Fútbol. Primera Federación
El mercado "más fácil" de Alfonso Gutiérrez en el Coria: 20 síes en 22 propuestas
El director deportivo del conjunto celeste tiene solo 22 años y ya suma dos ascensos, pero afronta ahora uno de sus mayores desafíos: construir junto a Rai una plantilla competitiva en Primera Federación con uno de los presupuestos más modestos de la categoría

Alfonso Gutiérrez, director deportivo del Coria. / Cedida

El cauriense Alfonso Gutiérrez tiene 22 años, cumplirá 23 el próximo 5 de diciembre y ya sabe lo que es celebrar dos ascensos como director deportivo. Hay carreras en el fútbol que necesitan décadas para acumular experiencias que a él le han llegado de golpe. También responsabilidades. Porque una cosa es entrar joven en un club y otra bastante distinta hacerse cargo de su planificación deportiva con 19 años, encadenar dos saltos de categoría en tres temporadas y encontrarse ahora construyendo un Coria para competir en Primera Federación. Mucho bagaje ahí.
Su caso tiene algo de anomalía en un fútbol cada vez más profesionalizado y especializado. Mientras muchos jóvenes de su edad todavía están buscando el camino laboral que quieren seguir, Gutiérrez lleva tres años tomando decisiones sobre plantillas, negociando con futbolistas y agentes y compartiendo el día a día con un cuerpo técnico al que considera parte esencial de todo lo ocurrido. Todo ello, con Miguel Ángel Ávila en el banquillo, con el primer ascenso, y ahora con Rai Rosa.
La oportunidad apareció con la salida de Jesús Manibardo, su antecesor en el cargo y también uno de los nombres importantes para entender cómo llegó hasta aquí. Gutiérrez llevaba tiempo cerca de él, observando, ayudando y aprendiendo. "Había tenido un gran maestro", recuerda. Cuando Manibardo dejó la dirección deportiva, el Coria eligió una solución que podía parecer arriesgada: entregar el puesto a un chico de la casa de solo 19 años.
Él interpreta aquella decisión como un ejercicio de "valentía y confianza" por parte del club. Y su forma de devolverla fue bastante sencilla de explicar, aunque mucho menos sencilla de ejecutar: trabajar. Tres años después, el balance contiene dos ascensos, el último de ellos hasta una Primera Federación que coloca al Coria ante una dimensión deportiva y económica completamente distinta.
La edad, inevitablemente, llama la atención desde fuera. En su rutina, bastante menos. Gutiérrez asegura que su jornada se reparte casi de una manera matemática: "Mis días tienen 24 horas, de las cuales 18 se las dedico al Coria y seis a dormir". Hay algo de exageración consciente en la frase, pero también bastante descripción del personaje. Reconoce que intenta reservar tiempo para sus amigos y su familia, aunque muchas menos horas de las que le gustaría.
En un club de las dimensiones del Coria, además, la dirección deportiva no siempre termina donde dice la descripción del puesto. "Muchas veces te toca hacer de todo", explica. Y eso alarga jornadas, multiplica tareas y obliga a conocer áreas que en entidades con estructuras mayores estarían repartidas entre varios departamentos.
Del balón al despacho
Quizá por eso su formación anterior encaja mejor de lo que podría parecer. Estudió Asistencia a la Dirección porque siempre tuvo claro que le interesaban la administración, la gestión y el liderazgo. Después completó el máster y el curso universitario de director deportivo de la Federación. El fútbol puso el resto.
Como jugador, en realidad, la historia duró bastante poco. Lo dejó en edad benjamín porque, según cuenta con humor, "el balón y yo no nos llevábamos". Pero nunca se alejó del club. Seguía apareciendo, echando una mano y tratando de conocer cómo funcionaba cada rincón de una entidad que para él nunca fue solo un equipo de fútbol.
Con el tiempo encontró la manera de juntar las dos cosas que más le atraían: el fútbol y la gestión. De ahí salió una vocación que ahora tiene completamente definida. Gutiérrez quiere hacer carrera como director deportivo. También sabe que, por mucho que disfrute de su situación actual, llegará un momento en el que tendrá que salir y probar otros retos.
Trabajar en el club de su localidad tiene, mientras tanto, una doble cara. Está el orgullo, pero también una presión difícil de encontrar en otros lugares. En Coria no puede esconderse detrás de un cargo. La gente lo conoce, lo reconoce por la calle y sabe qué responsabilidad ocupa.
"Te lo tomas como algo tuyo, como algo de tu familia, como algo de tu pueblo", explica. Esa cercanía convierte cada éxito en algo especialmente satisfactorio, aunque también carga cada decisión con un peso añadido: "No puedes fallarle a los tuyos".
Rai, más que el entrenador
Y en ese escenario aparece Rai. La relación entre director deportivo y entrenador es uno de los pilares sobre los que se ha construido el Coria de los últimos tiempos. No se limita a la habitual coordinación profesional entre despacho y banquillo. "Rai es mi mano derecha. Hablo más con él que con cualquiera de mis amigos a lo largo del día", explica Gutiérrez. Para él es "más que un entrenador", alguien a quien considera prácticamente parte de su familia.
Alfonso tampoco quiere que el foco se quede únicamente sobre ellos dos. Cuando repasa el éxito reciente coloca al mismo nivel a Álex Acero, segundo entrenador, al que considera "igual de importante que Rai", y extiende el reconocimiento a una junta directiva que apostó por su proyecto cuando hacerlo suponía confiar en un director deportivo casi adolescente.

