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Turismo

De clase media al lujo: España sube la categoría de su oferta hotelera de tres a cuatro estrellas

El crecimiento continuado de turistas, la entrada de inversores internacionales y las reformas de antiguos establecimientos elevan la calidad y el precio de los establecimientos hoteleros

Uno de los hoteles de Meliá.

Uno de los hoteles de Meliá. / Imagen cedida

Sara Ledo

Sara Ledo

Madrid

En el año 2000 había en España 1,2 millones de plazas hoteleras disponibles y la categoría principal era la de tres estrellas, con 491.010 camas, casi el 40% del total, seguido de los establecimientos de cuatro estrellas, con 257.540 plazas (21%). A día de hoy, con 1,9 millones de plazas en total, el segmento principal es el de cuatro estrellas, que se ha multiplicado hasta las 953.652 camas y el 50% de la capacidad disponible total. Los hoteles de tres estrellas han reducido su presencia hasta el 25% (471.693 camas).

Además, la oferta de cinco estrellas se multiplica por cinco, hasta 131.797 camas, mientras las plazas en establecimientos de dos y una estrella se han reducido en un 20%, hasta 125.826 y 59.638 plazas, respectivamente.

Esa es la fotografía de cómo se ha reconfigurado el mapa hotelero en los últimos 25 años en España y que se ha acelerado tras la pandemia del coronavirus, con el crecimiento de las categorías de lujo en detrimento de la clase media. Y la razón está en el auge de la demanda de viajeros, la entrada de inversores internacionales en un sector que hasta hace unos años era eminentemente familiar y el reposicionamiento de viejos establecimientos a través de las reformas.

Pero también por la evolución del turismo en las ciudades, con una mejora de los destinos que se ha trasladado a los establecimientos, según el investigador del grupo Noutur de la Universidad Oberta de Catalunya, Pablo Díaz Luque. “El embellecimiento de las ciudades por parte de la administración local, con una mayor oferta de servicios en los centros urbanos, también ha repercutido en poder ofrecer hoteles de mejores categorías”, defiende Díaz Luque.

Pero no es lo mismo camas que establecimientos. Pues el número de hoteles abiertos en España se ha mantenido prácticamente invariable -en el entorno de los 16.000 alojamientos- con los hostales como el tipo principal, aunque reducen su presencia a la mitad frente a los años 2000.

El motivo de que la oferta hotelera se haya mantenido prácticamente sin cambios a lo largo de los años, a excepción de la pandemia, se debe a las limitaciones existentes, como “la disponibilidad de terrenos, las presiones regulatorias y la priorización de la calidad sobre la cantidad”, según el último informe de Cushman & Wakefield sobre el comportamiento del sector hotelero en el primer semestre de este año.

De hecho, en muchos de los grandes destinos españoles solo se otorgan licencias para hoteles de 5 estrellas, según el secretario general de Cehat, Ramón Estalella. “En un edificio emblemático de una gran ciudad, por ejemplo, no te dejan hacer un dos o un tres estrellas, solo cinco estrellas”, afirma.

Incremento de turistas

En la última década, el número de turistas extranjeros que visitan España ha pasado de los 68,1 millones en 2015 a los alrededor de 98 millones que llegarán durante todo este año. Y se ha visto acompañado de un crecimiento de las tarifas. En 2015 una noche en un hotel de cinco estrellas costaba de media 170,30 euros, mientras que diez años después asciende a 296,51 euros. En el caso de las cuatro estrellas la diferencia va de los 86,81 euros de hace una década a los 136,27 euros actuales.

Y esto se traduce en un beneficio por habitación disponible (Revpar, por sus siglas en inglés) de 229,71 euros en el caso de las cinco estrellas y de 115,79 de los establecimientos de cuatro estrellas. “A pesar de la demanda récord, la oferta hotelera no ha crecido al mismo ritmo, lo que ha generado un desequilibrio que ha contribuido al aumento de los precios y a la mejora de los indicadores de rendimiento”, recoge la consultora Cushman & Wakefield en el informe sobre el comportamiento del sector hotelero en el primer semestre de este año.

Inversores internacionales

Ante las dificultades de nuevos desarrollos edificatorios es el número de habitaciones lo que crece a lo largo de los años. Las plazas hoteleras han pasado de 1,2 millones en los años 2.000 a 1,9 millones este año, unas 100.000 más que en 2019, lo cual se explica por el reposicionamiento hacia establecimientos de mayor categoría, que son más grandes y más rentables.

“En los últimos cinco o seis años ha habido mucha entrada de inversores en el sector hotelero, que han comprado activos existentes, normalmente hoteles de tres estrellas y los han transformado para reposicionar esos activos”, explica el socio co-director de la división hotelera de Cushman & Wakefield, Bruno Hallé. El consultor achaca este cambio también a la consolidación de marcas internacionales en España, como Marriot o Hilton al calor de los incrementos de demanda.

Marcas españolas

Pero también el cambio de patrón de las hoteleras nacionales, como Meliá, Barceló o RIU, que han apostado por el lujo en sus últimas aperturas. Sin ir más lejos, esta semana RIU reinauguró el Hotel Riu Palace Calypso en las Islas Canarias tras una reforma completa que le ha llevado a aumentar de categoría al producto prémiun de la cadena (RIU Palace).

En el reposicionamiento de las marcas españolas tiene mucho que ver también la profesionalización del sector y el cambio de un modelo basado en la propiedad a uno basado en la franquicia, el alquiler o la gestión. Esta fórmula es mucho menos intensiva en capital permite a las marcas crecer más rápido a un coste menor. “Muchos hoteles eran propiedad de un emprendedor y han pasado a una segunda o tercera generación de propietarios y prefieren ir de la mano de una cadena que sabe gestionarlo y en otros casos son inversores que se meten en esto”, añade Estalella.

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