Polideportivo
Dos oros cacereños se cruzan entre la pared y la diana
Juan Carlos Holgado y Alberto Ginés, campeones olímpicos con 29 años de distancia, comparten entrenamiento en Cáceres y cambian por unas horas el arco y la cuerda en un encuentro promovido por el área de Deportes de la Diputación

«Que dos cacereños hayan sido campeones olímpicos, cada uno en su momento, tiene algo de milagroso». Juan Carlos Holgado lo dice mirando a Alberto Ginés y, en realidad, mirando también hacia atrás: hacia Barcelona 92, hacia Tokio 2021 y hacia esa línea improbable que une dos medallas de oro separadas por casi tres décadas, dos deportes minoritarios y una misma raíz. Uno tenía 21 años cuando tocó la gloria con el equipo español de tiro con arco en los Juegos de Barcelona. El otro, 17, cuando se convirtió en el primer campeón olímpico de la historia de la escalada deportiva en Tokio. Los dos nacieron en Cáceres. Los dos se fueron lejos para crecer. Y los dos han vuelto este miércoles a encontrarse en casa.
La escena tuvo algo de intercambio de papeles y de homenaje íntimo, más allá de lo que lucieron ambos con unos lanzamientos notables del escalador y una increíble ascensión del arquero. En el Centro de Tecnificación de la Ciudad Deportiva de Cáceres, Alberto Ginés recibió primero las indicaciones de Holgado en la galería de tiro, situada junto al rocódromo. Después, el arquero cambió la línea de tiro por la pared y recibió instrucciones del campeón olímpico de escalada en las instalaciones que llevan el nombre de Ginés. Cada uno entrenó, durante unos minutos, el deporte que hizo grande al otro. Y los dos aprobaron. Y con nota.
Ginés bromeó después con su estreno ante la diana. «Creo que he hecho un poco de trampa, porque luego me han dicho que él tiraba a 70 metros y yo estaba tirando a cinco», reconoció entre risas. Aun así, le dio para intuir la complejidad de un deporte que desde fuera puede parecer quieto, pero que por dentro exige una precisión feroz. «Todo deporte tiene sus entresijos, sus matices, y sin duda el tiro con arco es complejísimo. He hecho una clase exprés de cinco minutos, pero estaría guay hacer un día de entrenamiento más en profundidad y verlo en situación real. A 70 metros es una locura. Yo creo que con la miopía que tengo ni vería la diana».
Simbología
El encuentro, propiciado por el área de Deportes de la Diputación de Cáceres, tuvo además un valor simbólico evidente. No todos los días coinciden en una misma instalación, entre un rocódromo y una galería de tiro, dos medallistas olímpicos de oro de la misma ciudad. Menos aún cuando sus historias hablan de disciplinas que no siempre tuvieron focos, recursos ni caminos fáciles. Holgado vive actualmente en Suiza. Ginés reside en Barcelona, donde desarrolla buena parte de su preparación. Pero este jueves los dos estaban en Cáceres, convertidos en espejo el uno del otro y en prueba viviente de que también desde Extremadura se puede llegar a la cima.
Holgado observaba a Ginés con una mezcla de admiración y reconocimiento. En el fondo, veía en él algo de su propia historia: la de un chico de Cáceres que un día compitió contra los mejores del mundo sin complejos. El arquero, que actualmente vive en Suiza, insistió durante el encuentro en el valor simbólico de que dos deportistas cacereños hayan alcanzado la cima olímpica en disciplinas tan poco masivas como el tiro con arco y la escalada. No lo planteó como una casualidad, sino como una reivindicación: también desde ciudades alejadas de los grandes centros de tecnificación se puede llegar a lo más alto.
Sí se puede
Alberto Ginés lo explicó con claridad al terminar su entrenamiento. «Creo que los extremeños tenemos cierto complejo de inferioridad. Como decir: somos menos por ser extremeños, podemos conseguir menos o llegar menos lejos que alguien de Madrid, Barcelona o cualquier otro sitio», reflexionó. «Es verdad que tenemos menos recursos o menos gente y, por probabilidad, es más difícil. Pero Juan Carlos y yo somos el ejemplo de que se puede. Por mucho que seas de donde seas, se puede».
