación, aunque ellos sean la tercera y nosotras la segunda. Tienen más repercusión. Llevan muchos más años que el fútbol femenino.Cada vez se nos da más, ya con poner partidos de la selección en TVE-1 es muy importante. El Mundial que ganó España fue también muy bueno porque ahí se vio que las chicas también existimos en el fútbol y que jugábamos”.

Para concluir, lo que se vive dentro, lo peor en algún caso, la falta de respeto a su pasión. “A unas compañeras le han dicho que por qué se dedican al fútbol. Esto es duro. Yo soy de una generación más joven y a mí no me ha pasado. Vas a los colegios y las camisetas del Madrid las llevan tanto chicos como chicas, antes no pasaba. Ahora hay muchas niñas pequeñas con camisetas de Aitana o Alexia”. Delia Baz, enfermera del fútbol o el fútbol como pasión vital.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents