Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Fútbol. Primera Federación

Zamora-Cacereño: una historia corta, pero con cicatrices

Antes de un duelo clave para los de Julio Cobos el próximo domingo, dos precedentes marcan el pasado reciente entre ambos equipos: un empate en el Colombino y clara una victoria de los castellano-leoneses en liga en el Príncipe Felipe

Emi es agarrado por un jugador del Zamora durante el partido de ida.

Emi es agarrado por un jugador del Zamora durante el partido de ida. / Carlos Gil

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
José María Ortiz

José María Ortiz

Cáceres

El domingo a las 17.00, en el estadio Ruta de la Plata, será un duelo especialmente importante para los extremeños, ahora fuera del descenso, pero con dos jornadas por delante en el alambre. Para los locales, ya en 'playoff' de ascenso, estará el acicate de situarse lo más arriba posible. En lo que va de siglo, Cacereño y Zamora apenas tienen una historia reciente compartida, pero sus dos últimos cruces ya ayudan a explicar el contexto del duelo. En verano empataron sin goles en el Trofeo Colombino, con triunfo extremeño en los penaltis; en diciembre, el Zamora venció 0-2 en el Príncipe Felipe en una noche que disparó la tensión en el entorno verde. Desde entonces, el Zamora ha cambiado de entrenador y se ha disparado con Óscar Cano, mientras el Cacereño ha mantenido la confianza en Julio Cobos y ha salido del descenso tras golear al Castilla. En medio, dos nombres con pasado verde: Athuman, marcado por el descenso de Linares, y Sancho, clave en el último ascenso a Primera Federación.

Para este partido, el club anunció en la tarde de este lunes que pondrá autobuses gratis para abonados "hasta cubrir las plazas". En sus redes, informó que "se irá apuntando en tienda en orden de listado". El viaje se iniciará a las 11.00 horas desde la avenida de Portugal.

La historia reciente entre el Zamora y el Cacereño es breve, casi recién estrenado, pero suficiente para explicar parte del contexto que rodea el cruce entre ambos equipos. En apenas unos meses, los dos conjuntos se han visto las caras dos veces y en escenarios muy distintos: primero en el Trofeo Colombino, todavía en plena pretemporada, y después en el Príncipe Felipe, ya con puntos en juego y con consecuencias mucho más profundas para el conjunto extremeño.

No hay una larga tradición de duelos entre zamoranos y cacereños, pero sí dos referencias cercanas que ayudan a entender el momento actual. Una pertenece al verano, cuando los equipos todavía estaban en fase de construcción. La otra llegó en diciembre, en plena competición, y dejó una herida abierta en el entorno verde. Entre una y otra, los precedentes dibujan un relato de igualdad inicial, eficacia zamorana y tensión cacereña.

Tablas en Huelva

El primer cruce llegó el 17 de agosto, en Huelva, dentro del LVI Trofeo Colombino. Cacereño y Zamora firmaron un empate sin goles en un partido espeso, de poco ritmo y escasas ocasiones. El equipo entonces dirigido por Juan Sabas se mostró ordenado, pero con poca mordiente ofensiva. El Cacereño, en cambio, dejó mejores sensaciones por momentos, sobre todo por las bandas, y fue capaz de llevar el duelo de 45 minutos hasta una tanda de penaltis en la que terminó imponiéndose.

Aquel partido tuvo más lectura que brillo. Para el Zamora fue una advertencia sobre su falta de colmillo en el área; para el Cacereño, una prueba de que podía competir de tú a tú ante un rival de su categoría. Los rojiblancos, eso sí, cerraron aquella noche con una alegría mayor: después de caer en los penaltis ante los verdes, derrotaron al Recreativo de Huelva y se llevaron la Carabela de Plata, con Kike Márquez, el eterno exjugador del Extremadura, como gran nombre propio de la jornada.

Claro triunfo zamorano en liga

Meses después, el reencuentro tuvo un tono mucho más crudo. El 12 de diciembre, en la primera vuelta de Primera Federación, el Zamora visitó el Príncipe Felipe y se llevó una victoria incontestable por 0-2. El Cacereño empezó con intención de mandar, pero el golpe llegó pronto: Codina marcó en el minuto 9 y Kike Márquez hizo el segundo en el 21. Dos zarpazos en el primer tramo que dejaron el partido muy cuesta arriba para los de Julio Cobos.

El Cacereño lo intentó tras el descanso con más orgullo que claridad, pero volvió a chocar con su falta de pegada. El Zamora, más sólido y eficaz, gestionó la ventaja sin demasiados sobresaltos. Aquel resultado agravó la herida local: era la cuarta derrota consecutiva en casa y el ambiente terminó por tensarse, hasta el punto de que un grupo de aficionados reprochó los malos resultados al portero Diego Nieves tras el encuentro.

Cobos dejó entonces un diagnóstico que resumía bien la noche: el equipo había jugado más con corazón que con cabeza y había vuelto a pagar su falta de eficacia. El Cacereño quiso, pero no pudo; el Zamora, en cambio, fue maduro para manejar el partido desde sus dos golpes iniciales.

Dos nombres propios

La conexión entre ambos clubes no se limita, además, a esos dos precedentes. En el Zamora aparecen dos nombres con pasado verde y con cargas emocionales muy distintas. Uno es Athuman, central que pasó por el Cacereño hace una década y que formó parte del equipo que descendió a Tercera División en Linares, en una de las tardes más dolorosas de la historia reciente del club. El otro es Jaime Sancho, extremo recordado en Cáceres por su papel clave en el ascenso a Primera Federación de la pasada temporada, uno de esos futbolistas asociados a un recuerdo mucho más luminoso para la afición verde.

Sus casos resumen dos caras de la memoria reciente del Cacereño: la del golpe más duro y la de una de sus alegrías más importantes. Athuman representa un pasado de heridas abiertas, mientras que Sancho forma parte de la generación que devolvió al club al tercer escalón del fútbol español. Ahora ambos están en el otro lado, defendiendo la camiseta de un Zamora que también ha vivido su propio cambio de rumbo durante el campeonato.

El equipo rojiblanco atravesó una crisis en la liga que le llevó a cambiar de entrenador. Juan Sabas dejó paso a Óscar Cano, un relevo que terminó transformando la dinámica zamorana. En el Cacereño, por el contrario, el club mantuvo siempre la confianza en Julio Cobos, incluso en los momentos más delicados de la temporada.

La evolución posterior ha colocado a ambos en estados de ánimo muy distintos a los de aquel encuentro de diciembre. El Cacereño ha encontrado oxígeno con su goleada al Real Madrid Castilla, un 4-1 que le permitió abandonar la zona de descenso y recuperar confianza en una pelea por la permanencia que sigue apretada. El Zamora, por su parte, se ha disparado en el tramo final: venció 1-3 al Lugo en el Anxo Carro, aseguró su presencia en el 'playoff' de ascenso y encadenó cinco victorias consecutivas, una racha que lo sitúa como uno de los equipos más en forma del grupo.

Por eso, los precedentes entre ambos tienen ahora un valor añadido. El Colombino dejó una imagen de equilibrio, de partido cerrado y decidido desde los once metros. El duelo del Príncipe Felipe mostró la versión más eficaz del Zamora y una de las noches más duras del Cacereño en casa. A eso se suman los nombres propios, los caminos cruzados y dos banquillos que han gestionado la crisis de forma diferente. Dos partidos, dos contextos muy distintos y una lectura compartida: cuando Zamora y Cacereño se han cruzado, los detalles, el balón parado y el estado emocional han pesado casi tanto como el juego.

Tracking Pixel Contents