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FC Barcelona

Los cinco motivos que explican la cancelación del partido en Miami

La "incertidumbre generada en España durante las últimas semanas" ha provocado que la promotora encargada de organizar el partido dé marcha atrás

LaLiga cancela el Villarreal-Barcelona de Miami por "la incertidumbre generada en España".

LaLiga cancela el Villarreal-Barcelona de Miami por "la incertidumbre generada en España". / EFE

Barcelona

A la cuarta tampoco fue la vencida. LaLiga se da de bruces contra la realidad y no podrá cumplir el deseo de Javier Tebas, su presidente, de llevar un partido de la competición doméstica a los Estados Unidos. A pesar de que vendieron la piel del oso antes de cazarlo, el Villarreal - Barça correspondiente a la 17ª jornada liguera no se disputará en Miami y será el Estadio de la Cerámica el que acabe albergándolo.

Así lo confirmó la patronal anoche en un comunicado informando que la promotora encargada del encuentro ha decidido dar marcha atrás debido a la "incertidumbre generada en España durante las últimas semanas". Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Desgranamos los obstáculos que han impedido celebrar este partido a más de 7.000 kilómetros de donde acabará jugándose.

La presión del Real Madrid

Sin duda, la fuerza de Florentino Pérez ha sido uno de los motivos de mayor peso que han impedido llevar el Villarreal-Barça a Miami. Hasta en dos ocasiones, el Real Madrid envió una denuncia al Consejo Superior de Deportes (CSD) alegando que la disputa del partido en el Hard Rock Stadium adultera la competición vulnerando los principios de igualdad. Veremos si mantiene la misma beligerante posición el club blanco cuando LaLiga proponga su nombre para trasladarlo a Estados Unidos en otra temporada.

La unión de la AFE

Una vez más, se ha demostrado que la voz de los futbolistas es más potente de lo que ellos mismos piensan. Las protestas de los protagonistas de este deporte -cada vez más espectacularizado- llamado fútbol dieron sus frutos. El convenio colectivo estaba siendo vulnerado a cara descubierta, pero Tebas infravaloró el poder del sindicato. Los capitanes se plantaron y protestaron durante los primeros 15 segundos de cada partido en la última jornada en una imagen que, aunque LaLiga intentó censurar, dio la vuelta al mundo.

La tibieza de la UEFA

A principios de mes, la UEFA aprobó a regañadientes que el Villarreal-Barça se disputase en Miami porque no encontró ningún resquicio legal que lo impidiera. El mayor organismo de fútbol europeo nunca estuvo a favor de trasladar este encuentro fuera de su escenario original. Se mostró muy reticente, pero se mantuvo al margen con un papel más de vigilancia.

El enfado de la CONCACAF

La CONCACAF se plantó de una manera que no se atrevió a hacer la UEFA. La estupefacción de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol fue mayúscula cuando LaLiga oficializó el encuentro en Miami y a ellos no se les había consultado ni informado. Fueron ninguneados y no se callaron ante la arrogancia del capricho de Javier Tebas. Se plantaron ante la exigencia de LaLiga de que el árbitro del partido fuese español, algo que defendieron a capa y espada con el reglamento de la FIFA en mano.

La deteriorada relación con la RFEF

La Real Federación Española de Fútbol, por su parte, intentó bloquear el permiso administrativo inicial y pidió a la FIFA y la UEFA que no lo avalaran, pero ante la postura de esta última se vio obligada a aceptarlo “provisionalmente”. Su rol fue el de entorpecer la decisión para que no llegara a buen puerto. Ahora bien, cuando se trata de trasladar la Supercopa de España a Arabia Saudí, el rasero es otro: entonces no se quebranta la integridad deportiva, ni se vulnera los derechos de los aficionados locales ni convierte la competición en un producto comercial.

Al final, todo se resumen en que LaLiga anunció oficialmente y con prisas un acuerdo que no estaba ni mucho menos cerrado. Una decisión de tal envergadura se trabajó a hurtadillas, a espaldas de varios actores principales, menospreciando algunos actores principales y esquivando las presiones políticas a diestro y siniestro. Un plan que ya nació tambaleando y que ha acabado cayéndose por su inestabilidad intrínseca.

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