Ciclismo
El Macizo Central sólo sirve para que se exhiba el rey del Giro
Victoria de Simon Yates, vencedor de la ronda italiana, el día en el que Tadej Pogacar permite que el irlandés Ben Healy se vista con el jersey amarillo. Este martes, jornada de descanso en Toulouse.

La etapa 10 del Tour de Francia, en imágenes. / Associated Press/LaPresse / LAP

No hay tiempo de levantar la cabeza y ver al imponente Puy de Dôme, un escenario de guerras del pasado, recuerdo a Jacques Anquetil y Raymond Poulidor, en el duelo de 1964, el del siglo pasado. El Macizo Central y los volcanes de Auvernia llegan en un día de cierto frescor en el Tour, por el tiempo más primaveral que veraniego y porque Tadej Pogacar deja que el jersey amarillo se lo ponga Ben Healy, el irlandés de moda, que lejos de ser un hombre tranquilo, asciende en la agonía de su pedaleo convencido de que obtendrá el premio en la rifa del primer puesto de la clasificación general.
La gran batalla se aparca hasta el jueves cuando Hautacam llame al orden. El Macizo Central se vive como una jornada de fuga donde la clase media vuelve a ser condenada por la dominante. Gana Simon Yates, el mejor en la escapada del día. Y no es un gregario, por más que asuma este papel en el Visma de Jonas Vingegaard. Es el vencedor del Giro, escalador de postín, ganador de la Vuelta de 2018, y tantos otros éxitos a lo largo y ancho de la geografía ciclista.

Healy celebra, mirando la pantalla gigante, el liderato en el Tour. / ASO
Se escapó para abrir camino a un presunto ataque de Vingegaard, pero cuando la fuga se fue de madre, entonces los felinos del pelotón, los que lo devoran todo, los caníbales del ciclismo, unas veces el UAE y otras el Visma, se llevaron el éxito, los títulos, salvo el regalo en amarillo que recibió Healy, ganador de la etapa que despidió a Normandía.
El Visma presume de que tiene un plan, una estrategia escondida, secreta para el resto de los protagonistas, un objetivo que debe impulsar a Vingegaard hacia una tercera victoria en el Tour. De momento, el proyecto del conjunto neerlandés suena a los fuegos artificiales que se lanzan en Francia para celebrar la Fiesta Nacional, el día en el que menos duerme el país y donde los bares abren hasta la madrugada.
En el Mont Dore, una cuesta feroz, sin descanso, una pared de tres kilómetros, le sirve al Visma para anotar la primera victoria de etapa, que no quieren que sea la última, en el nombre de Yates. Por detrás, en el grupo de Pogacar, Vingegaard cuenta con el apoyo de los yanquis del equipo, Matteo Jorgenson y Sepp Kuss, que son los que tratan de aniquilar sin éxito a Pogacar. Lo único que consiguen es sacar de rueda a los que ascienden menos frescos por el Macizo Central; entre otros, los españoles Carlos Rodríguez, ahora 12º de la general, y Enric Mas, que no se mueve de la 13ª plaza de la tabla.
La primera etapa de montaña se resuelve en fuga y se escapa del control de Pogacar, que deja extrañamente el casillero en blanco y que rodará por la etapa trampa alrededor de Toulouse, este miércoles tras el descanso del martes, con menos trabajo, menos control y con la ayuda del EF, la escuadra estadounidense que controlará el Tour para que Healy llegue de amarillo a la capital occitana.
Pero, de nuevo, se vuelve a apreciar lo de cada día, lo del año pasado, lo de siempre. El Visma busca guerra, pero el Tour sólo arde si demarra Pogacar. Entonces se destroza todo, ciclistas rezagados, que ascienden cabizbajos, que se mueven sabiendo que la resistencia sólo les permitirá perder menos tiempo con Pogacar quien, tampoco es una sorpresa, cuando ataca sólo le responde Vingegaard, pero sin la capacidad, por ahora, de ir al contragolpe; a rueda, que ya es mucho.
Los dos, en la ascensión final al Puy de Sancy, dentro de los términos de Mont Dore, vuelven a rodar juntos y si no llegan a meta en pareja es por que capturan a Lenny Martinez, hijo de Miguel, as del ‘mountain bike’ y nieto de Mariano, contemporáneo de Eddy Merckx, al que bautizaron con el nombre del ‘francés de Burgos’.
Lenny se siente una estrella rodando con los ases del Tour, el día que se viste con los lunares que identifican al monarca de la montaña. Con ellos llega a meta. Lo dejan pasar primero. Ni a Pogacar ni a Vingegaard les va lo de esprintar por la octava plaza del día. Ellos quieren ganar el Tour, siempre con la ventaja en el casillero esloveno. Otro día que pasa en la oficina del Tour que espera ya con pasión el sello de los Pirineos con tres etapas entre jueves y sábado. Ahora, a descansar en Toulouse.
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