El cambio climático, esa amenaza invisible de la que se viene hablando desde hace años, ya es toda una realidad. Los cada vez más habituales cataclismos meteorológicos, el empequeñecimiento de los polos, la deforestación, la pérdida de biodiversidad o, incluso, la aparición de nuevas enfermedades, evidencian la necesidad de adoptar medidas urgentes y decididas que eviten una crisis social y económica de no retorno . Y en eso están los gobiernos, con acuerdos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o la Agenda 2030 de la Unión Europea (UE), que buscan reducir de forma drástica las emisiones contaminantes. En el punto de mira se encuentran sectores como el energético, el transporte, el textil, la alimentación o la construcción, que fruto de su cada vez mayor conciencia ecológica,

A nivel planetario, y según las estimaciones realizadas por organismos como la propia ONU, la UE, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y diferentes agencias especializadas, el sector energético genera la mayor parte de las emisiones de CO2, alrededor de un 60 %, si bien es cierto que estos porcentajes se reducen a un 25% en el caso de Europa. La quema de combustibles fósiles, así como el petróleo y sus derivados, se esconden detrás de esta realidad. El transporte, en este contexto, es otro de los grandes contaminantes, hasta el punto de que coches, furgonetas, camiones y autobuses generan el 70% de los gases invernadero del continente europeo. El resto, corresponde al transporte marítimo y aéreo.

El sector de la moda también aparece como uno de los de mayor impacto ambiental, tanto por la contaminación como por el elevado consumo de agua, algo que se explica en la producción masiva de ropa, casi de usar y tirar, generada por las tendencias cambiantes . Otro que forma parte del ranking es la alimentación, debido a la generación de CO2, alrededor de un 10%, y por el consumo del 70% de los recursos hídricos del planeta en granjas y cultivos. La utilización masiva de envases es otro factor a tener en cuenta. La, por última, también está señalada, debido a que la mayor parte del parque inmobiliario está obsoleto y, en consecuencia, hay más edificios contaminantes que son construcciones sostenibles, hasta el punto de que la mitad de la polución en las ciudades obedece a este motivo. 

Ante este panorama, no es de extrañar que a nivel internacional los gobiernos estén adquiriendo compromisos para hacer frente a la emergencia climática. Los más ambiciosos, de hecho, corren a cargo de la UE, que se ha propuesto reducir en 2030 un 55% las emisiones en relación a las que se generan en 1990, con el objetivo puesto en alcanzar en 2050 la neutralidad climática o, lo que es lo mismo, permitir solo aquellos que pueden asumir sumideros como los bosques. Queda, por tanto, un largo camino que recorrer.

En España, sin ir más lejos, los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Transición Ecológica indican que las emisiones brutas de CO2 se situaron en 2020 en 271,5 millones de toneladas, lo que supone una auténtica barbaridad. Sin embargo, también hay motivos para la esperanza, dado que, con relación a 2019, se redujo un 13,7%, cayendo por primera vez por debajo de los niveles de 1990, algo que hay que atribuir en parte al parón provocado por la pandemia de covid, pero también a las acciones emprendidas por los diferentes sectores.

En el caso del sector energético, y según explican desde la Asociación de Empresas de Energía Eléctrica (Aelec), la escalada de los precios en los mercados mayoristas, debido al encarecimiento del gas y, en menor medida, a los derechos de emisión de CO2 , no hace sino confirmar la necesidad de reducir la dependencia de la UE de los combustibles fósiles y redoblar la apuesta por las energías renovables. Se trata, por tanto, de una apuesta económica, pero también medioambiental.

En Endesa destacan que han reducido un 70% sus emisiones desde la adopción del Acuerdo de París en 2015, y más de un 80% desde 2005, cuando entró en vigor el Protocolo de Kioto. Todo ello en base a una política de impulso de proyectos de fuentes renovables (hidráulica solar y eólica), y al plan de cierre de plantas de carbón. El objetivo pasa por convertirse en una empresa totalmente libre de emisiones en 2040.

El grupo Iberdrola, por otro lado, comenzó a apostar por las energías renovables hace más de dos décadas, siendo hoy líder mundial en este terreno con 38.000 MW de capacidad instalada en todo el mundo. A través de su plan inversor, prevé duplicar dicha potencia en 2025. Paralelamente, impulsa la transición hacia la movilidad sostenible con el uso de 150.000 puntos de recarga. 

