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Tenis

Parar, disfrutar, y volver con nuevas metas: la fórmula de éxito y madurez de Alcaraz

"He aprendido a tomar momentos de cada torneo y experiencia y disfrutar con mi equipo, mi familia y la gente que me rodea", dice el número uno, cuya madurez también destaca Ferrero

Así celebró Alcaraz el US Open con su equipo en el vestuario

Así celebró Alcaraz el US Open con su equipo en el vestuario

Idoya Noain

Idoya Noain

Nueva York

En su camino hasta lo más alto Carlos Alcaraz va perfeccionando la fórmula de su éxito, una a la que va haciendo retoques profesionales y vitales tanto personalmente como de la mano de su entrenador, su círculo, su familia y sus amigos. En ese proceso de depuración está siendo fundamental no solo el trabajo en lo tenístico: los ingredientes técnicos y deportivos funcionan porque el genio de la raqueta, en su camino de madurez, trata de integrar y equilibrar más las cosas dentro y fuera de la pista.

Lo explicaba el propio Alcaraz el domingo a la prensa, con la copa del Abierto de EEUU a su lado y el cheque de cinco millones de dólares ya en el banco, cumpliendo compromisos pero horas antes de salir hacia un merecido descanso. “El tenis no tiene muchas cosas malas pero una es que ganas un torneo y justo después tienes que concentrarse en el siguiente. A veces tienes solo un día para disfrutar, o ni eso, antes de irte a otro sitio, a perseguir otro torneo; y es muy difícil darte cuenta de que has ganado, disfrutarlo”, decía. 

"Lo que he aprendido sobre todo este año es a tomar momentos de cada torneo, de cada experiencia que estás viviendo, y disfrutarlo con mi equipo, con mi familia, con la gente que tengo alrededor”, continuaba. “Creo que es fabuloso tomarse un momento, ver el trofeo o lo que has hecho, y apreciarlo, disfrutarlo, seguir. Creo que es realmente importante y algo que voy a intentar hace después de cada torneo, cada partido o cada trofeo”.

El logro

Lo logrado en la noche del domingo era título en Nueva York, que no por segundo (ni por sexto en su palmarés de grandes) dejaba de ser menos sueño. Alcaraz lo definía de “super especial” y hablaba de “increíble sentimiento” al llegar el triunfo acompañado al retorno al número uno, una de las primeras metas que se puso al principio del año. “Lograrlo con un grande sabe aún mejor, es por lo que trabajo y soy realmente feliz de vivir estas experiencias”, constataba.

Lograrlo frente a Jannik Sinner, el hombre que este año se tomó la revancha de Roland Garros y le frenó en Wimbledon, también vale su peso en oro, porque el duelo entre ambos no solo es la gran alegría del tenis, sino impulso para elevarse. Y de hecho fue aquella derrota en la hierba, de la que no se fue hundido sino orgulloso, uno de los momentos que provocó algo que ha contribuido a que Alcaraz haya podido triunfar en Nueva York.

Primero se tomó uno de esos descansos de equilibrio de los que ha hablado, una semana reparadora de “no hacer nada en absoluto”, algo tan importante en la victoria como en la derrota. Pero inmediatamente en cuanto volvió a trabajar él y Ferrero empezaron a estudiar y centrarse en lo que necesitaba mejorar si quería ganar al italiano. Y desde el primer entreno empezó a practicar cosas específicas, que fueron labrando dos semanas antes de abrir la recta final del año en pistas duras en Cincinnati. Obviamente ni él ni Ferrero las detallan ante la prensa, y riendo y sonriendo se excusan por no dar información que felizmente leería cualquier rival. 

Consistencia y madurez

Todo suma para que Alcaraz haya mostrado en las dos semanas de juego en Nueva York una “consistencia realmente alta”, algo de lo que se declara “realmente orgulloso”. Siente, como “desde muy, muy joven”, que puede “hacer todo en la pista”; mantiene su estilo y su variedad pero ha trabajado para reducir errores; confía en sus condiciones físicas, y ha enseñado su “mejor versión hasta el momento”. 

“Ahora que está muy de moda decir el 'prime' de uno, el 'prime' de otro, no siento que esté yo en mi 'prime' todavía. Todavía tengo margen de ser mejor, todavía no he llegado a mi 100% de nivel y estoy trabajando para poder llegar.”, decía. “El mejor Carlos que puede salir todavía no ha salido”, declaraba, una idea de seguir trabajando hacia la excelencia como motivación en la que profundizaba en una entrevista con EL PERIÓDICO.

Todo suma también para que la cita con el próximo grande, Australia, tenga un sabor especial. Porque allí podría conseguir el Grand Slam de su carrera, los cuatro majors, una meta que reconoce como “principal” y que también persigue Sinner, al que solo le falta ganar en Roland Garros. “Si lo hago antes o después que Jannik, siendo honesto, no me importa”, decía . “Solo quiero completarlo, no me importa cuándo”.

Suena Alcaraz mucho más maduro y es difícil no ver que lo es, en el tenis y en lo personal. Es “ley de vida”, por el paso de los años, como decía Ferrero, pero ese tránsito no a todo el mundo, ni a todos los deportistas de elite, les sale bien. Alcaraz habla de “saber lidiar con ciertas situaciones”, sea tras dolorosas derrotas, como en Wimbledon, o días de gloriosa victoria, como la de Nueva York. Y su entrenador también reflexionaba ante la prensa Ferrero cuando se le pedían reflexiones sobre cambios de su pupilo. “No hay muchos. Está creciendo, es algo natural que viene con los años”, decía. “Tenemos muy claro lo que tiene mejorar dentro y fuera de la pista y creo que es más maduro para creer que puede mejorar muchas de estas cosas para el futuro”.

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