MUNDIAL 2026
Argentinos en Extremadura: Qué bueno que os quedasteis
Seguidores de la albiceleste asentados en distintos puntos de la comunidad extremeña cuentan cómo construyeron una nueva vida y cómo afrontan una final que enfrenta al país en el que nacieron con la tierra que ya es su hogar

Los protagonistas de este reportaje. / Cedidas

Argentina y Extremadura están separadas por un océano, pero unidas por historias. Algunas comenzaron en una universidad, otras con una oferta de trabajo, un proyecto empresarial o una relación sentimental. Todas terminaron de forma parecida: con quienes llegaron desde el otro lado del Atlántico construyendo aquí una familia, una profesión y un lugar al que ya llaman casa.
La final del domingo entre España y Argentina les obliga a mirar hacia sus dos países. La albiceleste sigue siendo la selección de la infancia y de la familia que quedó atrás. España representa el presente: hijos nacidos aquí, oportunidades encontradas y una vida de la que Extremadura forma parte muy posiblemente para siempre. Gane quien gane, para muchos habrá alegría y también un pellizco de tristeza.

Sebastián Pérez Rocha. / Cedida
La asociación
No resulta sencillo calcular cuántos argentinos viven en la región. La doble nacionalidad y la movilidad dificultan un recuento preciso. La Asociación Cultural de Argentinos en Extremadura, creada para conservar sus costumbres y favorecer el encuentro entre compatriotas, reúne a unas 50 personas, aunque sus responsables saben a ciencia cierta que la comunidad es bastante más amplia.
Uno de sus fundadores es Sebastián Pérez Rocha, de la Córdoba argentina y residente en Cáceres desde hace 22 años. La entidad tomó como referencia los centros creados por los emigrantes españoles en Argentina.
Pérez Rocha, que trabaja en el mundo inmobiliario tras pasar por el de la Educación Social, sostiene que argentinos y extremeños no se parecen tanto como podría creerse. Al principio encontró una sociedad más reservada y un ritmo distinto. El domingo verá la final con varios compatriotas en un bar de Cáceres. Esa misma convivencia entre sentimientos opuestos recorre las historias de Ivar Matusevich, Guillermo Angermair, Fernanda Franco y Marcia Cabas. Menudo quilombo tan macanudo.

Fernanda Franco. / Cedida
FERNANDA FRANCO
La paisana de Leo Messi, agradecida
Fernanda Franco cumplirá en agosto 24 años viviendo en Extremadura. Nació en Rosario y llegó a la región por motivos familiares, pero con el tiempo hizo de Cáceres su hogar. Trabaja como técnica auxiliar educativa con niños con necesidades educativas especiales y asegura que nunca se ha sentido extranjera.
«La gente siempre me ha tratado y acogido muy bien», explica. Considera que la cercanía cultural facilitó una integración sin apenas barreras. Aunque conserva cierto deje, hay personas que se sorprenden cuando cuenta que es de «allá».
En Cáceres, donde su hermano Mariano jugó a rugby con el CAR Cáceres, formó una familia junto a Jonás Hernández, padre de sus hijos, Rocío y Jonás. Ellos representan su vida española, aunque Rosario continúa ocupando un espacio importante.
Fernanda define a los argentinos como emocionales, demostrativos y cariñosos. «Somos muy melosos, muy sobones, como dicen aquí», explica. También los considera sociables, dispuestos a ayudar y «muy echados para adelante».
El rugby
Su conexión deportiva con Argentina llega principalmente a través del rugby. La afición nació por influencia de su hermano mayor. Hasta ella ha empezado a jugar en el CAR Cáceres para ayudar a una sección femenina con dificultades para reunir a un número mínimo de participantes. Rocío lo ha practicado siempre, prolongando una afición familiar fortísima.
El fútbol nunca fue el deporte principal en su casa, pese a que uno de sus abuelos, José Luis ‘Loro’ Gaitán, llegó a jugar con Rosario Central en la máxima categoría y fue bastante conocido en su época, en los años 70 y 80, siendo cinco veces internacional absoluto. Se trata de una ciudad que vio nacer a Leo Messi, el gran referente de la albiceleste, aunque el fútbol comparte foco con el rugby —para los hombres— y el hockey sobre hierba femenino.
Durante el torneo, la familia apoyó a España cuando jugaba España y a Argentina cuando competía la albiceleste. El domingo ya no podrán repartir los ánimos. «Tengo el corazón partido. Gane quien gane, estaré contenta y lo celebraré», confiesa.
En un lado estarán sus hijos españoles y la vida construida durante casi un cuarto de siglo; en el otro, «el corazoncito de la sangre argentina». Para Fernanda no habrá una derrota completa ni una victoria sin un pequeño pellizco de tristeza.

