Polideportivo
Jesús Blanco, primer premio Cáceres del Deporte: "Me siento recompensado, incluso excesivamente"
El galardonado repasa una vida dedicada a la enseñanza y al baloncesto, recuerda a quienes lo acompañaron y señala la constancia como su principal mérito: «Empecé con nueve años y no lo he dejado nunca»

Jesús Luis Blanco, en una imagen reciente. / Cedida

"Me siento muy recompensado, incluso excesivamente recompensado". Jesús Luis Blanco Morales recibe con sorpresa y humildad su elección como primer Premio Cáceres del Deporte, el principal reconocimiento de unos galardones creados este año por el Ayuntamiento de Cáceres para distinguir a las personas y entidades que han contribuido al crecimiento del deporte en la ciudad.
El expresidente de la Federación Extremeña de Baloncesto (actual presidente de honor), maestro durante 40 años y una de las figuras fundamentales del ascenso del Cáceres CB a la ACB en 1992 considera que no ha hecho nada extraordinario. Tan solo, asegura, dedicar toda su vida a aquello que le apasionaba. "No tengo ninguna marca, no he batido ningún récord. Simplemente he hecho lo que me ha gustado siempre, que es el deporte y, sobre todo, el baloncesto, e intentar aportar lo que pudiera en todas sus facetas", explica a este diario un emotivo Blanco desde su casa de Valencia de Alcántara, donde pasa el verano.

Con miembros del Cáceres CB que protagonizaron el ascenso a la ACB. / Cedida
"A veces, ese tipo de cosas, no en el anonimato, pero sí desde un segundo plano, también tienen su recompensa. Yo me siento muy recompensado, incluso excesivamente recompensado", insiste. El galardón reconoce una trayectoria que atraviesa buena parte de la historia deportiva contemporánea de Cáceres. Blanco fue jugador del San Fernando y del Cáceres, entrenador, directivo, secretario técnico, dirigente federativo y jefe de equipo de selecciones nacionales. Todo ello sin abandonar nunca su profesión de maestro.
La llamada inesperada del alcalde
La noticia le llegó directamente a través del alcalde de Cáceres, Rafael Mateos. Blanco descolgó el teléfono sin reconocer el número y se sorprendió al descubrir quién se encontraba al otro lado.
Cuando el alcalde le explicó el motivo de la llamada, la sorpresa se convirtió en alegría y agradecimiento. "Me quedé anonadado, muy agradecido y muy contento. Que me llamara personalmente para contarme algo que yo ni siquiera sabía que existía me sorprendió gratamente. Fue un detalle que le agradezco y que le honra, porque quiso comunicármelo antes de que se publicara".
Un cacereño nacido «en un palacio»
El reconocimiento coincide con un año especialmente señalado para Blanco, que cumplirá 80 el próximo 15 de octubre. Nació en el Palacio de Godoy, donde en aquella época se encontraba la Casa de la Madre. "Yo he nacido en un palacio", bromea. Su vinculación con Cáceres ha permanecido intacta desde entonces. Incluso cuando tuvo oportunidades para marcharse y aceptar trabajos mucho mejor remunerados, prefirió quedarse en la ciudad.
"Nunca he querido irme de Cáceres. He tenido opciones y me han ofrecido puestos en otros sitios, incluso trabajos en los que podía cobrar cinco veces más. Pero estoy muy tranquilo aquí". Solo pasó fuera los primeros años de su carrera docente. En cuanto tuvo la posibilidad de regresar, lo hizo y no volvió a marcharse. Incluso realizó el servicio militar en la capital cacereña y aprobó durante aquella etapa las oposiciones de Magisterio. "No pude desvincularme de Cáceres para nada", resume.
El baloncesto ha sido el hilo conductor de su vida, aunque no fue el único deporte que practicó. Blanco fue socio fundador del Club de Tenis Cabezarrubia y formó parte de la comisión de diez o doce personas que puso en marcha la entidad. Aquel grupo estuvo capitaneado por Luis Canalejos, a quien define como "el alma mater" del club.
