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Fútbol. Primera Federación

“Hemos pecado un poco de inmadurez”, reconoce Cobos tras la derrota del Cacereño

Dos acciones a balón parado castigaron al CPC en su visita a la Ponferradina (2-0) a pesar de que los verdes controlaron gran parte del duelo, pero la falta de contundencia defensiva resultó decisiva

Julio Cobos da indicaciones a los suyos desde la banda de El Toralín, el domingo.

Julio Cobos da indicaciones a los suyos desde la banda de El Toralín, el domingo. / Luis de la Mata / Agencia LOF

Cáceres

El Cacereño regresó de su visita al Ponferradina con un sabor amargo: una derrota por 2-0 en El Toralín que refleja más una lectura de detalles que de dominio, ya que el CPC fue capaz de sostenerse en el partido y tener fases de control, pero falló en los matices que deciden y lo pagó.

Desde el pitido inicial el conjunto verde mostró intención: buscó el balón, ocupar los espacios, llegar hasta tres cuartos de campo. Su entrenador, Julio Cobos, reconoció que el equipo cumplió bien buena parte del diseño: “Creo que estábamos manteniendo bastante bien el partido… fuimos capaces de tener el balón, quizá nos ha faltado un poquito más de profundidad”. Sin embargo, esa “profundidad” que falta se convierte muchas veces en la diferencia entre empatar y caer.

La primera mitad transcurrió con escasas ocasiones y sin que ninguno de los dos equipos tomara ventaja decisiva. Cobos lo resumía: “En líneas generales el partido era de 0-0”. Y efectivamente, hasta ese momento la sensación era de igualdad táctica, de rivales que se medían, sin que hubiera grandes ventajas ni sobresaltos.

Penaliza la estrategia

Pero los partidos tan parejos conllevan un riesgo adicional: que sea alguna estrategia o jugada puntual la que rompa el equilibrio. Cobos lo señaló sin ambages: “Sabíamos que es un equipo que tiene muy buenos lanzadores y que en estrategia nos podrían hacer daño… y así ha sido”. Lo que el Cacereño no controló con firmeza lo pagó caro.

El primer gol llegó en el minuto 72, tras un saque de esquina prolongado, y significó un punto de inflexión. A partir de ahí, la Ponferradina comenzó a controlar los tiempos, a cerrar espacios y a esperar el error visitante. Y éste se produjo: “Sí, el balón parado tiene mucha importancia… y ahí sí que hemos pecado un poco de inmadurez… de regalar córners o saques de banda tan fáciles como lo hemos regalado”, dijo Cobos. En el fútbol de élite (y en esta categoría tan reñida) esos “regalos” pueden marcar la diferencia.

Con la desventaja en el marcador, el Cacereño intentó reaccionar, pero la sensación era de atasco: “Una vez que nos han hecho el gol, hemos intentado llegar, pero ellos se han encerrado bien, salían rápido a la contra y al final ha sido un querer y no poder”. Y así, cuando el rival encuentra los espacios y tú no logras generarlos con fluidez, la mochila se hace más pesada. El 2-0, ya en el tramo final, cerró el partido con un golpe psicológico y simbólico: no sólo se perdió el partido, se perdió la sensación de poder cambiarlo.

Esta derrota supone la segunda a domicilio en lo que va de temporada y la tercera en total para el Cacereño. Ahora, el grupo vuelve a casa con la mirada puesta en la próxima cita: el domingo en el estadio Príncipe Felipe, frente al Real Avilés Industrial (16.00 horas), un rival que ahora ocupa la quinta plaza de la clasificación.

Cobos lanza un mensaje claro: “Nos ha faltado soltarnos un poquito más… tuvimos balón con cierta facilidad… incluso para poder hacer unos contra unos y quizás no nos hemos atrevido mucho”. Esa “atreverse” pendiente es la que deberá liberarse en casa, ante su afición, si se quiere seguir soñando alto en esta categoría tan igualada. Porque como él mismo afirma, “en definitiva, es una liga muy competida, muy igualada”.

Es una derrota dolorosa, sí. Pero también una lección de que en el fútbol no siempre vence el que lo hace mejor en grandes trazos, sino el que lo hace bien en los pequeños detalles y los aprovecha. Para el Cacereño, la oportunidad de mostrar que ha aprendido empieza ya.

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