Alguien que sabe de adolescentes, y mucho, es Pedro García Aguado. El presentador del programa de televisión Hermano Mayor y fundador del proyecto Aprender a educar nos habló en su ponencia de cómo educar a los adolescentes. Además de divertido, Pedro nos abrió los ojos sobre algunos aspectos de nuestros hijos.

Pedro García Aguado comienza su intervención afirmando dos cosas: que es consciente de que siempre va a ser el ‘Hermano Mayor’, y que no está certificado como coach. Con respecto a esto, dice que ha explorado un poco y que en el coaching se utiliza mucho la pregunta para qué y no por qué. “Nosotros, desde el proyecto Aprender a educar pensamos que educamos para que nuestros hijos y nuestras hijas sean felices”. ¿Y qué significa para unas madres y padres que sus hijos sean felices? Señala Pedro, “que sus hijos sepan valerse por sí mismos, que tengan valores, que sean solidarios, pero sobre todo, que sepan manejarse ante la adversidad”. Y añade las obligaciones que tenemos como madres y padres según el Código Civil: “Protegerles, amarles, proveerles de alimentos, de cobijo… hasta que sepan valerse por sí mismos”.

Entonces cuenta una historia real que les pasó en la fundación: “El otro día nos llamó una señora a la asesoría muy angustiada: ‘Mi niño no recoge, mi niño no me ayuda, mi niño me grita cuando pasa por el pasillo, mi niño me empuja a veces… Mi niño no va a trabajar’ ‘¿Qué edad tiene su niño?’, le preguntamos. ‘48 años’, respondió”. Aguado resalta que hay que tener cuidado con eso de “valerse por sí mismos”, porque es un poco trampa. “La obligación de un hijo/a no emancipado es obedecer, respetar y ayudar a liberar las cargas del hogar, según sus posibilidades”.

Después de hablar del para qué, el experto en adolescentes nos describe cómo son ellos. “Hijos redondos e hijos cuadrados”, dice, y nos explica los dos casos con sus hijas: “Yo tengo dos hijas, una de 20 años, Claudia, redondísima. Nació, le pusimos el pañal, fenomenal, mira qué bien gira, sobresaliente, notable… Ahora estudios superiores, se va a casar con quien yo quiera. Ni un problema, os lo prometo.

Y luego están los hijos o las hijas cuadradas. Mi hija Natalia. Las quiero muchísimo a las dos. Esta no gira. Nació, le pusimos el pañal y no gira, la vas empujando y empujando. Es maravillosa. Ahora me ha dicho que quiere ser diseñadora de interiores. No ha comprado la revista El Mueble en su vida, ni la he visto dibujar. Se apuntó a Bachillerato artístico, no aprobó ni una, menos Dibujo”.

¿Qué quiere decir con esto? Nos da la clave: “Es importante entender que tenemos que educar y querer al hijo, a la hija que tenemos, y no a la que nos gustaría tener. Porque tendemos como padres y como madres a compararlos. ‘Mira tu hermana cómo es, por qué no eres como tu hermana, por qué no estudias como ella?’ ‘Porque yo soy cuadrada’”.

¿Cómo somos las madres y padres? ¡Hay varios modelos!

Los hijos son redondos o cuadrados y ¿cómo son las madres y padres? Aguado nos explica los diferentes modelos educativos:

  • El autoritario. “Es el de ‘porque lo digo yo, porque tengo mucha más experiencia’. Ese modelo capa. Desde la autoridad, lo que haces es adiestrar, no educas, no enseñas nada. Y el resultado no es agradable”, subraya.
  • El sobreprotector. “Este es en el que nos hemos especializado. Ha habido un cambio socioeconómico y socioeducativo y nos hemos vuelto muy sobreprotectores. No queremos que se quiebren, que sufran, que se traumaticen, y les queremos de manera irresponsable. Les damos y satisfacemos todos sus deseos de manera inmediata y eso hace que, a veces, cuando las cosas no van como ellos quieren, como pasaba en el programa Hermano Mayor, reaccionen con violencia”, asegura Pedro.
  • Tal y como educamos, el resultado puede ser de una manera o de otra.
  • El colega. “Luego está el modelo del best friend forever… Coleguitas. Este modelo es muy fácil. Tú no le dices que no a tu hijo, te apuntas a todas las fiestas… lo que sea. Pero llegará un momento, en el que como padre o como madre, le vas a tener que decir ‘No. Eso no te lo puedo permitir, hijo’. Y en ese momento, ellos se van a sentir traicionados. ‘Me habías dicho que podía hacer todo lo que quisiera’. Esta forma educativa hace que no nos desgastemos, hasta ese momento en que tengamos que decir que no”, afirma.

Indica Pedro García Aguado que estos tres modelos están muy asociados con lo que veíamos en el programa Hermano Mayor, pero matiza, “aquellos padres y aquellas madres lo hacían con todo el amor del mundo, no sabían hacerlo de otra manera, entonces no puedes juzgar a alguien porque no sepa hacerlo de otra manera”.

