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Fútbol. Mundial 2026

Don Benito juega en casa la final de Pedro Porro: "Siempre fue un jugador diferente"

La localidad se vuelca con el internacional calabazón y convierte el complejo deportivo que lleva su nombre en una gran grada para seguir el España-Argentina

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Samuel Sánchez

Don Benito

Don Benito y Nueva York están conectados por un nexo común: Pedro Porro y la Selección Española. La final del Mundial, disputada al otro lado del Atlántico, también se juega en la casa del lateral internacional español, es decir, en la localidad calabazona. Allí, en su localidad natal, cada carrera, cada balón y cada imagen suya en las pantallas se vive como si solo estuviera a unos metros, como si fuera posible incluso tocarle con los dedos. El estadio está en Estados Unidos, pero la grada de Pedro Porro, en Don Benito.

La Ciudad Deportiva Pedro Porro ha vuelto a convertirse este domingo en el corazón futbolístico de la localidad. La semifinal frente a Francia sirvió como ensayo general: hubo una buena respuesta de público y el jugador calabazón marcó el segundo tanto de España. Para la final, el Ayuntamiento decidió redoblar la apuesta y colocar dos pantallas gigantes.

Un aficionado se pinta la cara con los colores de España.

Un aficionado se pinta la cara con los colores de España. / El Periódico

Desde varias horas antes ya había presencia de aficionados por estas instalaciones deportivas, la mayoría buscando un buen sitio a la sombra hasta que el sol cayera con el paso de los minutos. Música, animación y una barra han completado un dispositivo preparado para recibir a cientos de personas con camisetas de la selección, banderas y todo tipo de complementos para la ocasión.

Un buen sitio para ver la final

Entre los primeros en llegar estaban Vicente Suárez, de 49 años; su mujer, Bea, y su hijo Marcos, de 9. Algo menos de dos horas antes del comienzo ya buscaban un buen sitio. También habían visto allí la semifinal y no querían perderse una cita que afrontaban con el orgullo de tener a un extremeño y dombenitense en la final de un Mundial.

Elena, de 37 años, acudió con su pareja, Carlos. Reconoce que no es una gran aficionada, pero consideraba que la ocasión merecía hacer una excepción. "Que me guste o no el fútbol es secundario. Son momentos en los que hay que estar", relata. La semifinal la siguió desde casa, aunque tenía claro que una final debía vivirla rodeada de gente.

Pablo, de 12 años, llegó acompañado por sus padres y varios amigos. Todos buscaron un sitio lo más próximo posible a las pantallas para no perderse ningún detalle. Como él, muchos niños contemplan a Porro como la demostración de que alguien que comenzó a jugar en Don Benito puede alcanzar el mayor escenario del fútbol.

Lleno absoluto en Don Benito para ver la final de España.

Lleno absoluto en Don Benito para ver la final de España. / El Periódico

Un chico diferente

Su historia empezó en el Gimnástico Don Benito, donde llegó a debutar con el equipo sénior siendo todavía cadete antes de marcharse a la cantera del Rayo Vallecano. Carlos Moreno, su entrenador durante aquellos años, lo recuerda como "un jugador diferente", aunque destaca especialmente su carácter y su gen competitivo.

Moreno, que acude a ver el partido acompañado de su hijo, admite que nadie podía imaginar que llegaría hasta una final mundialista, pero no le sorprende que lo haya logrado por su capacidad para competir y su humildad. Su personalidad, asegura, sigue siendo la misma que la de aquel joven al que entrenó hace más de una década.

Esa cercanía también se mantiene a través del campus que lleva su nombre. Uno de sus coordinadores, Juan Caballero, considera que Porro es un "verdadero ejemplo" para los niños de Don Benito y, sobre todo, "un espejo en el que se miran". Para ellos es un héroe al que ahora pueden ver disputando el partido más importante del fútbol mundial.

Argentina es el último obstáculo para una España que regresaba a una final 16 años después de levantar la copa en Sudáfrica. El resultado pertenece al terreno de juego, pero el ambiente previo ya dejó su propia fotografía: dos pantallas gigantes, cientos de miradas en una misma dirección y toda una ciudad pendiente de Pedro Porro.

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