Ese fue uno de los mensajes más potentes del día. El orgullo de pertenecer, pero sin folclore vacío. La reivindicación de una tierra que también fabrica campeones olímpicos, aunque a veces no se lo crea del todo. Holgado fue oro en unos Juegos, los de Barcelona, que transformaron el deporte español. Ginés lo fue en Tokio, en una disciplina recién llegada al programa olímpico y con una precocidad que todavía impresiona. Entre uno y otro hay casi 30 años de distancia, otro país deportivo y otra sociedad. Pero también hay un hilo común: Cáceres como punto de partida.
Ginés, que llegó a Cáceres después de competir en China, donde viene de conseguir una plata, aprovechó la visita para entrenar en el rocódromo que lleva su nombre. Eso, admitió, todavía le resulta extraño. «Lo de mi nombre intento no pensarlo mucho, la verdad. Intento verlo más como que ahora tengo un sitio en el que entreno cuando vengo a casa», dijo. Antes, explicó, pasar por Cáceres significaba casi romper la semana de preparación. Ahora puede quedarse varios días, entrenar en condiciones y, al mismo tiempo, disfrutar de su familia. «Es algo que he echado mucho de menos».
La jornada fue completa para él: encuentro con Holgado, entrenamiento, compromisos institucionales y por la tarde una charla abierta en el Complejo Cultural San Francisco. «Hoy es un día completito», resumió. Pero también era una visita deseada. «Venía con muchas ganas. El encuentro era un poco la excusa, pero yo vengo a ver a mi familia», confesó.
Los Ángeles, en el horizonte
El campeón olímpico de escalada atraviesa un momento importante. Después de su experiencia en París y con la vista ya puesta en Los Ángeles, Ginés reconoce que el camino hacia los próximos Juegos se vive de otra manera. «Desde la noche después de la final de París ya estamos pensando en Los Ángeles», contó. La diferencia es que ahora puede centrarse en la dificultad, la modalidad que más le gusta, sin tener que repartir esfuerzos entre bloque y velocidad como en ciclos anteriores. «Quizás más que fácil, el camino se ve más placentero. Ahora me dedico solo a lo que me gusta, que es la dificultad».
Esa palabra, placer, encaja bien en el ambiente del rocódromo. Mientras los niños y jóvenes entrenan en las paredes, Ginés observa una realidad que no existía cuando él empezó. «Éramos muy pocos, sobre todo niños. Cada vez es más fácil que la gente empiece a escalar», recordó. Para él, lo principal es que todo el mundo tenga acceso al deporte. Luego vendrá la competición, el rendimiento o el sueño de ser Alberto Ginés. Pero primero debe estar la puerta abierta.
También habló de la mezcla entre cuerpo y cabeza que exige la escalada de élite. «El físico es fundamental. Si no estás fuerte físicamente, si no estás a nivel, es imposible rendir», afirmó. La mente, añadió, puede ayudar o perjudicar, pero el primer escalón es estar preparado. «La cabeza te da ese plus para estar entre los mejores o para poder rendir cuando tienes un estado de forma muy bueno. Pero el físico es lo primordial».
Holgado y Ginés comparten en la tarde de este jueves una conversación pública en la que, según anticipó el escalador, no habrá un guion demasiado cerrado. «Me gusta más que salga natural, que sea improvisado, más que un diálogo», dijo. Le interesa precisamente ese cruce de experiencias: dos deportistas que se entienden aunque hayan competido en mundos distintos, dos campeones separados por una generación, dos formas de vivir el olimpismo.
30 años de un oro a otro
«Casi 30 años de diferencia entre su medalla y la mía», recordó Ginés. En ese tiempo ha cambiado el deporte español, ha cambiado la sociedad y han cambiado las oportunidades. Pero el fondo del mensaje permanece. Desde Cáceres, con menos estructura y menos ruido, también se puede mirar a unos Juegos Olímpicos sin pedir permiso.
Para Holgado, el encuentro sirvió también para lanzar un mensaje a los jóvenes que entrenaban en el rocódromo: la élite no es patrimonio exclusivo de las grandes capitales. Su oro en Barcelona abrió una puerta en 1992 y el de Ginés, casi tres décadas después, volvió a demostrar que Cáceres también puede escribir páginas propias en la historia olímpica española.
Por eso el encuentro no fue solo una foto entre campeones ni una visita instituciona. Fue la unión de dos historias que rara vez se dan y que, juntas, pesan todavía más: Juan Carlos Holgado y Alberto Ginés, dos oros olímpicos cacereños, enseñándose mutuamente el camino que los llevó a la gloria. Uno con un arco. El otro con una cuerda. Los dos con la misma certeza: el origen no limita la cima.
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