Marcia Cabas y su pareja, Sergio Pescador. / Cedida
MARCIA CABAS
En Xodo se sirven dos patrias
Marcia Cabas llegó a Plasencia después de pasar una etapa en Andorra, donde conoció a Sergio, que es natural de Montehermoso. Ambos trabajaban en la hostelería y hace tres años y medio decidieron regresar a Extremadura para abrir Xodo, el restaurante que comparten en la capital del Jerte y en el que él ejerce como chef.
Natural de la provincia argentina de Santa Fe, Marcia encontró en Plasencia un nuevo hogar. «Me han tratado muy bien. La verdad es que Plasencia es como mi casa», asegura. El restaurante propone una cocina abierta a influencias de diferentes países, basada en pequeños platos para compartir, y ha construido buena parte de su clientela entre los placentinos y los vecinos de las localidades cercanas.
Los reconocimientos recibidos han ayudado a que Xodo comience a atraer también a visitantes de fuera, aunque Marcia destaca especialmente el respaldo cotidiano de la ciudad. La carta del establecimiento, situado en la avenida Juan Carlos I, cambia cada seis meses y el proyecto ha ido creciendo junto a la vida que ella y Sergio han levantado en Extremadura.
El Mundial que une a todos
Marcia sigue el fútbol y comparte la idea de que un Mundial consigue unir a los argentinos por encima de sus numerosas divisiones. «El pueblo se divide muchísimo, pero durante el Mundial, estemos donde estemos y en cualquier parte del mundo, estamos todos juntos», explica. Confirma el tópico de que esa pasión «lleva incluso a algunos aficionados a ahorrar durante años o vender sus cosas para poder acompañar a la selección».
Durante la semifinal de España, Marcia y Sergio prepararon un asado argentino junto a sus hermanos, que se encontraban de vacaciones. La comida sirvió para que los españoles de la familia disfrutaran del partido rodeados de una tradición llegada desde el otro lado del Atlántico.
La final la verán en Málaga, donde estarán de viaje el domingo. Marcia reconoce sin rodeos que desea la victoria de Argentina, pero el rival convierte la cita en algo mucho más complejo a nivel sentimental. «España es mi segundo país, mi casa y mi familia. Pase lo que pase, va a ser triste y alegre a la vez», admite.
Y es que será la segunda final de Mundial que comparta con Sergio, pero desde luego todo será distinto que cuando ambos festejaron juntos la victoria en Catar en 2022.

Iván Matusevich, con su mujer e hijos. / Cedida
IVÁN MATUSEVICH
El politólogo que vive en Mohedas
Ivar Matusevich llegó a Extremadura por amor. Conoció a su mujer, Noelia Crego Martín, mientras ambos estudiaban en la Universidad de Salamanca y la pareja terminó instalándose en Mohedas de Granadilla. Allí construyeron su casa y formaron una familia con sus hijos, David y Octavia. Politólogo de formación, desarrolla su actividad profesional en el entorno del PSOE de la provincia de Cáceres y la Diputación Provincial.
La adaptación a su nueva tierra fue sencilla. «Extremadura es una tierra hospitalaria, de gente maravillosa, honesta y trabajadora. Estoy encantado de la vida y por eso me he quedado aquí», explica. Incluso bromea con que el recibimiento fue tan bueno que nunca sintió la necesidad de buscar a otros compatriotas para sentirse acompañado.
Esa integración no ha borrado su identidad argentina ni una pasión futbolística que vive como seguidor de Boca Juniors. Para Ivar, la selección posee una capacidad casi única para suspender las diferencias políticas, sociales y deportivas de un país acostumbrado a discutirlo todo. «Quizás sea el único proyecto colectivo en el que somos exitosos», reflexiona.
La final la verá durante un viaje familiar a Cerdeña. Su hija apoyará a Argentina, mientras que su hijo no vive el fútbol con la misma intensidad y decidirá sobre la marcha hasta dónde se implica en la cita. Ivar, en cambio, la afrontará con el orgullo que atribuye a una sociedad que encuentra en este deporte uno de sus escasos grandes consensos.
¿El séptimo Mundial de Leo?
Tampoco da por hecho que este sea el último Mundial de Messi. «Le están dando por muerto, pero él todavía no dijo nada. Quién sabe si llega a los 43 y juega otro», comenta. Del capitán destaca especialmente su dimensión humana: «Es un chico de barrio, se casó con su novia de toda la vida, no cambió ni el acento rosarino y siempre trabajó para el equipo».
Su mirada sobre Argentina va más allá del césped. Considera que sus compatriotas son especialmente pasionales con el fútbol, pero también más nostálgicos, nihilistas y proclives al dramatismo en la vida cotidiana. Los pueblos mediterráneos se parecen, sostiene, porque Argentina heredó rasgos españoles e italianos, aunque percibe una diferencia importante.
«Los españoles sabéis disfrutar de la vida más que nosotros», admite. En Extremadura encontró precisamente esa capacidad para disfrutar de lo cercano, una vida familiar y los servicios básicos necesarios en un pequeño municipio.