El modelo ideal sería entonces aquel en el que puedes conversar con tu hijo o hija y él lo entiende todo y hay buena comunicación. Lo escenifica de la siguiente manera:

  • Hijo, ¿qué te ha pasado? ¿Por qué te han quitado el móvil en el colegio?
  • Bueno, papá, porque te estaba escribiendo un mensaje, porque te quiero mucho y no quería salir a la puerta, que hay mucha droga…
  • Bueno, hijo, yo te quiero mucho, pero te vas a quedar tres días sin móvil porque ya lo hablamos…
  • Vale, papá, soy muy comprensivo. Pero te digo una cosa: Me van a mandar los apuntes por WhatsApp, y como no lea los apuntes, voy a suspender.
  • Eso no me vale, hijo, esa excusa la inventé yo.

Tras los aplausos y las risas del público, Aguado se explica diciendo que ese modelo conciliador y democrático llega si hay comunicación y si tanto el padre como la madre van en la misma dirección, porque muchas veces nosotras decimos que sí y ellos que no, o al revés, y eso lo que provoca en los hijos es mucha inseguridad e incoherencia.

Herramientas para la adolescencia: amor, comprensión y no permisividad

¿Y cómo llegamos a este modelo conciliador? Pedro García Aguado dice que tenemos que ponernos en la cabecita de nuestros hijos y entenderles. ¡Y desde que son pequeños! “Cuando llegas a la adolescencia, ese tránsito que va desde los 12 a los 58 años (dicen los especialistas) (risas), si no lo hemos hecho de una forma adecuada de los 0 a los 12, esa etapa en la que hay cambios hormonales, tus amigos son los que realmente tienen la sabiduría, tu padre y tu madre son tu viejo y tu vieja de los que no quieres saber nada, está complicado”.

Añade Pedro que “la adolescencia es un momento maravilloso, difícil, complicado, sí”, pero donde hay que poner las siguientes herramientas: “el amor, la comprensión, pero no la permisividad”. Para la comprensión, afirma que es importante meterse en la cabecita de nuestro hijo para entender cómo piensa o cómo está recibiendo lo que le estamos diciendo. “Y para eso es muy importante saber comunicarte con ellos. ¡Ojo! Charlas de dos horas con adolescentes no funcionan. Cuando acabéis, preguntadles qué han entendido de lo que habéis dicho, porque ellos ven la vida de otra manera”, dice sacando las risas del público nuevamente.

Al hilo de esto, cuenta otra anécdota personal: “Mi hija la cuadrada me enseñó muchas cosas, me enseñó, sobre todo, que gritando no conseguía nada, y que hablándole con palabras técnicas, tampoco”, dice y sigue relatando la historia de cuando su hija ponía excusas porque no llevaba la agenda ni hacía los deberes. “Eres la reina de las excusas, me tienes harto con las excusas”, le gritó él. La niña se puso a llorar y él le preguntó: “¿Tú sabes lo que son las excusas?” Y ella le respondió llorando: “No, papá, no sé de qué me estás hablando”. Con esto, aclara Pedro, “no nos paramos a pensar en la comunicación y ellos muchas veces entienden otras cosas”.

Valores importantes: respeto, responsabilidad y perseverancia

En la última parte de su ponencia, el experto en adolescentes habla de valores. Confiesa que “todo lo que aprendí en el programa Hermano Mayor tiene que ver con la transmisión de valores.” Y para entenderlo, pone el ejemplo de las cámaras de fotos, y hace una comparación entre cómo era antes y cómo es ahora. “La sociedad está cambiando muchísimo. Antes, en la cámara de fotos, “abríamos, poníamos el carrete, estirábamos un poco, cerrábamos y siempre había incertidumbre de si estaría bien puesto o no. Hacíamos fotos y no las veíamos. De manera natural, tuvimos mucha más suerte que nuestros hijos y nuestras hijas. Aprendimos a esperar. Yo hacía las fotos un verano, hacía las tres que me habían quedado el verano siguiente, lo llevaba a revelar… Y qué aprendimos entonces también de manera natural, a frustrarnos. Yo era muy mal fotógrafo, no había ni una foto bien”.

Continúa: “Ahora, nuestros hijos y nuestras hijas piensan y sienten diferente porque se ven, no tienen que esperar un año. No les gusta, la borran y se hacen otra. Cero frustración.

Por eso, cuando les decís a vuestros hijos ‘Espérate’, oís su Windows hacer error”, explica haciendo reír al público.

Según el que fuera presentador del programa Hermano Mayor, hay valores importantes que no hay que perder:

  • “El respeto. El respeto es un valor de ida y vuelta”, dice.
  • “La responsabilidad. No viene de serie”, y pone un ejemplo: “‘¿Le has enseñado?’ ‘Sí, le recojo la ropa cuando lleva una semana tirada’. ‘No, si quieres que la recoja, déjala’. ‘Ya, Pedro, es que eso empieza a oler’. ‘Compra ambientadores’. Ahora, con las nuevas tecnologías, lo mejor es hacer foto y decirle: “Como no recojas la habitación, esta foto va a Instagram con tu etiqueta”.
  • “Perseverancia. Nuestros hijos y nuestras hijas han nacido en este mundo para salirse siempre con la suya. Cuenta el ejemplo cuando en el súper su hija le pide un chupa chups dos veces, le dice que no, y a la tercera se lo consiente. Ese cerebrito se lo apunta, sabe que tiene que insistir porque a la tercera se lo doy”.

Para concluir, Pedro García Aguado vuelve a insistir en que “hay que educar a los hijos que tienes y a los hijos que realmente se porten como se porten, son como son, y no los que te gustaría tener”.