Fútbol. Primera Federación
Wilfrid Kaptoum, 'ADN La Masía' en el Cacereño
El nuevo jugador del conjunto verde debutó en el Barcelona en una eliminatoria copera ante un Villanovense que dirigía Julio Cobos

Wilfrid Kaptoun protege el balón durante su debut con el primer equipo del Barcelona, ante el Villanovense, en 2015. / E. P.

No todos los días llega al estadio Príncipe Felipe un jugador que ha debutado, e incluso marcado, con la camiseta del primer equipo del Barcelona. Wilfrid Jaures Kaptoum (Douala, Camerún, 7 de julio de 1996) aterriza con una biografía que tiene algo de promesa precoz y bastante de carrera a base de reinicios. En La Masía fue durante años uno de esos canteranos que levantan conversación sin necesidad de ruido: camerunés, tímido, de perfil introvertido, más de escuchar que de hablar, pero con una personalidad distinta cuando el balón echaba a rodar. Técnicos de la casa siempre destacaron ese contraste entre su discreción fuera del campo y el atrevimiento con el que se plantaba en el césped, una mezcla que explicaba por qué se le consideraba un futbolista “especial”.
En lo puramente futbolístico, Kaptoum era -y sigue siendo- un centrocampista de pie fino, de los que quieren darle sentido a la jugada. En categorías formativas se le identificaba por la conducción y por esa costumbre de girar sobre sí mismo para orientarse y salir de la presión, un recurso muy de interior creativo formado en el estilo Barça. No era un mediocentro de choque: se sentía más cómodo cerca del último pase, como mediapunta o interior, aunque con el tiempo fue asentándose como interior con llegada, capaz de aparecer por dentro, dar continuidad y, cuando el partido lo permite, pisar área. La idea que mejor lo define es la del centrocampista completo: un jugador al que se le pide conectar líneas y mandar con balón, más que un especialista puramente defensivo.
Su historia en Barcelona empezó muy pronto, tras llegar a la cantera en 2008 desde el entorno de la Fundación Eto’o, y enseguida le colgaron comparaciones y apodos de los que pesan: “Zizou” por la elegancia y el dominio del balón, y un inevitable paralelismo con el centrocampista técnico que marca el ritmo. Él mismo se declaraba fan de Iniesta —por posición y por el “perfil La Masía”— y esa admiración también se veía en su manera de entender el juego: recibir, girar, proteger la pelota y encontrar el pase que ordena.
Contra Julio Cobos
El salto simbólico lo dio con Luis Enrique. Su debut oficial con el primer equipo llegó en Copa del Rey, en la ida ante el Villanovense, en octubre de 2015, entrando de inicio en un once cargado de rotaciones pero con lupa mediática. En el conjunto serón el técnico era Julio Cobos, que ahora le entrenará en Cáceres. Aquel estreno lo colocó en el escaparate, y esa misma temporada también se asomó a la Champions. Pero el momento que quedó para la hemeroteca fue su primer gol con el Barça: febrero de 2016, en Mestalla, marcó en el 1-1 ante el Valencia en la vuelta de semifinales de Copa. Parecía el aviso de una irrupción más estable.

Kaptoum, con el Barcelona B. / Agencias
La carrera, sin embargo, nunca terminó de coger la línea recta que insinuaba su talento. En su propio relato y en el de quienes le acompañaron, las lesiones musculares aparecieron como un freno recurrente, y ahí cobra peso la figura de Iván de la Peña, su agente y confidente en los momentos más delicados, cuando la continuidad se hacía cuesta arriba. En paralelo, en su formación fue importante el papel de García Pimienta, uno de los técnicos que mejor entendió dónde podía rendir: Kaptoum no se veía como un pivote “de ancla”, sino más arriba, más libre, aunque la realidad del fútbol profesional le empujó a pulir matices y a ganar fiabilidad en esfuerzos sin balón.
De un lado a otro
Tras salir del Barça, su trayectoria se convirtió en un recorrido por contextos distintos buscando precisamente eso: regularidad. Pasó por el Betis, probó en Segunda con el Almería, dio el salto a la MLS y regresó a España en 2023 para sumarse a la UD Las Palmas. Luego llegaron etapas en el fútbol del este del Mediterráneo antes de volver al mercado español con el Nàstic en la 2025-26, un intento de reenganche que terminó pronto con la rescisión. Y ahora aparece el Cacereño como un nuevo punto de partida.
Así se entiende su fichaje como algo más que un nombre conocido: llega un centrocampista con formación de élite, experiencias en ligas muy distintas y una necesidad clara de convertir el talento —ese que en La Masia se daba por hecho— en continuidad competitiva. El reto ya no va de promesa, sino de presente: encontrar un contexto que le sostenga físicamente y le pida, semana a semana, lo que siempre tuvo cuando el balón fue suyo: personalidad para mandar jugando.

Jugando para el Nastic de Tarragona, su último club antes de llegar a Cáceres. / NÁSTIC
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