Fútbol. Primera Federación
Fran Beltrán: autocrítica y ambición en el Mérida
El entrenador del Mérida pide a los suyos gestionar mejor los tramos clave de los partidos, mejorar la eficacia desde los once metros y convertir la frustración en aprendizaje inmediato desde ya

Fran Beltrán, en la banda del Municipal de Barreiros durante el Celta Fortuna-Mérida del sábado. / Luis Lorenzo / LOF
El Mérida volvió de Vigo con un punto que suma… y con la sensación de que se escapó algo más grande. El 1-1 ante el Celta Fortuna dejó a los romanos sextos con 39 puntos, los mismos que una Ponferradina que marca ahora la frontera del playoff. La clasificación refleja que el equipo de Fran Beltrán sigue metido en la pelea, pero el pospartido, a tenor de lo dicho por el técnico, se instaló en otro lugar: el de la oportunidad perdida y el de las lecciones que deja una tarde cargada de episodios.
Beltrán fue directo al definir el sabor del empate. «Sensación de oportunidad perdida, pero oportunidad perdida con justicia», resumió. Ahí está la clave del discurso: el Mérida compitió de tú a tú en el campo del segundo clasificado, pero el contexto del encuentro, y sobre todo lo que ocurrió desde los once metros, empuja a pensar que había margen para volver con los tres puntos. No es frecuente que un equipo disponga de dos penaltis en un mismo partido; menos aún que se marche sin convertir ninguno. En Barreiro, esa estadística se convirtió en una herida abierta para el Mérida: «Tuvimos dos opciones desde el punto de penalti… Son tres penaltis consecutivos fallados en partidos que acaban en empate», recordó el entrenador, que también puso el foco en la actuación del meta local y en que el gol encajado llegó, precisamente, de penalti.
Ese detalle, la repetición del lanzamiento y el desenlace posterior, alimentó también la lectura emocional de un partido que tuvo «de todo» y con polémica, aunque Beltrán evitó entrar en un juicio global sin ver todas las acciones. Aun así, sí quiso señalar la jugada que, a su entender, lo cambia todo: «Para mí, el partido se rompe en una acción que no es penalti en la vida», soltó, antes de admitir que quizá hubo «compensación» en otro señalamiento que él tampoco habría pitado a favor de los suyos. Es la manera de decir, sin rodeos, que el Mérida sintió que el guion se escribió a trompicones, entre decisiones discutibles y un carrusel de situaciones límite.
Ocasiones perdidas
Pero más allá del debate arbitral, el técnico puso el acento en lo que controlan los suyos. El Mérida, recordó, tuvo fases de dominio y ocasiones más claras, tanto once contra once como con superioridad. La expulsión del jugador celeste, sin embargo, no fue un trampolín inmediato: «Les expulsan a un jugador y los siguientes 10 minutos el equipo está mal, francamente mal». En esa frase hay una autocrítica importante, porque no habla de calidad ni de fútbol, sino de gestión de momentos: saber qué hacer justo cuando el partido se abre de par en par. Beltrán insistió en que, si el objetivo es mirar hacia arriba, «tenemos que gestionar mejor ciertos momentos». No se trata solo de generar; se trata de traducir, de convertir la superioridad y la inercia en ventaja real.
También Javi Lancho caminó por la misma línea argumental. Su primera valoración reconoció lo que dice la tabla -«a priori es un punto bueno»-, pero enseguida apareció el «mal sabor de boca» por las ocasiones desperdiciadas.
El calendario, además, invita a convertir el disgusto en reacción inmediata. Beltrán ya marcó el camino: «Ahora tenemos dos partidos en casa, tenemos que hacerlos buenos», dijo, apelando a intensidad, concentración, valentía y fútbol, y a una afición «que nunca nos falla». El primero de esos compromisos llega el sábado ante el Talavera.
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