«En el club hay una placa con los nombres de los fundadores y una fotografía de aquella época. Me dio muy fuerte por el tenis y llegué a alternarlo durante bastante tiempo con el baloncesto».
La pareja de Orencio Carrascal
En el tenis formó pareja de dobles con Orencio Carrascal, otra de las figuras históricas del deporte cacereño. Juntos representaron al Club de Tenis Cabezarrubia en numerosos torneos.
"Era una satisfacción jugar con Orencio Carrascal, que era todo un referente. Yo era su pareja y estuvimos varios años compartiendo muchos torneos". El tenis llegó a engancharlo hasta el punto de hacerle dudar, pero el baloncesto terminó imponiéndose.
"Hubo un momento en el que tuve mis dudas porque el tenis me atrapó, pero el baloncesto era demasiado. Además, ofrecía muchas más facetas: podías ser entrenador, directivo o secretario técnico. Todo aquello era mucho más atractivo para mí. El tenis es más frío, estás tú solo y no es lo mismo".
Blanco comenzó a jugar cuando apenas tenía nueve años. Lo hizo de una manera tan humilde como gráfica: con una pelota de goma y utilizando como canastas los aros de las macetas que se encontraban frente a su casa.
"Empecé con nueve años, con una pelota de Gorila, encestando en los aros de las macetas", recuerda. Desde entonces ha seguido vinculado de una manera o de otra al deporte y, sobre todo, al baloncesto de Cáceres.
La decisión más difícil
Su otra gran pasión fue la enseñanza. Durante 40 años ejerció como maestro y llegó a encontrarse ante una decisión que podía haber cambiado por completo su trayectoria.
"Yo era maestro y estaba ejerciendo. Si quería dedicarme exclusivamente al baloncesto, tenía que dejar la escuela. Fue un momento y una decisión muy complicados". Finalmente optó por mantener su profesión y compaginarla con todas las responsabilidades deportivas que pudo asumir.
"Decidí dedicarme a la escuela y compatibilizarla con el baloncesto en todas las facetas posibles. Por eso pasé del Cáceres a la Federación y acabé siendo presidente durante muchos años".
Actualmente continúa siendo presidente de honor de la Federación Extremeña de Baloncesto. Su etapa federativa le permitió estrechar la relación con la Federación Española y con las distintas territoriales, además de representar a España como jefe de equipo en campeonatos europeos.
Trabajó especialmente con la selección española sub-20 femenina y recorrió diferentes países acompañando al combinado nacional. Incluso fuera de Extremadura trataba de ejercer como embajador de su tierra. «Siempre llevaba el nombre de Cáceres. Cuando iba a las concentraciones de las selecciones, llevaba tortas del Casar, patateras y otros productos nuestros. Intentaba promocionar, dentro de la modestia de lo que yo podía hacer, las cosas de nuestra tierra. Y siempre me lo agradecían».

Blanco, en Turquía, como delegado de la selección sub-20. / Cedida
El baloncesto también le dio una familia
Su afán por promocionar este deporte lo llevó también a Valencia de Alcántara para participar en una campaña de divulgación de las que entonces se denominaban Cátedras Deportivas. La iniciativa estuvo auspiciada por Juan Serrano, una persona a la que Blanco agradece especialmente el apoyo recibido al comienzo de su trayectoria.
"Le debo mucho a Juan Serrano porque me ayudó y me promocionó en ese tipo de actividades". En aquella campaña de promoción del baloncesto conoció a quien posteriormente se convertiría en su mujer. Ella se había apuntado precisamente a las actividades organizadas durante su estancia en Valencia de Alcántara.
El municipio pasó desde entonces a formar también parte de su vida. Allí tiene una vivienda y pasa temporadas, aunque no deja lugar para las dudas cuando se le pregunta por sus raíces. "Mi pueblo siempre es Cáceres". Ahora también pasa tiempo en Madrid para ayudar a su hija con sus dos nietos, una niña de seis años y un niño de tres.
