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Fútbol. Primera Federación

De leyenda a fisio: la saga Sarratea sigue latiendo en el Cacereño

Padre e hijo cuentan su particular experiencia en el seno de un club que han vivido muy cerca siempre

Los dos protagonistas, en su lugar de trabajo en el Príncipe Felipe.

Los dos protagonistas, en su lugar de trabajo en el Príncipe Felipe. / CP Cacereño

José María Ortiz

José María Ortiz

Cáceres

“He mamado el vestuario”. Lo dice Íñigo Sarratea Bermejo (Cáceres, 24 de agosto de 1988) mientras observa la mirada cómplice de su padre, Juan Bautista Sarratea Eugui (Oria, Gipuzkoa, 25 de diciembre de 1960), éste una leyenda absoluta del Cacereño, en el que militó durante once años entre los 70 y los 80. Lógica la observación inicial del primero, fisioterapeuta actual del decano extremeño, al que se ha unido su propio progenitor, enfermero deportivo, en una entidad en la que ambos disfrutan y comparten labores y de la que, ya de paso, esperan la mejor noticia al final de temporada: la permanencia en Primera Federación, para la que son optimistas.

Están los dos en la sede de este diario para contar detalles de su particular y familiar conexión. Casi sin decir nada, todo fluye con agilidad en la conversación. “Es un friki de la fisioterapia”, dice sobre Íñigo el propio Juan Sarratea, un lateral derecho potentísimo y expeditivo que echó raíces en Cáceres y que comenzó en el Santa Ana por coincidir con su servicio militar.

Mano a mano

Iñigo no destacó tanto como su padre, asume, pero sí vivió de niño el fútbol muy de cerca. “Le intento echar una mano en lo que hace y creo que algo le he enseñado, y él también me está enseñando cosas”, piensa el exfutbolista sobre su relación personal-profesional. Cuando Juan jugaba, “mi madre siempre me obligaba a bajar a darle un beso al vestuario”, recuerda el fisio. En aquellos partidos, Iñigo peloteaba con Samuel, el hijo de otro clásico del CPC, Jacinto Domínguez Ávila, ‘Chinto’, mientras los progenitores se adueñaban de sus respectivas bandas. Pocas veces el club ha tenido dos laterales tan solventes en su centenaria historia.

Hijo y padre, en el Príncipe Felipe.

Hijo y padre, en el Príncipe Felipe. / CP Cacereño

“En casa nunca se le ha presionado”, dice el orgulloso padre, conocido popularmente como 'El Vasco'. En efecto: el proceso ha sido largo. Iñigo hizo las prácticas en la Real Sociedad, en el que militó el exfutbolista, una experiencia “espectacular” por lo que vivió. El presidente de la Real, Jokin Aperribay, le dijo entonces que le gustaba que los hijos de los exjugadores vivieran de cerca la experiencia del club donostiarra. Y él joven 'Sarra' lo hizo a pleno pulmón, con resultado excelente.

Doble trabajo

También ha tenido una etapa muy fructífera en el Coria, en la primera época de Rai en la temporada 20-21, ‘currando’ también en Alagón del Río. Hubo ascenso también ahí, pero sus vínculos fueron más allá. Precisamente vive en la capital del Alagón por razones familiares: allí conoció a su pareja y hace tres meses que tuvieron a su hijo, Nicolás. Todos los días viaja para trabajar en el CPC por la mañana y por la tarde en la Mutualidad de la Federación Extremeña de Fútbol. En el futuro inmediato pueden venirse a Cáceres.

“Ha habido mucha gente que me decía que daba muchas patadas, que si técnicamente no era muy dotado, pero siempre les digo lo mismo: con 18 entrenadores que tuve en el Cacereño siempre jugué”, dice feliz alguien que ha coincidido con otros referentes del club como Manolo, Ángel Marcos o Jesús, por poner ejemplos de clásicos. Ahora está codo a codo con Julio Cobos como entrenador, con el que mantiene una muy buena relación. “Ya lo traté cuando yo estaba en el Cáceres y él de jugador aquí”. En efecto: el enfermero deportivo estuvo en el club de baloncesto en la ACB un tiempo, algo que también vivió indirectamente el niño Iñigo, que recuerda las bromas de Rod Sellers y José Antonio Paraíso y la elasticidad de Stanley Jackson. También tenía muy buena sintonía con Enrique Fernández y Juanjo Bernabé.

Iñigo es un enamorado de Cáceres. Sus primeros años fueron en Moctezuma y se acuerda de muchos detalles. Su padre también ama su ciudad de adopción, pero sus vínculos con la tierra siguen vivos. “Tengo a mi cuadrilla allí y voy cada vez que puedo”. Cuando se jubile espera pasar más tiempo allí. ¿De la Real o del Cacereño? Solamente acierta a decir: “si juegan uno contra otro no iría al partido”.

El presente del equipo

Cuestionados sobre el equipo de Primera Federación, dice que “hasta hace un mes o mes y medio era bastante pesimista; ahora veo muchas posibilidades de salir del descenso”, concreta. “Tienen que sumar los nuevos”, sugiere. “Lo que se ha fichado es lo que nos faltaba”, agrega 'Sarra'. Iñigo apunta: “puedo decir que es un grupo bastante unido y sano y creo que lo vamos a conseguir”.

Ambos son fuente de anécdotas del pasado y el presente en un club en el que, dice el padre, el presidente, Carlos Ordóñez, “nos ha tratado siempre muy bien desde el principio, fenomenal”. Y ahí están ellos, los Sarratea, codo a codo, disfrutando. “Cada uno sabe perfectamente qué tiene que hacer”, agregan ambos. Padre e hijo, vínculo de pasado y presente en verde.

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