Repsol, a medio camino entre el sector energético y el químico, persigue el objetivo de llegar a las cero emisiones netas en 2050. En el periodo comprendido entre 2021 y 2025 destinará 6.500 millones de euros a proyectos bajos en carbono, al tiempo que tiene previsto aumentar un 60% en 2030 la capacidad instalada de generación renovable. También maneja planes ambiciosos en hidrógeno renovable y en el diseño de materiales reciclables. Tiene en marcha la construcción en Cartagena de la primera planta de biocombustibles avanzados de España, y proyecta otra en Bilbao para generar gas a partir de residuos urbanos.

¿Y qué es lo que hace el sector del transporte? El presidente de la patronal Uno Logística, Francisco Aranda , subraya el gran esfuerzo llevado a cabo por numerosas empresas a la hora de renovar sus flotas con camiones que funcionan con gas natural. Este es el caso, sin ir más lejos, de Seur, que tiene entre sus retos reducir un 30% sus emisiones para 2025 y realizar un reparto 100% ecológico en los centros de 20 ciudades españolas y 200 europeas. Sin embargo, esta apuesta sectorial se está encontrando con el inconveniente que supone que el precio del gas se haya incrementado un 365% en los últimos tiempos por causas, destaca Aranda, "ajenas a las empresas, que se encuentran en una situación de emergencia. Si no hay ayudas, es evidente que va a desincentivar, y mucho, la apuesta por el transporte sostenible".

El textil nacional, por su parte, también piensa en verde, como así lo asegura el vicepresidente del Consejo Intertextil Español, Pepe Serna , quien destaca que las empresas están apostando cada vez más por las fibras recicladas y por prendas de mayor duración, huyendo del usar y tirar. Un ejemplo de ello lo encarna Hilaturas Ferre, ubicada en el municipio alicantino de Banyeres, que trabaja para gigantes como Inditex o Mango. Según explica su gerente, Luis Pita, la marca Recover, en la que tiene participación la firma, transforma residuos textiles en las fibras que posteriormente, ya en las instalaciones de Ferre, se definirán en hilos. El sistema permite, además, contar con una gama de 350 colores diferentes sin tener que volver a tintar, puesto que se aprovechan los que ya tienen los materiales reutilizados. De esta forma, se ahorrarán 43.000 millones anuales de litros de agua en la fabricación.

La Federación Española de la Industria de la Alimentación y Bebidas (Fiab), por otro lado, asegura que es un sector comprometido con la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático. En este sentido, destacan las iniciativas puestas en marcha para mejorar la gestión del agua, reducir la emisión de gases, reciclar los envases y evitar desperdicios alimentarios. Empresas como la embotelladora de agua Bezoya, por poner un ejemplo, cuentan con la práctica totalidad de sus formatos compuestos por plástico 100% reciclado.

La Federación Española de la Industria de la Alimentación y Bebidas (Fiab), por otro lado, asegura que es un sector comprometido con la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático. En este sentido, destacan las iniciativas puestas en marcha para mejorar la gestión del agua, reducir la emisión de gases, reciclar los envases y evitar desperdicios alimentarios. Empresas como la embotelladora de agua Bezoya, por poner un ejemplo, cuentan con la práctica totalidad de sus formatos compuestos por plástico 100% reciclado. Paralelamente, desde la Federación Empresarial de Carnes e Industrias Cárnicas (Fecic), presidida por Josep Collado, así como desde la firma porcina Grupo Jorge, con sede en Zaragoza, se asegura que las granjas se están modernizando y cada vez cuentan con mejores sistemas de gestión de residuos, por lo que generan menos impactos.

Por último, la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) tiene claro que el sector debe ser un gran aliado contra el cambio climático con el incremento de espacios verdes en las ciudades y la habilitación de defensas contra desastres meteorológicos. Desde la patronal, sin embargo, lamentan que la inversión en infraestructuras de canalización de cauces o la construcción de diques no haya parado de caer desde 2012. Tanto esta patronal como la Asociación Nacional de Distribuidores de Cerámica y Materiales de Construcción (Andimac) destacan la contribución del sector a la reducción de emisiones a través de la mejora de las eficiencias energéticas de los edificios. Un ejemplo lo constituye la empresa Idaterm, con sede en diferentes ciudades españolas, que aparte de mejorar las condiciones de las viviendas,