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Fútbol. Primera Federación

El lamento de Cobos, técnico del Cacereño: «Unos llevan pistola y otros llevamos cuchillo»

Julio Cobos resumió con crudeza la realidad competitiva del Cacereño tras caer ante el Racing de Ferrol: su equipo debe llevar cada partido al terreno donde pueda sobrevivir

Pese al 0-1, el técnico valoró el esfuerzo total del grupo y celebró la irrupción del canterano Iker Bidaurrázaga

Julio Cobos, entrenador del Cacereño, durante el partido del sábado ante el Racing de Ferrol.

Julio Cobos, entrenador del Cacereño, durante el partido del sábado ante el Racing de Ferrol. / Jorge Valiente

Cáceres

En el Cacereño persiste la sensación de haber competido con alma y de haberse vaciado ante uno de los rivales más exigentes que pasarán esta temporada por el Príncipe Felipe. La noche del sábado dejó lecturas duras, pero también señales de crecimiento en un equipo que, pese a sus limitaciones, está encontrando una identidad reconocible, aunque con eso de momento no le baste. Y en medio de todo, un nombre propio emergió con fuerza: el del joven canterano Iker Bidaurrázaga, cuya aparición dejó una estela de esperanza en el futuro inmediato del club.

Julio Cobos fue claro en su análisis posterior: los primeros minutos de cada parte mostraron las dificultades habituales del equipo para asentarse. El Racing de Ferrol impuso su manejo de balón y obligó al conjunto verde a correr demasiado detrás del juego. Pero una vez superado ese tramo inicial, el Cacereño se ordenó, encontró profundidad por la izquierda y generó centros que alimentaron la sensación de estar vivo y de poder discutirle el partido a un rival de mayor jerarquía.

El técnico insistió en la idea que repite desde el inicio de la liga: el CPC no está para intercambiar golpes con equipos de más presupuesto y talento individual. «Unos llevan pistola y otros llevamos cuchillo», dijo, consciente de que su equipo necesita llevar cada encuentro a un terreno incómodo para el rival. Y durante gran parte de la tarde lo consiguió. El choque se movió en márgenes estrechos, sin grandes ocasiones por un lado ni por el otro, y con la sensación de que un detalle podía abrirlo.

Un debut con futuro

Ese detalle llegó mediada la segunda parte, cuando la calidad individual irrumpió para decantar lo que el plan colectivo del Cacereño había logrado equilibrar. Cobos rechazó que el parón previo por consulta al VAR influyera en la acción que terminó con un disparo lejano imposible para su guardameta. «Ha aparecido la calidad de un jugador que, de veinte tiros, mete uno como ese», lamentó. La impotencia de saber que el trabajo defensivo había sido correcto, que el equipo estaba encima, y que aun así un chispazo bastó para desmontarlo todo.

«Iker se lo ha ganado por cómo entrena y por las ganas que tiene. Sabía que iba a ir arriba»

Julio Cobos

— Entrenador del Cacereño

Pese al golpe, el equipo no se descompuso y mantuvo la competitividad hasta el final. En ese tramo apareció una de las notas más relevantes de la noche: el debut de Iker Bidaurrázaga. El joven, que ya había destacado en pretemporada junto a otros canteranos llamados a sostener el futuro de la entidad, recibió una oportunidad que no fue simbólica. Cobos subrayó que la decisión no obedeció a ningún gesto ni concesión, sino a mérito propio: «Iker se lo ha ganado por cómo entrena y por las ganas que tiene. Sabía que iba a ir arriba, que iba a meter la cabeza en un avispero si hacía falta».

El debutante respondió con energía, personalidad y una dosis de atrevimiento que el público supo reconocer. En un partido cerrado, su entrada aportó frescura y confirmó la validez de una apuesta por la base que este verano ya había mostrado señales alentadoras. El técnico lo expresó sin matices: «Cuando ha salido, lo ha hecho muy bien. Es un premio a su trabajo». En un club que necesita fabricar identidad y futuro desde dentro, estos minutos valen más de lo que dice la clasificación.

Ausencia de reproches

La derrota, como toda derrota, deja un poso amargo. Cobos no se escondió: «A mí las derrotas no me gustan. Yo, cuando juego mal, quiero ganar». Pero también defendió que si se pierde, sea como el sábado: empujando, compitiendo, y vaciándose por completo. El entrenador elogió a sus jugadores por «sudar la camiseta» y no reservarse nada, un gesto que considera la base imprescindible sobre la que construir.

El Cacereño deberá ahora transformar ese esfuerzo en puntos. El calendario ofrece una buena ocasión inmediata: el próximo compromiso también será en el Príncipe Felipe, el viernes, donde el equipo volverá a buscar el cobijo de su afición. La resaca del partido ante el Racing deja heridas, pero también convicciones: este grupo está lejos de rendirse, ha encontrado algunos brotes de luz en plena dificultad y, sobre todo, ha confirmado que su futuro puede pasar por los pies, y por el carácter, de un chico llamado Iker Bidaurrázaga.

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