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Fútbol. Primera Federación

Tatiana y Nerea, 31 años en el Cacereño Femenino y un tributo

Las dos futbolistas históricas del club local, emocionadas en el reconocimiento recibido antes del Cacereño-Mirandés, en el que hicieron el saque de honor, recién retiradas, cierran una etapa que abarca buena parte de la evolución del club extremeño. Ambas han marcado el camino de la entidad

Las dos jugadoras, saludando durante el homenaje.

Las dos jugadoras, saludando durante el homenaje. / Vanessa Pavón

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José María Ortiz

José María Ortiz

Cáceres

Tatiana Fernández y Nerea Sánchez volvieron a compartir césped este viernes. Esta vez no había puntos en juego, ninguna portería que defender ni un gol que buscar. Las dos históricas del Cacereño Femenino fueron las encargadas de realizar el saque de honor antes del Cacereño-Mirandés en el Príncipe Felipe, un reconocimiento a dos trayectorias sin las que resulta difícil explicar buena parte de la historia reciente de la entidad. Con ellas, las jugadoras del club haciendo pasillo para darle emotividad a todo.

Pasillo a las históricas.

Pasillo a las históricas. / Vanessa Pavón

Las dos colgaron las botas este verano con apenas unas semanas de diferencia. Tatiana lo hizo después de 19 años alrededor de la portería verde. Nerea puso fin a una etapa de 12 años en el club. Entre ambas suman 31 años de fútbol en un mismo proyecto y, sobre todo, más de una década compartiendo vestuario, entrenamientos, viajes, alegrías y temporadas difíciles.

Cambió el fútbol femenino. Cambió el equipo. Cambiaron las categorías, las compañeras, los rivales y las dimensiones del proyecto. Ellas permanecieron.

Toda una vida juntas

Tatiana Fernández Bernal, nacida en Monroy el 22 de abril de 1993, aparece vinculada al primer equipo del antiguo Femenino Cáceres desde la temporada 2009/10, cuando apenas tenía 16 años. Su historia avanzó prácticamente en paralelo a la del propio club hasta convertirla en capitana, referente y una de las futbolistas más reconocibles del fútbol femenino extremeño.

Nerea Sánchez Herruzo llegó algo después. Nacida en Sagrajas el 17 de junio de 1994, aterrizó en Cáceres con 18 años procedente del Comarca Llanos de Olivenza. Lo que podía haber sido una etapa más terminó ocupando prácticamente toda su carrera como futbolista adulta. Doce años. Los mismos doce en los que tuvo a Tatiana al otro lado del campo.

Una era portera. La otra comenzó siendo una futbolista eminentemente ofensiva y acabó demostrando una polivalencia que incluso la llevó a actuar en defensa durante la última parte de su trayectoria. Dos maneras diferentes de jugar y también dos formas distintas de expresar una misma condición: la de futbolistas de club.

Tatiana fue voz, carácter y mando desde atrás. La portera que ordenaba, corregía y empujaba. La eterna número 25. Una futbolista cuya importancia trascendió las paradas hasta el punto de que Ernesto Sánchez la definió al anunciarse su retirada como «la mejor jugadora de la historia del club».

Nerea representó otro tipo de constancia. Una jugadora capaz de adaptarse a lo que necesitara el equipo, asumir diferentes funciones y continuar compitiendo cuando su propio cuerpo comenzó a ponérselo mucho más difícil.

Del Femenino Cáceres a otra realidad

Sus carreras sirven también para medir cuánto ha cambiado aquello que encontraron al llegar.

Tatiana estuvo prácticamente desde el origen. Nerea se incorporó cuando el proyecto todavía estaba muy lejos de la exposición y las estructuras que rodean actualmente a las principales categorías del fútbol femenino. Juntas atravesaron el paso de aquel Femenino Cáceres al actual Cacereño Femenino, los cambios de categoría y el crecimiento de una competición que cada temporada fue exigiendo más.

