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LaLiga | Rayo1-1 Barcelona

Joan Garcia salva a un Barça sin juego ni defensa en el destartalado Vallecas

El portero azulgrana amontona milagros en el empate del equipo azulgrana en un estadio sin césped y en el que también falló el VAR

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Sin césped. Sin VAR durante un buen rato. Y, lo que es peor, sin juego. El Barça, en el destartalado Vallecas, tuvo que agradecer que Joan Garcia es el mismo que en el Espanyol reclamaba cada semana ser santificado para salvar cinco goles y un empate. Sin defensa, pero con portero. No es poco.

Martín Presa, el gerifalte del Rayo que tiene harta a su hinchada y que aún hoy se refiere a Lamine como «Yamil», le dio por defender que tenga el estadio de Vallecas hecho unos zorros –sus baños harían las delicias de Ewan McGregor, que fue quien se sumergió en pleno mono en el inodoro más putrefacto de Escocia en Trainspotting–. Ypuso Presa el ejemplo de cómo Maradona hacía lo que le venía en gana sobre aquel césped de los 80 en los que el barro se comía la hierba. Pero, claro, aquel era un tiempo en que todo valía: se podía jugar con bengalas ardiendo en el suelo o era norma que el fútbol se convirtiera en un ejercicio de cacería contra el jugador diferencial.

Los aficionados del Rayo, que saben mejor que nadie en qué consiste eso de defenderse ante el poderoso y a los que un lugarteniente de Presa calificó de sucios antes de empezar, convocó una huelga de animación.

Los futbolistas, mientras, se dispusieron a ir salvando los agujeros del terreno de juego mientras miraban de reojo al árbitro, que ya sabía que no podría ver una sola imagen al no llegar las imágenes desde la sala VOR al monitor de campo. Hansi Flick e Iñigo Pérez, resignados ante las explicaciones del árbitro principal, Mateo Busquets Ferrer, advertían a sus jugadores de que las reglan cambiaban. Ya podrían hilar fino con las acciones fronterizas.

Lo fue la acción que desembocó en el gol inaugural del partido, aunque las imágenes –que no pudo ver el árbitro de campo– mostraron el claro contacto de Chavarría sobre la rodilla de Lamine Yamal. Mientras los futbolistas del Rayo y su entrenador juraban en arameo ante un colegiado que no vaciló, Lamine, frustrado el resto de la noche, tomó la responsabilidad del penalti y lo celebró a su manera, poniéndose una chistera. O una corona. Qué más da.

Sólo faltaba Marcelo Bielsa por decir la suya sobre el asunto.El personaje que ha devorado al argentino sale cada vez más veces de su vientre para pronunciarse. Pero si esas peroratas sin fin se viralizan y ayudan a desdramatizar, bienvenidas sean. «Ustedes dicen que Lamine Yamal fue a esas playas baleares, con esta artista, con esta otra. Eso no tiene ninguna importancia. Él entrena seis horas diarias (...). ¿Pero qué vamos a poner en el escenario? ¿Esta particularidad cuya difusión es atractiva a la rigurosidad metódica que no le atrae a nadie?». Dicho a la manera de Bielsa, pues cuela.

Errores en la retaguardia

Entre tanto, Barça y Rayo trataban de sobreponerse a tan desagradable noche. Flick, consiente de la visceralidad ofensiva de los vallecanos, había reformulado la defensa dejando en el banco a la pareja de centrales que venía siendo titular –Araujo Cubarsí, irregulares este inicio de curso– por la formada por Eric García –que dejó el lateral diestro a Koundé–, y Christensen. Aquello salió regular tirando a mal. Entre todos no pudieran evitar el contragolpe tramado por Isi y Álvaro García en que Ratiu remató a bocajarro. Joan Garcia se apuntó su primer milagro como portero del Barça. Ya en el amanecer del segundo acto, el meta azulgrana incluso mejoró su parada anterior sacando una mano de hierro a Isi. El árbitro, eso sí, había señalado fuera de juego.

Olmo, titular en la mediapunta con el indeciso Fermín en el banquillo hasta la última media hora –tendrá que decidir qué hacer con su vida, con el Chelsea a la expectativa–, tuvo mala pata en la suerte del disparo. Raphinha, en la toma de decisiones. Suerte de Pedri, que arrebató un gol a Pedro Díaz. Después, un error de Eric Garcia llevó a De Frutos a marcar, aunque en fuera de juego. Sí lo hizo Fran Pérez, que justo después de salir del banco se quedó solo en un córner para empatar el partido. Nadie reparó en su presencia. Como tampoco en Camello, al que anularon otro tanto por fuera de juego.

Nada cambiaron Fermín, Rashford Lewandowski la noche en que Joan Garcia lo cambió todo.

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