Agustí, el primer entrenador
El nuevo premio le ha llevado a recordar a muchas de las personas que lo acompañaron a lo largo de estas décadas. El primer nombre que aparece es el de Agustín Valiente, 'Agusti', su primer entrenador.

En el pabellón Serrano Macayo, con sus amigos Ángel Salgado y Agustín Valiente, 'Agusti'. / Cedida
"Fue quien me descubrió, por decirlo de alguna manera. Me vio jugando un día en los campos de tierra de la Ciudad Deportiva". También se ha acordado de Orencio Carrascal y de Kini Carrasco, de quien asegura que tenía condiciones para haber sido un gran jugador de baloncesto. "Kini podía haber sido un gran jugador, pero la desgracia que tuvo lo desvió hacia otro camino. Después, fíjate hasta dónde ha llegado", señala alguien que se siente casi abrumado con las felicitaciones de tantos amigos, como el expresidente del Plasencia, Antonio Martín Oncina.
Blanco menciona igualmente a Teodoro Casado, «colega en muchos sentidos», y recuerda a quienes, desde diferentes responsabilidades, ayudaron a levantar el deporte cacereño durante décadas.
También destaca la relación que mantuvo con responsables políticos de diferentes ideologías. Cita a José Antonio Monago y a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, aunque con este último coincidió durante menos tiempo.
En Cáceres destaca su trato con alcaldes como Carlos Sánchez Polo y José María Saponi. «José María Saponi hizo mucho para que pudiéramos practicar baloncesto y otros deportes a través del San Fernando de la OJE, porque entonces no había muchos más medios. Tuve con él una relación fenomenal».
Nunca quiso que las diferencias ideológicas entrasen en el terreno deportivo. «No me he decantado nunca por ninguno. Cada persona puede tener sus ideas, pero el deporte es otra cosa y no tiene que ver con la política».
El ascenso que transformó Cáceres
De todos los momentos vividos, ninguno puede compararse con el ascenso del Cáceres CB a la ACB en 1992. Blanco no duda cuando se le pregunta si aquel fue su mayor éxito como dirigente. «Por supuesto. Marcó un antes y un después en mi vida personal y deportiva porque cambió todo».
Aquel equipo, entrenado por Martín Fariñas, presidente de la Federación Extremeña de Baloncesto, culminó una gesta que modificó para siempre la relación de la ciudad con este deporte. Blanco formó parte de un proyecto en el que el trabajo realizado desde los despachos y el banquillo terminó encontrando su recompensa en la pista.
«Puede parecer exagerado, pero Cáceres cambió a partir de aquel día. La gente comenzó a hablar de baloncesto con personas que nunca antes habían hablado de este deporte. Pusimos a Cáceres en el mapa gracias a aquello y empezó a conocerse».
El ascenso fue el resultado de una labor colectiva en la que Blanco reivindica también el papel de Martín Fariñas, responsable del banquillo de aquel equipo que llevó al Cáceres a la máxima categoría del baloncesto español.
Posteriormente, el club llevó el nombre de la ciudad por Europa. Blanco recuerda los viajes a Israel, las competiciones continentales y las fotografías junto a Paco Mangut, Rod Sellers, Nebojsa Ilic y Manolo Flores. También rememora la victoria en Milán y las dificultades que existían entonces para enviar las crónicas y las imágenes de los encuentros.
Pese a su importancia dentro de la entidad, su discreción hizo que apenas apareciera en las fotografías institucionales del ascenso. Durante la recepción celebrada en Mérida con Juan Carlos Rodríguez Ibarra prefirió mantenerse detrás.
«No estoy en ninguna foto porque no consideraba que tuviera que colocarme al lado de Jordi Freixanet y de gente así. Además, aquella noche me habían quitado la barba porque me la había apostado. En alguna fotografía se me ve al fondo, pero como estoy sin barba, ni siquiera se me reconoce».
«Mi mérito es la constancia»
Cuando se le pregunta por el mayor mérito de su trayectoria, Blanco no señala el ascenso, las presidencias, los viajes internacionales ni los premios. «Mi mérito es la constancia».
