Ha llegado el momento de empezar a cerrar la herida que se abrió en octubre de 2017. Al menos esa es la intención con la que el Gobierno aprobará hoy los indultos de los nueve líderes independentistas encarcelados por organizar el referéndum del 1-O y la declaración de secesión posterior. El presidente Pedro Sánchez anunció ayer, en un acto solemne en el Liceo, que su intención es la de «restituir la convivencia» entre catalanes y entre españoles.

«Mañana [por hoy], pensando en el espíritu constitucional de concordia, propondré al Consejo de Ministros conceder el indulto a los nueve condenados en el juicio del procés que están en prisión», dijo el presidente del Gobierno nada más comenzar su alocución. En un discurso corto, pero de enorme trascendencia política, quiso justificar la medida de gracia que, dice, supone «un primer paso» hacia la solución del conflicto político.

«La razón fundamental de los indultos es su utilidad para la convivencia. Estoy convencido de que sacar a estas nueve personas de la cárcel, que representan a miles de catalanes, es un rotundo mensaje de la voluntad de concordia y convivencia de la democracia española», añadió. Se trata del mismo argumento que dominará en los nueve expedientes que el Gobierno aprobará en su reunión de hoy.

Sobre ese eje, el del provecho social del perdón, pivotó todo el discurso del presidente. En su opinión, España está ante un momento crucial similar al que afrontó en la Transición, y existe la oportunidad de sellar un nuevo pacto de futuro casi constituyente. El Ejecutivo reunió ayer a los secretarios y subsecretarios de Estado como paso previo a incluir el perdón a los condenados -que no podrá ser total, por los informes en contra del Tribunal Supremo y de la fiscalía- en el orden del día.

Futuro frene a pasado

Sánchez es consciente de que los indultos tienen detractores. Se dirigió sobre todo a los que «se vieron afectados en su vida cotidiana, en el trabajo, en la familia, con los amigos, por los hechos enjuiciados en la causa del procés», y dijo que los comprende y respeta. Pero añadió que quienes apoyan las medidas de gracia también tienen sus razones, «en las que pesan más las expectativas de futuro que los agravios del pasado». Y que, incluso los que se oponen, deben reconocer su «plena legalidad y absoluta constitucionalidad».

De hecho, él mismo tuvo constancia ayer de que existen ciudadanos que no están de acuerdo con su decisión. Pero en Barcelona no se manifestaron quieren se oponen a los indultos -como el PP, que ayer lanzó su primer vídeo de una campaña al respecto- desde la perspectiva de que son una cesión a los líderes presos. En el Liceu fueron precisamente los soberanistas quienes protestaron contra ellos. Dejaron claro que el perdón ha cogido con el pie cambiado al independentismo y que lo divide, porque mientras una parte aplaude los indultos aunque los considera insuficientes, otra, minoritaria, los desdeña.

Cerca de 500 independentistas, convocados por la ANC y la CUP, protestaron en la Rambla contra la medida. Dentro del teatro, dos personas con una estelada prorrumpieron en gritos a favor de la «amnistía» y la «independencia» justo en el momento en el que Sánchez anunciaba que el Gobierno aprobará hoy la medida de gracia. Según fuentes del Gobierno, se trata de personas a las que la CUP cedió invitaciones que habían llegado a diputados del partido anticapitalista. «Estamos en el teatro de la palabra, todas las opiniones son bienvenidas», salió del paso el presidente.

Sin embargo, Sánchez aspira a captar el espíritu -no unánime, porque es «imposible»- mayoritario de la sociedad. El objetivo de «recomenzar» la relación entre Cataluña y el resto de España recibe en su opinión el apoyo de «millones» de españoles, catalanes incluidos.

La Constitución, el límite

No exigió a los independentistas que en poco tiempo van a salir a la calle que «cambien sus ideales». Pero sí puso una condición para el diálogo que está a punto de retomar con la Generalitat: que se desarrolle dentro del «marco constitucional», que constituye, opina, un terreno de juego en el que se pueden expresar todos los puntos de vista.

«Vamos a restituir la convivencia, es mi más firme apuesta», insistió Sánchez. Y se despidió afirmando que esa España con la que pretende seducir incluso a quienes no se sienten partícipes del proyecto común se expresará «en español, euskera, gallego y catalán». «Catalunya, catalans i catalanes, us estimem. Cataluña, catalanes y catalanas, os queremos», se despidió.

El presidente del Gobierno se rodeó en el Liceo de más de 200 personalidades de la política, la cultura, la economía y el deporte catalanes. Sin embargo, ningún miembro del Gobierno de la Generalitat asistió al acto. Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell, Jordi Turull, Josep Rull, Dolors Bassa, Raül Romeva y Quim Forn esperan ahora que la decisión se haga efectiva.