Barcelona 6-1 Olympiacos
La pasión de un Fermín en estado de gracia reanima al Barcelona
El mediapunta de El Campillo anota el primer 'hat trick' de su carrera en la goleada frente al Olympiacos de Mendilibar, que penó quedarse con 10 a media hora del final

Champions League: Barcelona - Olympiacos. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

La pasión es necesaria para que todo adquiera sentido. Por eso son apreciados chicos como Fermín, que ponen su alma por delante para que el resto sobreviva. Y por eso son también admirados periodistas como Ramon Besa, que la tarde en que tuvo el reconocimiento del oficio, tradujo en un puñado de palabras de qué va todo esto: "Una cosa es ser rápido y otra muy diferente es ir de prisa". Sirve para el periodismo, para el fútbol y para una vida que, cuando te das cuenta, cuando parpadeas, ya ha pasado.
Fermín no corre porque sí, como pollo sin cabeza. Lo hace cuando tiene sentido, y eso le permite tomar decisiones antes que nadie, cuando sus rivales aún piensan qué demonios va a hacer. No le hace falta ser barroco ni poético porque no necesita de los elogios para sentirse importante. La pasión y la inteligencia tienen tanto o más arte que el regate más preciado.
Este Barça del segundo ciclo de Flick, tan minimizado por las bajas, agradeció como nunca que Fermín, con dos goles, le sacara del atolladero cuando peor lo pasaba ante el valiente Olympiacos tramado por Mendilibar. Y con los demonios aguardando al técnico alemán tras su derrumbe en Sevilla, la angustiosa victoria frente al Girona celebrada a golpe de butifarra, y con el clásico del Bernabéu a la vuelta de la esquina.
En el 1-0, el mismo Fermín engendró la acción con un reverso y la culminó cuando Lamine, todavía intentando ponerse a tono en tiempo de rosas y pubalgia, parecía haberse perdido en el recorte.
En el 2-0, la razón hubo que buscarla en el orgullo de Pedri, capital en el robo de balón y harto de que los jornaleros de Mendilibar le hicieran la vida imposible; en la paciencia del jovencito Dro en la transición y la percepción del espacio disponible; y, por supuesto, en la celeridad con la que Fermín tiró de pillería para hacer trastabillar al defensor y llevar el balón a su pie izquierdo, otra vez punzón.
Hay quien tiene mucho ganado ya con el apodo. Si en Registro Civil de Nigrán (Pontevedra) ponen que te llamas Pedro González, pero acaban por llamarte Dro, tienes al menos ganado el premio de la curiosidad. Que no es poco si se trata de un adolescente con maneras de futbolista grande. A los más viejos del lugar incluso les da por recordar –o, qué narices, que lo haga la IA por ellos– que hubo un grupo tecno español ochentero que, bajo el nombre de El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados, cantaban con pitorreo: "Nuclear sí, por supuesto; nuclear sí, cómo no". El Dro de esta historia, el del Barça, quizá no tenga ni puñetera idea de esta historia. Él no es un niño mutante. Le basta con que la gente emparente su apodo con un fútbol llamativo, pero que aún requiere liberarse de la prudencia.
La calurosa y agradable tarde de Montjuïc, sin embargo, fue un dolor de muelas para unos cuantos. Para el Barça, que llegó a ser sometido durante media hora larga del primer acto –precisamente, entre los dos goles de Fermín– mientras Szczesny insistía en pasar la pelota a los rivales y Flick se desgañitaba porque Eric, Cubarsí y Balde no lograban encontrar a Casadó y Pedri. Y, sobre todo, fue un tormento para Mendilibar, que a su edad (64 años) y después de tres décadas entrenando, se quedó con las ganas de ganar al Barça a domicilio. Y con motivos para quedarse a gusto con el árbitro suizo Urs Schnyder.
Acababa de recortar distancias el Olympiacos en el amanecer del segundo tiempo cuando El Kaabi tuvo que marcar dos veces –lo hizo con la cabeza pese al fuero de juego de Podence, pero tuvo que hacerlo de penalti tras detectar el VAR una mano de Eric–. Pero tres minutos después de ese 2-1, el árbitro expulsó al argentino Hezze. Traía una tarjeta el argentino cuando soltó la mano hacia atrás en un acto reflejo. Casadó aprovechó el episodio para echarse al suelo, y el colegiado no dudó en sacarle la segunda amarilla. Mendilibar entró el cólera mientras reclamaba la intervención del VAR. De Jong, que en ese momento saldría al campo tras partir desde el banquillo, trató de explicarle al técnico vasco el reglamento:el videoarbitraje no puede entrar en amarillas.
Con media hora por delante, el Barça se desmelenó y el Olympiacos se rindió. No podía ser de otra manera. Lamine Yamal pudo dedicar un gol a Nicki Nicole tirando un penalti con la misma pachorra con la que lo hace en la Kings League –el árbitro castigó con penalti un leve contacto del meta con Rashford detectado por el VAR–. El delantero inglés mostró sus cualidades rematadoras con un par de goles –apreciable la asistencia de Pedri–, y Fermín zanjó su gran día con el primer hat trick de su carrera profesional. Roony había tirado una elástica, se cayó, pero Fermín le redimió. Porque él está en todo. Y no le hace falta ir de prisa para ser más rápido que nadie.
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