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Fútbol. Primera Federación Femenina

Manolo Jordán, maestro vocacional de porteras en el Cacereño Femenino

El protagonista de esta historia de amor al fútbol llegó a debutar con 19 años en el CPC y destacó como meta de fútbol sala antes de cumplir sus bodas de plata como preparador de guardametas

Con Tatiana y Delia Baz, antes de un partido en Villarreal.

Con Tatiana y Delia Baz, antes de un partido en Villarreal. / Cedida

José María Ortiz

José María Ortiz

Cáceres

“Llegué al Cacereño infantil con 12 años junto a Javi Villar. Estudiamos juntos los dos en el Licenciados. Él jugaba de medio centro y yo de delantero centro. En ese equipo estaba Kike Sáez, el de la tienda de disfraces y fiesta, de portero. Un día faltó y me puse yo. Y desde ahí... me imagino que no lo hacía muy bien de delantero y sí de portero”. El protagonista de esta historia impregnada de vocación había jugado en un equipo del Espíritu Santo que patrocinaba Pepe Rojo. Hablar con Manuel Jordán Sánchez, 'Manolo Jordán' (Cáceres, 14 de febrero de 1967) es interactuar con alguien verdaderamente pasional con el fútbol y su gente. Un personaje imprescindible en la particular geografía del deporte local, sin duda.

Manolo Jordán, ahora hombre muy feliz como entrenador de porteras del Cacereño Femenino (en esta función suma 25 años en diferentes clubs), es el estigma de alguien enamorado del fútbol, de su trabajo como funcionario desde que entró en una guardería en los 90, de su familia y de la pesca. En cada frase se percibe algo especial, muy suyo, de este técnico que no triunfó como él hubiera querido como futbolista, aunque ha defendido con extremo orgullo las metas de dos de los equipos referencia del deporte local: el Cacereño y El Periódico Extremadura de fútbol sala.

11 años en el CPC

En el Cacereño militó desde los 12 hasta los 23 años, “que me fui al Malpartida”. Entre medias, un servicio militar en Cartagena que no vino bien a su carrera. “Llevaba una carta de recomendación, pero no llegué a fichar allí”, cuenta el protagonista, una persona tan agradecida como cariñosa con quienes se ha encontrado en su largo camino en el deporte. En juveniles fue entrenado por Toni Hernández, uno de los referentes de su carrera.

De portero, arriba a la izquierda, en un juvenil del Cacereño.

De portero, arriba a la izquierda, en un juvenil del Cacereño. / Cedida por Paco Novo

Debutó este hombre “del Carneril de toda la vida” en el primer equipo del Cacereño con 19 años, en el lejano 1985, con el malogrado Pepe Bizcocho de entrenador. El primer portero era el gaditano-cacereño Jesús, “un gran maestro para mí”, recalca. Ahí, dice, “tuve mala suerte. Fue en Montijo. A los 15 minutos me lesioné, pero jugué todo el partido con el campo con una cuarta de agua”.

En la primera plantilla permaneció dos años, compaginándolo con la del extinto filial verde, el Cacereño Atlético. Ejercía de tercer portero, tras la llegada de Real, y ascendieron. Entonces llegó lo de la mili y el frenazo. Sus recuerdos son constantes al pasado, como una prueba fallida en el Getafe de Eduardo Caturla. Volvió con el Cacereño Atlético con Teo Santos Panadero y vivió un derbi ante el Malpartida “con lleno histórico en la Ciudad Deportiva, que ganamos 1-2 en un partido épico”. Se fue precisamente después al Malpartida con Juan Luis Blanco.

Luego empezó su etapa de fútbol sala en lo que es ahora el complejo Sergio Trejo, en Las 300. Con 25 dejó el fútbol. “Me gustó el ambiente de la liga y ganábamos casi siempre las 24 horas”. Recibió la llamada de Ricardo Moreno, ‘El Maestro’, para incorporarse al equipo de El Periódico Extremadura cuando acabó la carrera otro histórico, Figueroa, uno de sus espejos. Ahí estuvo hasta el 2000, hasta que cumplió 33 años. “Podía haber aguantado más, pero teníamos un niño pequeño, los viajes, el trabajo, jugaba poco, y no me compensaba”, cuenta.