Guillermo Angermair y su novia, Lidia. / Cedida
GUILLERMO ANGERMAIR
El pádel le convirtió en villanovense
Una llamada cambió el rumbo de Guillermo Angermair en 2014. Este bonaerense de Castelar recibió una propuesta para trabajar como monitor de pádel en el Centro Deportivo Heliópolis de Villanueva de la Serena. Alguien había recomendado su nombre y, un mes después, cruzó el Atlántico para aceptar una oportunidad inesperada.
Fue casi amor a primera vista. «Entre la gente, que es genial, y el club, me quedé aquí y ya no busqué otra cosa», recuerda. Lo que comenzó como un trabajo temporal acabó transformándose en un proyecto de vida.
Con los años dejó de ser monitor y terminó comprando el mismo centro deportivo que lo había llamado desde Extremadura, donde encontró pareja, Lidia. Doce años después, aquel joven recién llegado es ya empresario y dirige el espacio que motivó su viaje.
La cercanía de los vecinos resultó decisiva. Compara el trato cotidiano de Villanueva con el ritmo impersonal de Buenos Aires o Madrid. «Aquí son mucho más cercanos. Lo sentí todo muy cálido desde el principio», explica.
Entre River y dos selecciones
Es seguidor de River Plate y se inclina más por el Atlético que por el Barcelona. Lidia aclara que no responde al estereotipo del argentino pendiente todo el año del fútbol. Su interés crece cuando llega el Mundial.
Durante el torneo ha seguido desde el club los encuentros de España y Argentina, soportando alguna broma cuando la albiceleste estuvo en dificultades. También admira a Messi. «A uno le puede gustar más o menos, pero no se pueden discutir su trayectoria ni sus estadísticas», afirma.
Aún no ha decidido cómo verá la final. Una opción es reunirse con la familia española de Lidia. «Obviamente quiero que gane Argentina, porque uno no puede olvidarse de sus raíces, pero España es el país que me da de comer», reconoce.
Su gratitud hacia la tierra que lo acogió pesa tanto como el deseo deportivo. «Las oportunidades que tuve aquí desde 2014 no las habría tenido en Argentina en toda mi vida», asegura. Por eso, aunque su primera elección sea la albiceleste, un triunfo español tampoco lo sumiría en la tristeza.
Angermair considera que el Mundial posee una fuerza conciliadora excepcional. «Ves juntos a kirchneristas y gente de derechas, a hinchas de River y de Boca. En esta época se une un poco más todo el mundo», concluye. Durante unas semanas, las trincheras argentinas se repliegan ante una camiseta común.
Dioni D’Amaral, la española que se abrió camino en el tango:«Adoro Argentina»
La española Dioni D’Amaral da otra visión: no nació en Extremadura, pero reside de manera permanente en Cáceres y mantiene una relación profunda con Argentina, donde vivió durante ocho años y a la que sigue unida a través del tango, una música en la que llegó a desarrollarse de manera profesional. «Adoro Argentina. Me encanta ese país y allí he sido muy feliz», resume. Recuerda especialmente el cariño con el que fue recibida como española. «Hablan de la madre patria, una expresión que aquí apenas utilizamos, y lo hacen con mucho afecto», explica.
Su primer contacto con la pasión futbolística argentina fue casi sísmico. Durante una de sus primeras semanas en Buenos Aires escuchó un domingo un clamor que la sobresaltó. Pensó que se trataba de un terremoto, pero simplemente uno de los grandes equipos había marcado. «La gente sale corriendo del sofá, abre las ventanas y grita ‘gol’», recuerda.
Los papeles
También presenció celebraciones multitudinarias junto al Obelisco, con aficionados encaramados a marquesinas. Esa intensidad la lleva a afirmar que, pese a tratarse de una sociedad culta y creativa, «en el fútbol pierden todos los papeles».
Para D’Amaral, muchos de los futbolistas proceden simbólicamente del potrero, los terrenos improvisados en los que los niños colocaban dos palos como portería y jugaban durante horas. «Ese origen humilde ayuda a explicar la conexión popular que Argentina establece con quienes llegan a la cima desde el barrio», sentencia.
Lejos de verla como una intrusa en un género tan propio, el público recibió con curiosidad y cariño a aquella española que interpretaba sus canciones conservando parte de su acento. «Me acogieron con los brazos abiertos. Cantar tango con un deje español les parecía maravilloso», relata.
Comprende también por qué tantos argentinos deciden establecerse en España. «Aquí alguien puede levantarse con mil euros en su cuenta y confiar en que conservarán su valor por la noche; en Argentina, la inflación puede haberlos reducido a casi nada durante el mismo día», resume.
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