El aumento del seguimiento mediático, las retransmisiones de partidos, la aparición de estructuras cada vez más profesionalizadas y la entrada de clubes con mayores recursos fueron transformando el escenario. El Cacereño trató de crecer dentro de esa nueva realidad sin perder una identidad en la que durante años hubo nombres que funcionaron como puntos de referencia.

Tatiana y Nerea fueron dos de ellos.

Por eso su importancia no se mide únicamente por partidos, goles, paradas o temporadas. Las dos permiten establecer un hilo entre diferentes épocas del equipo. Estuvieron cuando había mucho por construir y continuaron cuando el Cacereño Femenino empezó a enfrentarse a proyectos de una dimensión que años antes parecía difícil imaginar.

«Apoyaré desde donde sea»

El final tampoco ha significado una ruptura total.

En noviembre de 2024, mientras se recuperaba de una lesión de rodilla y observaba cómo Delia Baz ocupaba la portería, Tatiana dejó una frase que adquirió otro significado cuando llegó su retirada: «Yo apoyaré desde donde sea».

Entonces hablaba de su manera de entender el equipo incluso cuando no podía ayudar desde el campo. Ahora aquella declaración parece describir también su nueva vida.

Tati ha dejado los guantes, pero continúa al lado de Ernesto Sánchez como ayudante en el cuerpo técnico del Cacereño Femenino. Ya no ordenará la defensa desde la portería. Lo hará desde fuera. Ha cambiado el lugar, no el vínculo.

También Nerea seguirá ligada al club después de una retirada que hace apenas unos meses ni ella misma parecía contemplar de manera inmediata.

En diciembre de 2025 todavía respondía «hasta que pueda, hasta que no me encuentre ya bien» cuando se le preguntaba cuánto tiempo pensaba continuar jugando. Incluso calculaba entonces que podían quedarle un par de temporadas. El desenlace llegó antes.

La última batalla de Nerea

Los dos últimos años de la carrera de Nerea estuvieron marcados por un problema de tiroides que afectó notablemente a su rendimiento. Durante mucho tiempo no entendía por qué su cuerpo no respondía pese a incrementar el trabajo.

«He trabajado hasta tres veces más para estar un poco más a la altura», relató en una entrevista con El Periódico Extremadura. Llegó a pensar en abandonar, aunque su carácter retrasó aquella decisión.

«En realidad no lo he querido dejar nunca. Mi forma de ser no me lo ha permitido», reconocía.

Una vez regulado el problema recuperó sensaciones y protagonismo. En diciembre de la pasada temporada marcó además el gol de la victoria frente al Betis, uno de esos momentos que adquirieron un significado diferente después de meses trabajando prácticamente en silencio.

Fuera del campo también había otra vida. Entrenamientos, gimnasio y la preparación de las oposiciones a la Guardia Civil convivían en una rutina que hacía todavía más exigente continuar jugando.

Finalmente eligió parar. Pero, como Tatiana, dejó el fútbol sin dejar el Cacereño Femenino.

El mismo balón, de otra manera

Por eso el saque de honor de este viernes contenía bastante más que un gesto protocolario.

Por primera vez después de tantos años, Tatiana y Nerea pisaron juntas el césped con la certeza de que ya no tenían que disputar el siguiente balón. Detrás quedaban más de una década compartida y dos carreras que permiten reconstruir una parte sustancial de la evolución del fútbol femenino en Cáceres.

Una desde Monroy. Otra desde Sagrajas. Una bajo palos y otra recorriendo prácticamente todo el campo. Dos futbolistas diferentes que acabaron convirtiéndose en parte de la memoria del mismo club.

El Cacereño-Mirandés debía abrir después una nueva temporada en el Príncipe Felipe. Antes de hacerlo, el primer balón quedó para dos jugadoras que ayudaron durante años a que otro equipo de la entidad pudiera recorrer su propio camino.

Tatiana y Nerea ya no tendrán que jugarlo. Ahora les toca verlo continuar.

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