Automovilismo
Dos Pandas, el desierto y 2.700 kilómetros de solidaridad
David Muriel y Ángel Borrella afrontan su segundo UniRaid con la compañía de Amalia Leal y José María Muriel y con la misma receta: coches de más de 40 años, un 'roadbook' como única guía y la ilusión de llevar material escolar y sanitario en una aventura solidaria a las zonas más aisladas de Marruecos

David Muriel, Javier Borrella y Amalia Leal, junto con los dos vehículos con los que participarán en el Uniraid 2026. / Cedida
No todos los retos empiezan con un cronómetro en la mano ni terminan con un podio. Algunos comienzan en un garaje, con las manos manchadas de grasa, un coche rescatado del olvido y una idea tan sencilla como ambiciosa: viajar, aprender y ayudar. Así arranca la aventura de Turbina Raiders, un equipo extremeño que en febrero volverá a cruzar Marruecos de norte a sur en el UniRaid 2026, una prueba solidaria que mezcla navegación, resistencia, mecánica y compromiso social.
David Muriel, Ángel Javier Borrella y Amalia Leal son jóvenes, inquietos y con una energía que contagia. A ellos se suma José María Muriel, padre de David y cuarto integrante del equipo. Para David y Ángel no será su primera vez: ya participaron en la edición anterior y regresaron con una certeza difícil de borrar. «Es espectacular. No hay palabras. Se lo recomiendo a cualquiera, al menos una vez en la vida», resume David, electricista de profesión.
UniRaid no es una carrera de velocidad ni un rally convencional. Aquí no hay GPS ni atajos tecnológicos. Los participantes navegan con un roadbook, un cuaderno de ruta que marca rumbos, distancias y referencias básicas, apoyados únicamente por una aplicación que cuenta metros. El reto no es llegar antes que nadie, sino llegar. Y hacerlo con un vehículo de más de 30 o 40 años, atravesando pistas, desierto y caminos donde la fiabilidad lo es todo.
La aventura nació casi de forma natural. A los tres siempre les gustaron los coches, la mecánica y «enredar». Buscaban algo que les permitiera disfrutar de esa afición sin que fuera inasumible económicamente. «El mundo del motor es complicado, caro. Queríamos algo que pudiéramos hacer ‘a gusto’», explican. UniRaid ofrecía justo eso: viajar, conocer Marruecos, preparar un coche desde cero y, además, aportar ayuda humanitaria real.

David y Ángel, sobre su vehículo tras finalizar la edición de 2025. / Cedida
Los vehículos son parte esencial del relato. Nada de todoterrenos modernos ni grandes preparaciones de competición. Los Turbina Raiders compiten, si es que se puede llamar así, con coches clásicos, muchos de ellos prácticamente rescatados del desguace. «El nuestro y el de Ángel los hemos salvado de ahí», cuentan con orgullo. Prepararlos ha sido un trabajo de meses: suspensiones, frenos, rótulas, motor, legalizaciones. No se trata de que corran, sino de que aguanten.
Esa fue una de las grandes lecciones del año pasado. «Esto no va de velocidad, va de fiabilidad. Te pasas el año probando averías aquí para no sufrirlas allí», explican. Aun así, el desierto siempre tiene la última palabra. En una etapa, una piedra golpeó una ‘T’ del freno trasero y el coche se quedó sin frenos. Hubo tensión, nervios y mucho ingenio. Pero también compañerismo. «Nos ayudamos entre equipos. Aquí nadie va solo», recuerdan.
Ese espíritu colectivo es una de las señas de identidad del UniRaid. Participan equipos de toda Europa -españoles, portugueses, alemanes- y cada noche, antes de la etapa siguiente, hay un briefing en el campamento. La organización advierte de puntos peligrosos, zonas delicadas y características del recorrido. Hay asistencia mecánica y acompañamiento. Incluso «abrir pista», rodar sin huellas delante, se convierte en una experiencia tan intensa como intimidante.

