Fútbol. Primera Federación
La maldición del Cacereño duró 231 días
El conjunto ver puso fin a una sequía sin ganar en el Príncipe Felipe con una victoria por 2-0 ante el Arenas de Getxo, en un partido que supuso algo más que tres puntos para un equipo y una afición necesitados de alivio

Una acción del partido entre el Cacereño y el Arenas Club. / Jorge Valiente
El fútbol, cuando es fiel a sí mismo, siempre acaba devolviendo lo que quita. Al Cacereño le debía una tarde como la de este domingo. Tardó, dolió y se hizo larga la espera, pero el Príncipe Felipe volvió a celebrar una victoria 231 días después. Y lo hizo a lo grande, con un 2-0 ante el Arenas de Getxo que fue algo más que tres puntos: fue una liberación colectiva.
No habían pasado ni 20 segundos cuando Valdera encendió la mecha. Un gol relámpago, de los que se gritan casi por reflejo, sin tiempo para sentarse. El estadio explotó y, por primera vez en meses, el Cacereño fue por delante sin miedo a que el reloj se le volviera en contra. El tanto tempranero actuó como un bálsamo y también como una declaración de intenciones: esta vez, la historia iba a ser distinta.
En la grada, 3.480 espectadores, una cifra que habla de fidelidad más que de resultados. Y en el césped, una imagen casi inédita esta temporada: nadie en la enfermería. Todos disponibles. Incluso Unai Rementería, sin ficha pero con alma de vestuario, estuvo presente desde el calentamiento, pisó el césped y se sumó a la piña previa, como uno más. Detalles que no salen en las estadísticas, pero que explican victorias.
El Cacereño supo manejar el partido, competirlo y cerrarlo. Sin alardes innecesarios, pero con una solidez que hacía tiempo no se veía en casa. El segundo gol terminó de derribar un muro que llevaba demasiado tiempo en pie.

Fotogalería: las imágenes del Cacereño - Arenas Club / Jorge Valiente
Esta vez el público no se marchó antes. Ni incluso lo hizo cuando el árbitro pitó el final. Lo más de 3.400 fieles del escudo verde se quedaron a animar a los suyos, primero al ritmo de El Redoble y después con La Morocha, himno extraoficial del CPC del ascenso.
Antes del inicio, el Príncipe Felipe también tuvo un momento para la memoria. Se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Antonio Monje, figura muy ligada al club, y de Fidela López Vázquez, abonada del decano extremeño. Porque ganar también es recordar de dónde se viene. Y este domingo, por fin, el Cacereño volvió a sentirse en casa.
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