Fútbol. Tercera Federación
Carlos Fernández coge fuerzas en el Camino de Santiago para "comerse el césped" en la UP Plasencia
El joven punta cacereño, formado durante una década en el Diocesano, afronta una nueva etapa tras superar una lesión de menisco y dejar atrás el club de su vida

Carlos Fernández, este martes en un punto del Camino de Santiago. / Cedida

Carlos Fernández Fernández no está estos días parado. Antes de empezar una nueva etapa en la UP Plasencia tras el ascenso a Tercera, el futbolista cacereño ha cambiado por unos días el césped por el Camino de Santiago. Allí, entre etapas, amigos y kilómetros, está cogiendo fuerzas para una temporada que afronta con una ilusión casi impaciente. «Tengo ganas de comerme el césped», resume en un inciso de la ruta. No suena a frase hecha. Suena a necesidad.
Nacido el 9 de septiembre de 2004, Carlos llega al Plasencia después de pasar los últimos diez años en el Diocesano, el club en el que ha crecido como futbolista y subraya también como persona. Antes, sin embargo, hubo un primer punto de partida: el Nuevo Cáceres. Allí empezó en el fútbol base con Quini Corbacho, al que recuerda como una de las personas más importantes de sus inicios. «Fue quien me enseñó», dice. En aquella etapa compartió generación con jugadores como Samuel Expósito, que terminó firmando por el Real Madrid.
Diez años en el Diocesano
Después llegó el salto al Diocesano, siendo infantil de segundo año, con apenas 12 o 13 años. Y desde entonces, una década casi completa ligada al mismo escudo. Infantil, cadete, juvenil, División de Honor y primer equipo. Un camino largo, exigente y muy sentimental para un jugador que siempre ha sentido al club como algo propio. Y así lo expresa, con contundencia.
En el Diocesano se reencontró, además, con una quinta que define como especial. Fue campeón de Extremadura, ganó ligas y vivió algunas de las temporadas que guarda con más cariño. Entre ellas, destaca su año de cadete de División de Honor, cuando fue campeón autonómico y anotó 18 goles. Aquel curso quedó marcado por el covid, una interrupción que todavía siente como una espina clavada. «No sé dónde hubiese estado el año siguiente si no llega a ser por aquello», reconoce.
También conserva como inolvidable su etapa en el equipo colegial de División de Honor juvenil, una categoría en la que pudo competir contra algunos de los mejores clubs del panorama nacional. A nivel individual, firmó nueve goles en una temporada de mucha exigencia, pero también de lesiones. Más tarde llegó su consolidación en el sénior, primero con algunos partidos en el convenio con el Valdefuentes para sumar minutos y después ya con mayor protagonismo en el Diocesano de Tercera. En su segundo año sénior, el equipo se quedó a un punto del playoff. «Hicimos una pedazo de temporada», recuerda.
Los entrenadores que le marcaron
Si hay un entrenador que ha marcado especialmente a Carlos en su etapa en el Diocesano es Jorge Sánchez Cano, ‘el Abuelo’. Estuvo con él desde infantil de segundo año hasta División de Honor y lo define como mucho más que un técnico. «Siempre apostó todo por mí, me demostró toda la confianza y se lo agradezco más que a nadie. Ya es mi amigo más que mi entrenador», afirma.
También menciona a Adolfo Senso, ‘Fito’, otra figura muy presente en su crecimiento. «Con sus más y sus menos, siempre ha estado ligado a mí, se ha preocupado por mí y le debo todo también a él», explica. Y aunque no llegó a estar a las órdenes de Miguel Ángel Ávila, ahora entrenador que acaba de ascender con el Badajoz, como técnico principal, sí coincidió con él en entrenamientos cuando subía con el primer equipo.
Un año difícil
El último año, sin embargo, no fue sencillo. Carlos no pudo competir por una lesión de menisco. Explica que no se trató de una lesión grave en el sentido habitual, pero sí de un problema incómodo y repetido. Pasó por quirófano en agosto y, cuando parecía preparado para volver, las molestias persistieron. En enero tuvo que ser intervenido de nuevo para limar unos picos. El curso se hizo especialmente duro porque, además, el Diocesano descendió y él no pudo ayudar en el campo. «He vivido el descenso del club donde llevo toda la vida y no he podido ayudar en ni un solo partido», lamenta.

Carlos Fernández, con el Diocesano. / JIES / CD Diocesano
Ahora asegura estar totalmente recuperado. Ya entrenó en las últimas semanas de competición y mira al futuro con confianza. La UP Plasencia apareció entonces como una oportunidad importante. No solo por el peso histórico del club en el fútbol extremeño, sino también por el proyecto que se está construyendo en la ciudad y por la confianza que le transmitió Luismi, su nuevo entrenador.
La apuesta de la UPP
«El Plasencia es un club histórico a nivel regional. Yo he ido a ver derbis contra el Cacereño», recuerda. La conversación con Luismi fue clave para decidirse por la UPP. El técnico apostó por él pese a venir de un año complicado por la lesión, algo que Carlos agradece especialmente. «Me reuní con él, apostó por mí y me dio toda la confianza del mundo. Este año la necesitaba bastante después de la lesión», admite.
También le atrae la idea de formar parte de un proyecto que define como «bonito» e «ilusionante», en una ciudad donde se prevé un año especial alrededor del fútbol. Para Carlos, esa confianza tiene un valor añadido: llega después de una temporada en la que no pudo competir y en la que necesitaba volver a sentirse futbolista.
Carlos habla como quien no ha perdido la ambición. Quiere llegar «a lo máximo», aunque lo plantea paso a paso. Tiene claro que el sueño de ser futbolista profesional no se ha apagado. Al contrario. «Creo que tengo cualidades. Es fácil decirlo y difícil demostrarlo, pero creo que lo he demostrado año tras año. Por unas circunstancias u otras no se me ha dado todavía, pero confío y sé que me va a llegar», afirma.
Una familia de fútbol
Esa seguridad no nace solo del carácter. También de una vida familiar muy ligada al fútbol. Su padre, Carlos, conocido como Tachu, también fue futbolista. Su madre, Mamen, ha estado igualmente al lado de Carlos en todo este camino. Y su hermano Jaime, nacido en 2008, juega ahora en el Vedruna en Liga Nacional, después de pasar también por una lesión seria de cruzado. «Ha sido una recuperación de hermanos», cuenta Carlos.
En su entorno también aparece María, su novia, enfermera, otra de las personas importantes en una etapa en la que el futbolista ha necesitado paciencia, apoyo y confianza. Porque no todo ha sido balón. Carlos estudia Magisterio Bilingüe en Cáceres y está ya en el último año de carrera. Hasta ahora compaginaba entrenamientos, gimnasio y clases con una rutina ajustada. Esta temporada lo tendrá algo más ordenado: clases por la mañana, gimnasio en los huecos y entrenamientos por la tarde.
Del Camino al césped
Antes de todo eso, el Camino. No por promesa, sino por experiencia. Llevaba años queriendo hacerlo con un grupo de amigos y este verano encontró el momento. Además, esos 100 kilómetros también son una forma distinta de prepararse para la pretemporada. Caminar, respirar, desconectar y cargar las piernas antes de volver al césped.
La UP Plasencia espera a un futbolista cacereño, joven, formado, ambicioso y con una década de raíces en el Diocesano. Carlos Fernández llega después de un año difícil, pero con el hambre intacta. Del Camino de Santiago al campo. De la lesión a una nueva oportunidad. Y con una frase que resume su estado de ánimo mejor que cualquier presentación: quiere comerse el césped.
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