Los dos vehículos de Turbina Raiders con los que 'competirán' en febrero en el Uniraid. / Cedida
El equipo se multiplica
Para 2026 el desafío se multiplica. Turbina Raiders participará con dos coches y dos equipos completos. La logística, el gasto y la responsabilidad crecen. El presupuesto ronda los 10.000 euros entre inscripciones, preparación, seguros, asistencia, gasolina y ferry. La mayor parte sale de sus propios bolsillos. David trabaja como electricista, Ángel estudia ingeniería y Amalia trabaja en un supermercado. «Aquí hay de todo, pero muchas horas de trabajo y sacrificio».
David, además, aporta experiencia en el mundo del motor. Ha participado como asistencia y organización en varios rallies, incluso en pruebas internacionales celebradas en Extremadura. Esa ‘cultura del coche viejo’ se ha convertido en una escuela constante. Mantenerlos no siempre es fácil ni barato. Algunas piezas hay que buscarlas fuera de España, en países donde se fabricaban. «Y quien las tiene, te pide lo que quiera», explican entre risas resignadas.
Solidaridad
La parte solidaria es el eje que da sentido a todo. Cada coche debe transportar al menos 40 kilos de material. El año pasado llevaron más de 80 kilos entre ropa, material escolar, sanitario, pañales y juguetes. Este año quieren repetir e incluso ampliar. El material escolar es prioritario: cuadernos, bolígrafos, mochilas. Todo este material pretenden recogerlo a través de donaciones de todos los que quieran colaborar, por lo que en breve esperan contar con un punto de recogida, aunque la urgencia de poner los coches a punto a retrasado algunos aspectos. También trabajan para conseguir patrocinadores. Además, UniRaid colabora con proyectos educativos en zonas aisladas, algunos tan básicos como dotar de placas solares a una escuela para que tenga luz.

Participantes, entre ellos David Muriel y Ángel Borrella, enel Uniraid de febrero de 2025. / Cedida
Ángel, además, sueña con ir más allá. «Siendo electricista, me gustaría intentar algo relacionado con luz o agua», explica. En muchas zonas de Marruecos, abrir un grifo o encender un interruptor sigue siendo un lujo. La idea de aportar algo tangible, aunque sea pequeño, es una motivación extra para el equipo.
La aventura
La aventura comenzará en Algeciras. El ferry partirá el día 6 y el raid se desarrollará del 7 al 14 de febrero. Serán unos 2.700 kilómetros, de los cuales solo una parte son etapas de regularidad real. «Las medias suelen ser de 30, 40 o 50 kilómetros hora. Esto es para disfrutar», subrayan. Aun así, el respeto está ahí. Un coche antiguo siempre impone.
Fuera del equipo, la preocupación es inevitable. Amalia reconoce que al principio su familia pensaba que todo era una broma. «Luego vieron que todas las tardes estaba con ellos, aprendiendo, haciendo cosas. Ahora saben que va en serio, aunque no les haga especial ilusión», admite. Marruecos, África, otra cultura… los miedos aparecen. Pero la experiencia desmonta muchos prejuicios. «La gente es buenísima. Te abren la casa, te invitan a un té. Viajar te abre la mente», aseguran.

David y Ángel revisan su vehículo en la edición del año pasado. / Cedida
Y si hay una historia que resume ese choque entre incredulidad y pasión es la de la compra del segundo coche. Tenían uno apalabrado. A última hora se lo vendieron a otro. «Dijimos: hoy encontramos un coche». Vieron un anuncio en Wallapop y, en dos horas, estaban camino de Azuaga. Contratos impresos, trato cerrado, seguro por un día. Coincidió que ese mismo día se iban de vacaciones familiares a Portugal. David se fue con sus padres; sus compañeros regresaron con el Panda.
A la vuelta, levantaron el capó. La madre se quedó blanca. El padre sentenció lo único posible: «Vosotros estáis flipados».
Puede que lo estén. Pero gracias a esa locura, dos coches clásicos volverán a cruzar el desierto cargados de ayuda, ilusión y la convicción de que la aventura, cuando se comparte, también puede cambiar realidades.
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