FÚTBOL
El Boca Juniors y una crisis inédita que es también la del fútbol argentino
El equipo más popular de la Argentina lleva 11 partidos sin ganar, la peor racha de su historia, y Riquelme, su ídolo y presidente, pende de un hilo

Los jugadores de Boca Juniors, abatidos tras una derrota en el Mundial de Clubs. / Juan Ignacio Roncoroni / EFE

La Boca, la Boca, la Boca se inundó/y a todos los de Boca la mierda los tapó. El canto de los rivales, muy frecuente más de medio siglo atrás cuando aquel barrio cercano al Riachuelo quedaba expuesto a las fuertes lluvias y un rápido anegamiento, siempre tuvo un tono hiriente o de burla. De ahí viene el mote de bosteros al equipo más popular de Argentina.
No faltaron los memoriosos que lo recordaron bajo circunstancias que no son meteorológicas sino puramente deportivas. Boca Juniors atraviesa una crisis de proporciones bíblicas, que a la vez es la del fútbol argentino, como lo acaba de demostrar el reciente Mundial de Clubs, donde Boca y River Plate, su clásico oponente, se fueron del certamen apenas comenzado y con la cabeza gacha.

El entrenador del Boca Juniors, Miguel Ángel Russo (c), reacciona en un partido del Mundial de Clubes entre Auckland City y Boca Juniors en el estadio Geodis Park en Nashville (EE.UU.). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni / Juan Ignacio Roncoroni / EFE
Juan Román Riquelme es el principal ídolo boquense, por encima incluso de Diego Maradona. Decidió invertir el capital simbólico y asumir como presidente del club. Esa idolatría corre el peligro de convertirse en un billete falso. Boca está exánime. Hace dos años que no avanza en la Copa Libertadores de América. Hace 11 partidos que no gana. Los entrenadores asumen y fracasan.
Sucedió con Sebastián Battaglia, Hugo Ibarra, Jorge Almirón, Diego Martínez y Fernando Gago. Ahora es el turno de Miguel Ángel Russo, quien dirigió a Riquelme en su último momento de esplendor, en 2008, y cuya suerte parece echada. "Los títulos quedaron lejos y los fracasos, demasiado cerca", señaló el diario ´La Nación`.

Leandro Paredes de Boca Juniors reacciona este viernes, en un partido entre Boca Juniors y Unión de Santa Fe del Torneo Clausura de la Primera División de Argentina en el estadio La Bombonera en Buenos Aires (Argentina). / Matías Martín Campaya / EFE
Boca va de fiasco en fiasco. La racha negativa es a estas alturas la peor de todos los tiempos para el club. Ya superó la deshonra de 10 partidos sin ganar de 1957. Ni el retorno de Leandro Paredes, un referente de la selección campeona del mundo 2022, de 31 años, parece frenar el declive. La hinchada, que se jacta de ser la más fervorosa del planeta, empieza a hacer sentir su malestar en las gradas.
Un equipo viejo
Riquelme ha quedado demasiado expuesto a las críticas y no le faltan enemigos, entre ellos el expresidente argentino, Mauricio Macri, quien inició su carrera política en Boca Juniors a fines de los años 90 del siglo pasado, y sueña con volver a reinar en la institución. "Acá no hay política ni operetas: es el máximo ídolo y también el máximo responsable de un Boca que colecciona golpes", señaló Mariano Dayan, columnista del diario deportivo ´Olé`. "La realidad es que este equipo no le gana a nadie. Ni a los que le lo enfrentan ni a los que esperan, ni de visitante ni en la Bombonera ni en cancha neutral. Al hincha le cuesta sentarse a ver los partidos y sufre más allá del amor por los colores".
La veteranía es el signo del presente azul y oro. El uruguayo Edison Cavani tiene 38 años. El español Ander Herrera, actualmente lesionado, 35 años, lo mismo que el peruano Luis Advíncula y el exdefensor del combinado argentino, Marcos Rojo. No surgen nuevas figuras, y cuando despuntan los juveniles son exportados de inmediato, un problema que atraviesa en general al fútbol argentino como ha quedado recientemente de manifiesto con Franco Mastantuono, la "joya" que River Plate vendió a los 17 años al Real Madrid. El fútbol que se ve en las canchas argentinas tiene la marca de la decrepitud en general.
Futuro inquietante
Román, como se lo conoce, es el rostro inequívoco de este pozo sin fondo. Así como sacó lustre en los años dorados que lo llevaron a proseguir su carrera primero en el Barcelona y después en Villarreal, paga el precio de las circunstancias con la agravante que introdujo en el club a su hermano Cristian y el consejo de fútbol, integrado por excompañeros de glorias pasadas, acumula tantos desaciertos que también es arrastrado por el desencanto y la furia. "Es muy fuerte ver a un equipo suyo tan limitado, deshilachado y coleccionando golpes", añadió Dayan.

Los jugadores de Boca, al final de un partido del Mundial de Clubes entre Auckland City y Boca Juniors en el estadio Geodis Park en Nashville (EE.UU.) / Juan Ignacio Roncoroni / EFE
Riquelme tiene todavía dos años como presidente y los pronósticos no son los más halagadores. Hace 14 años, River Plate, el segundo equipo en popularidad de este país, descendió de categoría. Fue una verdadera tragedia para los hinchas. El presidente del club en ese momento era Daniel Passarella, capitán del seleccionado argentino campeón mundial en 1978 y una de las estrellas máximas de los "millonarios" en los años 70. ¿Riquelme podría correr la misma suerte que Passarella? ¿Boca, con sus 74 títulos oficiales, seis copas Libertadores, tres Intercontinentales, podría descender si todo empeora? La pregunta, de solo formularla, eriza la piel de los hinchas.
Pablo Migliore fue portero boquense. Cansado del derrotero del equipo le escribió una carta pública al presidente Riquelme. "Una de las tantas banderas ‘espontáneas’ del último tiempo dice: 'Boca es grande por su gente'. La mandaste a hacer vos, la pagamos todos, por favor léela hasta entenderla". Y remató: "aunque nunca lo vayas a entender, Boca es más grande que ti, que tu hermano y que todos los obsecuentes que te hacen creer lo contrario". Palabras que en otro momento habrían resultado completamente impensadas.
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