En el centro, con Rai y Acero, al certificar el pase al 'playoff' de ascenso. / Cedida
La sintonía entre Gutiérrez y Rai ayuda también a explicar la planificación de este verano. El Coria afronta ahora el enorme reto de competir en Primera Federación con una realidad que no cambia por haber ascendido: sigue siendo uno de los clubes con menos recursos de la categoría.
22 propuestas y 20 jugadores
Ahí aparece una de las contradicciones más interesantes de este mercado. Económicamente, construir la plantilla ha sido difícil. Deportivamente, según el propio Gutiérrez, nunca lo había tenido tan claro. "Para mí ha sido el mercado más fácil desde que estoy aquí", admite.
No porque de repente el Coria pueda competir económicamente con cualquiera. Más bien por todo lo contrario. Alfonso y Rai saben exactamente qué pueden ofrecer y qué perfil necesitan. En lugar de abrir una agenda interminable y probar suerte con centenares de futbolistas, han reducido muchísimo el campo de búsqueda.
La cifra que ofrece el director deportivo resume esa precisión: ha realizado 22 propuestas y 20 de esos jugadores ya pertenecen al Coria.
Para Gutiérrez, el porcentaje roza la perfección. Y, sobre todo, confirma que el trabajo previo funcionó. "No tocamos 300 jugadores para que acaben entrando 20", explica. El club había identificado el mercado al que podía acudir, había fijado sus prioridades y prácticamente todas respondieron de manera positiva. "Eso demuestra que estábamos en el mercado que queríamos, que estábamos con las ideas claras, que nuestro campograma estaba funcionando", sostiene.
La estrategia parte, además, de asumir sin complejos la posición real del Coria. Gutiérrez no pretende vender a los futbolistas una realidad diferente. "Soy el director deportivo del equipo más humilde de la categoría", reconoce.
Desde ahí busca un perfil concreto: jugadores que interpreten esa circunstancia como una oportunidad para crecer, que quieran aprovechar el escaparate de Primera Federación y estén dispuestos a asumir el desafío de competir desde abajo.
"Voy a por los jugadores que creo que pueden venir a querer crecer, venir al equipo más humilde de la categoría y a querer romperla", explica.
Por eso habla de un mercado "más que gratificante" y considera que, desde el despacho, el resultado es un éxito. Pero introduce inmediatamente el matiz que separa cualquier planificación de lo que ocurre después: las operaciones pueden salir como se habían previsto y, aun así, será el campo el que dicte sentencia.
Un ascenso que empezó mucho antes
La ambición tampoco apareció únicamente durante el tramo final de la pasada temporada. Cuando Gutiérrez y Rai renovaron, la petición del club volvía a ser asegurar la permanencia. Ellos entendían que el equipo podía aspirar a algo más y se marcaron internamente el objetivo de alcanzar el playoff.
El campeonato fue alimentando esa convicción. Una racha final de seis partidos sin perder terminó de convencerles de que el grupo había alcanzado el momento decisivo en unas condiciones excepcionales. Según Gutiérrez, el Coria llegó al tramo final "como un avión". Después llegó el ascenso.
Ahora, paradójicamente, mantenerse puede resultar todavía más complicado.
El Coria entra en Primera Federación con unos 850 socios, una población de alrededor de 12.000 habitantes y unos recursos mínimos en comparación con buena parte de sus nuevos rivales. Pero el dinero no lo es todo, tal como expresó en una entrevista en este diario.
Por eso Gutiérrez no rebaja la dimensión del desafío. Al contrario. Considera que conseguir ahora la permanencia podría tener incluso más mérito que el ascenso.
Milagro histórico
"En Primera Federación lo vería como un milagro histórico", asegura. Para el director deportivo, mantenerse tendría "un valor incalculable".
Ese es el nuevo trabajo que tiene delante el director deportivo de 22 años.
Queda lejos aquel niño que dejó de jugar porque el balón no era precisamente su mejor aliado, aunque tampoco ha pasado tanto tiempo. Entre medias estuvo Jesús Manibardo, del que aprendió el oficio; apareció la apuesta de una directiva que decidió entregarle la responsabilidad con 19 años; llegó Rai, convertido en compañero inseparable de proyecto; se consolidó Álex Acero como una pieza fundamental del cuerpo técnico; y aparecieron dos ascensos en tres temporadas.
Gutiérrez disfruta ahora de lo que define como la etapa más feliz de su vida. No oculta, sin embargo, que quiere seguir creciendo, formándose y que algún día tendrá que abandonar casa para conocer otros clubes y enfrentarse a otras experiencias.
Eso llegará después. Ahora tiene por delante una plantilla construida prácticamente con todas las primeras opciones de Alfonso Gutiérrez y Rai Rosa, una categoría desconocida para el Coria y un reto que vuelve a desafiar sus dimensiones.
A los 22 años, su próximo ascenso ya no depende de subir otro peldaño. Consistiría, simplemente, en conseguir que el Coria no bajase ninguno.
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