Se considera una persona privilegiada por haber podido dedicar toda su vida a lo que realmente le gustaba. Reconoce que se encontró con problemas, aunque ninguno llegó a ser tan grave como para hacerlo abandonar.
"He tenido la oportunidad de hacer siempre lo que me gustaba. Ha habido obstáculos, claro, pero no lo suficientemente grandes como para desistir o echarme atrás". Esa continuidad es la que más valora cuando mira hacia atrás. "No he parado en todo este tiempo. No he tenido ni un solo lapsus en el que pudiera decir: “Lo dejé un año”. No lo he dejado nunca".
El Premio Cáceres del Deporte se suma al reconocimiento deportivo que recibió anteriormente en el ámbito regional con el Premio Extremadura del Deporte. Fue hace 10 años. Aquel galardón extremeño también tuvo para él un significado especial porque trascendía el entorno local y lo situaba junto a figuras de gran relevancia. Sin embargo, su discurso sigue siendo el mismo. «Siempre me ha sorprendido recibir premios porque nunca he pensado que estuviera haciendo cosas tan importantes como para merecerlos».
La hermandad entre los deportes
Blanco reivindica además la buena relación que mantuvo con representantes de otras disciplinas en Cáceres. Recuerda una época en la que las personas vinculadas al baloncesto, el fútbol, el voleibol y, posteriormente, el fútbol sala compartían reuniones y amistad sin importar a qué modalidad pertenecieran.
«Había un ambiente entre la gente del deporte, sin distinción de cuál fuera. Fue una época muy bonita».
Entre aquellos compañeros menciona especialmente a Adolfo Gómez ‘Tate’, una de las personas históricamente vinculadas al voleibol cacereño, ahora en el Arroyo. «Siempre lo pongo como ejemplo de persona educada, seria y formal. Es un hombre muy válido y muy buena persona».
La relación entre ambos dio lugar a numerosas anécdotas en el pabellón Serrano Macayo. Los responsables del baloncesto tenían que retirar las canastas para permitir los entrenamientos de voleibol y, en ocasiones, discutían en tono de broma sobre quién debía asumir el trabajo. «Siempre le he reprochado que se dedicara al voleibol y no al baloncesto porque habríamos formado un tándem irrepetible. Se decantó por el voleibol y me hizo polvo», afirma entre risas.
El deporte extremeño mira hacia arriba
Desde la experiencia acumulada durante más de siete décadas, Blanco considera que el deporte extremeño atraviesa un buen momento, especialmente en las modalidades individuales.
Como miembro de diferentes jurados deportivos, ha podido analizar los méritos alcanzados por representantes regionales en disciplinas como el piragüismo, la equitación, el motociclismo o el atletismo. "Hay deportistas con currículos de un nivel altísimo. Se están consiguiendo cosas que eran impensables hace unos años y eso significa que se está trabajando bien".
La situación es diferente en el deporte colectivo, donde considera que falta «un empujoncito» para recuperar etapas como la del Extremadura o el Mérida en Primera División o la del Cáceres en la ACB. También sigue con interés la recuperación del baloncesto en Badajoz, una ciudad que, en su opinión, posee potencial suficiente para competir en categorías superiores.
"Badajoz ha estado siempre en la cabeza del baloncesto extremeño hasta que llegó el Cáceres. Ahora parece encontrarse en un buen momento de recuperación y me alegro. Tiene entidad, afición, instalaciones y un pabellón fabuloso como La Granadilla. Podría estar perfectamente en la ACB».
A punto de cumplir 80 años, Jesús Luis Blanco sigue hablando de deporte con la misma ilusión que aquel niño que lanzaba una pelota de goma contra los aros de las macetas. El primer Premio Cáceres del Deporte reconoce una vida construida entre las aulas, los vestuarios, los despachos y las canchas.
Él continúa convencido de que el reconocimiento es excesivo. "Estoy muy agradecido y muy sorprendido porque no creo que haya hecho tantos méritos como para esto".
Quizá el principal mérito sea precisamente el que él mismo identifica: haber comenzado a los nueve años y no haber parado nunca.
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