Ahí jugó con los técnicos Edinho, Luis Clemente y Jesús Velasco, éste el actual seleccionador nacional, que estuvo dos años. De Velasco cuenta que entrenaba con raquetas de tenis, lanzando pelotas para potenciar los reflejos. Ahora utiliza este método en el Cacereño Femenino, antes en el Diocesano, “aunque con palas de pádel, una versión más moderna”.

25 años

Empezó después su etapa como entrenador de porteros. Era el año 2000 y Lorenzo Nevado le llamó para la cantera del Cacereño. “Tres años después Ismael Díaz me subió al primer equipo”, recuerda. “Fue una etapa buenísima en el club: el juvenil estaba en División de Honor, el filial en Tercera y el primer equipo en Segunda B".

Llegó después la oportunidad de entrenar a la cantera del Cacereño, “el tesoro” de la entidad. Ahí le reclutó Javier Moreno. Después Ismael Díaz le llevó al primer equipo en el 2003. “Ismael fue un gran entrenador, pero no se le debió dar todo el poder que tuvo. No puedes ser entrenador y director deportivo. Entonces el Cacereño, que estaba en Segunda B, tenía al filial en Tercera y el juvenil en División de Honor. Con Díaz y sucesivamente con Bernardo Plaza, Miguel Ángel Mateo y José Manuel “hubo momentos buenos y otros complicados”, afirma. Por entonces llegó a ser, además de entrenador de porteros, delegado de equipo y delegado de campo “en la misma temporada”.

“El tesoro del Cacereño es su cantera; eso que ha tenido el Dioce hasta ahora lo debería haber tenido el Cacereño, para mí. Debería estar en lo más alto en todas las categorías”, recalca Jordán. “Y haberse nutrido de jugadores del Diocesano”. Pedro Rossi era el director deportivo y de cantera. Jordán llegó a ser en el CPC delegado de campo, delegado de equipo en los viajes y entrenador de porteros.

“Donde disfruto es siendo entrenador de porteros, estoy como pez en el agua”, llegó a decir en el Cacereño cuando se le quisieron encomendar más tareas. Terminó yéndose y se hizo con el título de entrenador. Se fue al Don Benito, llamado por Juan Valadés, y allí estuvo dos años. Era el 2009,y perdió allí un ascenso con arbitraje polémico.

Diocesano

Después volvió a Cáceres. Su hijo pequeño estaba en el Diocesano y empezó ahí entrenando . Gerardo Hierro, su profesor en el Dioce, le pidió que se metiera en el club. Ahí permaneció 10 años. De Hierro guarda las mejores palabras y recuerdos, “todo un señor”.

Mientras estaba en el Dioce, Ernesto Sánchez, director deportivo en las selecciones extremeñas femeninas, lo incorporó a su equipo y después a su club, en el que cumple cinco años en plenitud.

Su actual mujer, Toñi (“todo es debido a ella”) y los hijos que suman entre los dos, Leticia, Alex Hernández (que fue portero en el Coria, entre otros clubs, “y que ha superado a su padre”, subraya), Manu y Pablo son pilares fundamentales. “Me apoyan muchísimo. Todos los años hablo con ellos antes de renovar”, se enorgullece en decir. Valeria y Jara son sus nietas, “que son muy importantes para mí también”, claro.

Motivación actual

En el Cacereño Femenino está especialmente motivado. Y en ello tienen mucha 'culpa' las futbolistas, especialmente con quien trabaja más específicamente (Tati y Delia Baz, las habituales en el primer equipo, “aprendo mucho de ellas; tú das y ellas te dan”, dice) y un cuerpo técnico “espectacular”, subraya, “con Ernesto Sánchez, “que siempre te deja trabajar y te pregunta”;  Yoli Collado, la preparadora física y fisio; Fran Gómez, segundo entrenador y también en la preparación física, o Quini Corbacho, ‘un crack, héroe sin capa, que hace de todo’. Igualmente, claro, la psicóloga y exjugadora, Puerto Pérez.

Con Tatiana y Aroa (derecha), porteras del primer y segundo equipo.

Con Tatiana y Aroa (derecha), porteras del primer y segundo equipo. / Cedida

“Estaré hasta que el club quiera”, recalca. “Esta gente merece un gran reconocimiento y también tengo que dar las gracias a la gente de la peña que se ha creado”, resume, antes de quejarse de los problemas del peso que puede tener el arbitraje en una Primera Federación Femenina con la cantidad de equipos de la considerada élite. Es Manolo Jordán, vocacional y sentimentalmente maestro de porter@s.

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