Natación
César Castro regresa a París a toda velocidad
El nadador placentino, ejemplo de lucha y superación, afronta el Europeo tras un año complicado, con la mejor marca de su vida en los 100 libre y un papel importante en los relevos de una selección española que aspira alto

César Castro, feliz tras otro de sus logros. / Cedida

César Castro vuelve este viernes a París. Dos años después de cumplir allí el sueño olímpico que las lesiones le habían aplazado durante casi una década, el nadador placentino regresa a la capital francesa para afrontar otro gran campeonato internacional. Esta vez será el Europeo y lo hará después de una temporada en la que ha conseguido recuperar algo que durante demasiado tiempo no pudo dar por descontado: continuidad en los entrenamientos.
"Las sensaciones son bastante buenas", explica horas antes del viaje. El punto de partida no invitaba necesariamente al optimismo. Después de permanecer parado el año pasado, el comienzo de esta temporada volvió a estar condicionado por algunas "peleíllas" con el hombro. La situación cambió en los últimos meses.
«Hemos podido dar con la tecla en esta segunda parte de la temporada, darle continuidad a los entrenamientos y conseguir muy buenos resultados en los Trials», resume.
Los cronómetros confirmaron la mejoría. En Palma de Mallorca, en el Campeonato de España, los 'trials', Castro bajó por primera vez en su carrera de los 48 segundos en los 100 libre. Su 47.98, mejor marca personal, confirmó una transformación deportiva difícil de imaginar cuando, siendo todavía adolescente, estaba considerado uno de los principales proyectos españoles de las pruebas de fondo.
También rindió a buen nivel en los 200 libre, donde se acercó a sus mejores registros. Pero ha sido precisamente el 100 la prueba que mejor ha podido preparar durante estos meses, obligado a trabajar con un volumen más reducido por las molestias físicas. "Sabíamos que estábamos bastante en forma", asegura.
Un Europeo con ambición
París permitirá comprobar hasta dónde llega esa recuperación. En el plano individual únicamente disputará los 100 libre, aunque buena parte de su protagonismo llegará en los relevos. El lunes tiene previsto comenzar con el 4x200 y durante el campeonato puede intervenir también en otras pruebas masculinas y mixtas.
Especialmente altas son las expectativas alrededor del 4x100 libre. "Tenemos un relevo muy ambicioso para intentar luchar por lo más alto. Hay muchas expectativas puestas, tanto por nosotros como por alrededor. Somos cuatro nadadores que, si cumplimos el día que toca, podemos hacer cosas grandes", afirma.
Castro considera que España ha conseguido reunir un grupo de velocistas de un nivel poco habitual hasta ahora. "Nunca se ha conseguido un relevo de tan alto nivel en España", sostiene.
Habla de ambición y de ganas, aunque sabe también que tendrá que administrar los esfuerzos. Puede terminar disputando más pruebas de las que acostumbra en un campeonato internacional y su preparación no ha tenido el volumen habitual. "Vamos como pieza clave para intentar cubrir bastantes relevos y dar descanso. Esto va a suponer un reto porque lo mismo no venimos con tanto entrenamiento para aguantar tanta competición, pero cubriremos esa falta con las ganas y la motivación".
Ahí aparece inevitablemente el hombro. "El verdadero reto será mantener la estabilidad durante toda la competición y ver cómo va respondiendo al cúmulo de pruebas".
Pocas cosas explican mejor la carrera de César Castro que haber tenido que introducir una articulación dentro de la estrategia de cada campeonato.
Una carrera reconstruida
Cuando tenía 16 años, el placentino era uno de los principales talentos de la natación española en las pruebas de fondo. Consiguió la mínima olímpica para Río de Janeiro 2016 en los 1.500 libre, pero una lesión en el hombro y la posterior operación le dejaron sin aquella primera experiencia olímpica.
Fue el comienzo de una larga sucesión de interrupciones, que afrontó con una tenacidad y una lucha a prueba de todo. Los problemas físicos obligaron además a modificar progresivamente su manera de entrenar e incluso las distancias en las que competía. El enorme volumen necesario para preparar los 800 y los 1.500 metros dejó de ser compatible con un hombro que acumulaba dificultades. Los 200 libre aparecieron inicialmente como una alternativa para poder continuar. Acabaron convirtiéndose en mucho más.
Castro encontró allí una segunda carrera deportiva. Llegó a batir el récord de España de los 200 libre y volvió a situarse en el nivel internacional que había apuntado cuando apenas era un adolescente.
Entre medias apareció otro gran objetivo: Tokio. Tampoco pudo ser.
Un nuevo problema físico a pocas semanas del clasificatorio complicó su intento de conseguir la mínima y terminó dejándole fuera de los Juegos. Aquella decepción tuvo consecuencias más profundas que la de Río. Durante aproximadamente tres meses prácticamente se alejó de la piscina, practicó otros deportes y llegó a cuestionarse hasta qué punto merecía la pena seguir intentándolo. Siguió.
Hubo cambios de lugares de entrenamiento, técnicos y objetivos. También una adaptación constante para encontrar la manera de competir sin exigir al cuerpo lo que ya no podía asumir.
Finalmente llegó París 2024. Después de dos intentos frustrados, César Castro pudo llamarse olímpico. Participó con España en los relevos y cerró así una espera de ocho años desde aquella mínima conseguida cuando todavía tenía 16.
Pocas semanas antes de los Juegos ya dejaba abierta la posibilidad de prolongar su carrera hasta Los Ángeles 2028. "No descarto nada", decía entonces. Esa sigue siendo la intención, por supuesto.
Pero inmediatamente colocaba condiciones. Dependía de cómo respondieran las lesiones, de las posibilidades de seguir practicando deporte al máximo nivel y, sobre todo, de conservar internamente las ganas para continuar.
Tras París llegó otro periodo complicado. El hombro volvió a limitar sus entrenamientos y Castro pasó buena parte del siguiente año alejado de la competición. Esta temporada tampoco comenzó completamente limpia, aunque poco a poco fue consiguiendo encadenar semanas de trabajo.
Por eso ahora concede tanto valor a algo aparentemente sencillo: poder entrenar con continuidad. Y el resultado está en el cronómetro.
El 47.98 conseguido en Palma pertenece a un nadador muy diferente del que aspiraba a competir en unos Juegos en los 1.500 metros. El cuerpo le obligó a reducir distancias y él terminó encontrando una forma distinta de mantenerse entre los mejores.
De los 1.500 a los 200. Y de los 200 a convertirse también en un nadador de 47 segundos en los 100 libre. Impresionante.

