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Fútbol. Primera Federación

Javi Barrio dice ver «demasiado desánimo» en el Cacereño

El defensa dice comprender a la hinchada, pero se aferra a las opciones permanencia

Javi Barrio salta al campo llevando de la mano a sus hijos, Mateo (en primer término) y Malena (tapada).

Javi Barrio salta al campo llevando de la mano a sus hijos, Mateo (en primer término) y Malena (tapada). / Jorge Valiente

Javier Ortiz

Javier Ortiz

Cáceres

Cuando se quiere saber qué se respira en el vestuario del Cacereño hay que llamar a Javi Barrio (Logroño, 21 de mayo de 1991). El central, uno de esos futbolistas que hablan sin envolver demasiado las cosas, no disfraza el golpe del último tropiezo -1-2 ante el Lugo- ni la crudeza de la pelea por seguir en Primera Federación. El Cacereño afronta ahora su visita de este sábado al Tenerife en zona de descenso, a cuatro puntos de la permanencia, mientras su oponente llega lanzado hacia el ascenso. Todo un contraste.

Barrio reconoce que el vestuario salió muy tocado del Príncipe Felipe el domingo pasado. «Me fui con una sensación muy extraña, hacía tiempo que no la sentía», admite. Habla de «mezcla de rabia e impotencia», de «un poco de tristeza», de la incomodidad de verse donde nadie quiere estar cuando además el encuentro se había señalado como una cita clave. «Estábamos mentalizados de ganar y se perdió. Entonces la sensación es la que es: complicada, una situación complicada».

No intenta buscar coartadas. Tampoco una explicación grandilocuente. Lo que transmite es algo más simple y quizá más doloroso: la impresión de que el equipo había logrado reengancharse a la pelea y ahora se ha vuelto a atascar. «Hicimos una primera vuelta muy mala, pero llegó un momento en que conseguimos revertir la situación, competíamos muy bien, ganando a los rivales. Y parece que ahora nos hemos estancado un poquito». Cuando se le pide una razón, no se esconde detrás de un discurso prefabricado: «¿El porqué? Pues no lo sé».

Momentos determinantes

Sí encuentra, eso sí, una pista en los pequeños detalles que terminan por decidir semanas enteras. Barrio pone el foco en la gestión de determinados momentos del partido, en esos minutos que cambian todo. Recuerda el gol encajado justo antes del descanso en el último encuentro y enlaza con otros precedentes parecidos, empezando por aquel gol del portero del Pontevedra, Marqueta, en tiempo de descuento en la jornada inaugural, todo un aviso de la fatalidad que esperaba. «Son pequeños detalles que se nos están escapando», resume. «Analizas las acciones y ves que las que nos penalizan son fácilmente corregibles. Pero durante un partido fallas en dos y una de ellas es la que te castiga».

Javi Barrio, entrenándose en el Príncipe Felipe esta semana.

Javi Barrio, entrenándose en el Príncipe Felipe. / CP Cacereño

También admite que la cabeza aprieta. «Estar estas situaciones pesa, pesa y tienes ahí el runrún», dice. Pero, al mismo tiempo, trata de marcar una frontera entre la herida del domingo y la necesidad de levantarse. «Siendo miércoles, es otra cosa». El equipo, cuenta, ha vuelto al trabajo con otra cara. «Se ha entrenado muy bien» y la mirada ya está puesta en el sábado, cuando tocará visitar al líder, que tiene un colchón importante de puntos respecto al segundo.

Ni siquiera ahí compra la tentación de pensar que ese contexto pueda suavizarle el partido al Cacereño. Rechaza de plano la idea de un rival relajado. «No creo que sea ese el caso», dice sobre un Tenerife que puede oler ya la Segunda División. «Juega en casa, quiere ganar siempre, tiene unos jugadorazos y un equipazo». La lectura de Barrio va por otro lado: si el Tenerife quiere rematar su ascenso, el Cacereño compite por algo todavía más básico. «Estamos con la necesidad de sobrevivir en la categoría. Tenemos que luchar con más fuerza».

Entre la hinchada aparece una palabra que explica el momento: desánimo. La entiende, pero la combate. Barrio no niega la decepción que se ha instalado alrededor del equipo. «Yo creo que la gente no está cabreada, sino un poco desilusionada con la temporada», explica. Y, sin embargo, pide no perder de vista la dimensión real del escenario. «Analizando la situación de forma realista, el Cacereño que se esperaba a principio de temporada era este: pelear por la salvación y llegar al final con opciones de estar vivo». Por eso insiste en que el clima general se ha ennegrecido más de la cuenta. «Percibo demasiado desánimo. Y lo puedo entender, pero estamos ahí».

Gesto de extrañeza de Javi Barrio el pasado sábado.

Gesto de extrañeza de Javi Barrio. / Jorge Valiente

La clasificación

Su argumento, justo cuando está esquivando mejor los problemas físicos que la pasada temporada, se sostiene en la tabla tanto como en la calle. El Cacereño está en descenso, sí, pero sigue a cuatro puntos de la permanencia, con margen todavía para engancharse si logra una victoria que cambie la inercia. Barrio lo resume a su manera: «Ganas un partido y, si los de abajo se enquistan un poco, estás ahí ya». Esa convicción, dice, también la encuentra a veces fuera del estadio, en el contacto cotidiano con la gente. «La gran mayoría te dice: ‘Venga, va, que esto lo sacamos’». Y añade que ese aliento «se agradece la hostia».

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