Antes de una prueba en Mallorca. / Cedida
Mirar también fuera del agua
Mientras intentaba reconstruir una vez más su carrera deportiva, Castro empezó también a conocer cómo podía ser su vida fuera de la natación.
Después de terminar sus estudios universitarios en marketing y comunicación, pasó un año como becario en Cupra, en el mercado de automóviles de alta gama, dentro de un departamento comercial. Fue su primera experiencia prolongada en un entorno laboral alejado del deporte de alto nivel.
"Estuve muy contento de poder vivir esa parte del mundo laboral. El año pasado pude compaginarlo bien", explica a este diario el extremeño justo antes de embarcar.
La experiencia incluso pudo prolongarse. Le plantearon la posibilidad de cubrir alguna baja, pero aquello implicaba asumir mayores responsabilidades justo cuando volvía a aumentar su dedicación a los entrenamientos. Tuvo que rechazarlo. "Requería de más responsabilidad porque ya estaba entrenando", cuenta.
La natación volvió a ocupar el primer plano, aunque Castro se quedó con una experiencia que considera positiva y con la oportunidad de haber conocido una realidad distinta de la piscina.
Ahora vuelve a estar centrado en competir, pero continúa abriendo otras puertas.
En el CN Terrassa, donde vive y se entrena, echa una mano con equipos de categorías infantiles y colabora en tareas de apoyo como segundo entrenador. Paralelamente está realizando los cursos necesarios para obtener la titulación de técnico.
Y ha descubierto que tampoco se encuentra demasiado lejos de su sitio cuando pasa al otro lado de la piscina. "Estoy disfrutando. Me sale muy natural corregir y entrenar a los chavales", reconoce.
Lo contempla como otra posibilidad para el futuro, una puerta más para cuando llegue el momento de decidir qué hacer después de tantos años organizando su vida alrededor de entrenamientos y competiciones. Ese momento, sin embargo, todavía no ha llegado.
Este viernes pone rumbo a París. Lo hace con la mejor marca de su vida en los 100 libre, cerca de sus mejores registros en los 200 y dentro de una selección que cuenta con él para varios relevos. También con la experiencia de quien sabe que una temporada puede cambiar rápidamente y que cada regreso presenta sus propias dificultades.
Hace dos años llegó a esa misma ciudad después de perseguir durante ocho temporadas la condición de olímpico. Ahora regresa de otra manera.
Con muchos menos metros de fondo en los brazos que aquel adolescente especializado en los 1.500, pero con más velocidad que nunca. Con una primera experiencia en el mundo laboral a sus espaldas, los primeros pasos como entrenador y otras posibilidades abiertas para el día en que deje de competir. La natación, de momento, continúa en el centro.
Y París abre otro capítulo para César Castro a toda velocidad.
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