El rearme español
Las Fuerzas Armadas declaran prioritaria la guerra electrónica
Buscan sistemas de alerta anti dron para proteger a soldados, vehículos y buques y prueban una versión militar del sistema español Nexor de mando y control

Una soldado, durante la preparación de unas antenas del Regimiento de Transmisiones 21 en Marines (Valencia) / ET

Soldados con “chicharras” más pequeñas que un móvil que vibran cuando sienten aproximarse un dron, sensores esparcidos entre piedras y árboles que perturban una radio enemiga al pasar, buques convertidos en silenciosas estaciones de escucha radioeléctrica en medio del mar, pelotones de especialistas traduciendo con inteligencia artificial lo que le oyen a la radio del enemigo, máquinas engañando a las defensas contrarias, ondas negándole el GPS al contrario... Estas y otras capacidades están contemplando las Fuerzas Armadas al abordar sus carencias. El Estado Mayor de la Defensa, de hecho, ha declarado prioritario mejorar las capacidades de guerra electrónica.
Lo aprendido en la guerra de Ucrania determina la urgencia. Hay que innovar, y rápido: “Allí los que innovan lo hacen pensando cómo evitar que los maten al día siguiente”, explica el teniente coronel Jesús Rodríguez Olmedo, jefe de Control de Apoyo Logístico del Regimiento de Guerra Electrónica 31, el principal del Ejército. De Ucrania llega a Defensa la lección de que la carrera entre rivales va a toda velocidad, y de que no hay máquinas millonarias que valgan, ni nubes de combate, ni munición guiada eficaz, ni soldados orientados en el campo de batalla, ni vehículos invulnerables si el enemigo es capaz de cegar todo eso con sus ondas electromagnéticas o con ciberataques.
En la lista de los PEM (los Programas Especiales de Modernización de Defensa), ligados al plan de industrialización de los 10.471 millones de euros presentado por el Ejecutivo, ha aparecido un nuevo epígrafe que alude al campo de batalla -o “dominio”- electromagnético. Se titula “Modernización de Capacidades de Guerra Electrónica”. Es una novedad llamativa: de no aparecer ese programa en la lista de prioridades, ha pasado de repente al número 20 de 31.
Nuevos medios
No es una mera exposición de intenciones. El pasado 25 de mayo el almirante Teodoro Esteban López Calderón firmaba los REM, el visto bueno del Estado Mayor de la Defensa, para asuntos como la “prueba de concepto” para una nueva estación de guerra electrónica de Ejército, o desarrollos de la GECO (Guerra Electrónica Convencional o pesada), GEL (Guerra Electrónica Ligera, de corta distancia y con aparatos que pueden llevar encima soldados y vehículos pequeños) y GEMA (Guerra Electrónica Móvil de la Armada).
Del nuevo impulso a la guerra electrónica colgará su cascada de licitaciones a partir del próximo invierno. Y también cobrarán relieve nuevos conceptos, como el de “guerra electrónica distribuida”, en el que el Ejército busca capilaridad de los medios, proporcionar a cada soldado su propia consciencia situacional en el combate.
Se cruza el nuevo concepto con otros que se prueban en el sector del combate a pie. Pero que cada brigada, cada batallón, cada unidad menor disponga de capacidades para la guerra electrónica no será óbice para un previsible aumento de efectivos en las unidades centrales de esa especialidad. El Regimiento de Guerra Electrónica Electrónica 31 -en el distrito madrileño de El Pardo, hermano de otro similar en Sevilla- podría crecer con un batallón más a corto plazo, según fuentes del Ejército. No está previsto de momento que legue al nivel de brigada.

Un soldado del Regimiento de Guerra Electrónica 31 maneja información intgrada en un monitor portátil durante el ejercicio Atlas 21. / FUTER
Al tiempo, la Armada estudia también cómo aumentar sus capacidades en la llamada NAVWAR, la guerra de navegación, la defensa y ataques electrónicos para cegar los barcos enemigos y evitar que los propios queden cegados, por ejemplo, sin señal GPS para moverse en el mar y guiar los misiles.
Investiga la Armada sistemas de navegación silenciosa, al tiempo que sus buques invisibles sean capaces de detectar las emisiones del adversario a gran distancia. No se deja de mirar a la misión Atalanta. Navegar hacia el cuerno de África para luchar contra la piratería supone pasar por el mar Rojo, teatro de la amenaza de los drones y misiles hutís. “Los buques comprometidos en Atalanta van a ser dotados de sistemas navales para detectar las señales de radiofrecuencia de plataformas no tripuladas… lo más lejos posible”, cuenta el capitán de corbeta Carlos León Dupuy, de la Sección de Armas y Guerra Electrónica de la Armada.
Batalla de engaños
"Estar en contacto con otros ejércitos nos ha hecho cambiar de mentalidad", comenta Isabel Montalbán, coronel jefa del Regimiento de Guerra Electrónica 31. Ya hace dos años, en la 17ª sesión del Taller Fuerza 2035 del Ejército, quedó constatado que la guerra electrónica, relegada tras la guerra fría, se había despertado acuciantemente en el pulso de Ucrania y Rusia en el Donbás y Zaporiya.
Ahora el rearme español en guerra electrónica trae muchos retos. El Ejército es capaz de captar millones de señales, ondas GSM, de satélite, de telefonía, de radio… pero uno de sus problemas -común para todos los ejércitos- es discriminar y ordenar lo que percibe.

Personal del Regimiento de guerra Electrónica 31, en una formación de ciberdefensa en 2023. / FUTER
La guerra electrónica es sutil, plagada de astucias, a veces muy asimétrica, a veces tan distópica como el Elogio de la Ceguera que escribió Saramago. "Hoy con un globo de helio como los que adornan las fiestas de cumpleaños, un cordel y una radio SDR (definida por sofware) que se compra en Amazon por 40 euros, se puede fabricar un señuelo", relata Rodríguez Olmedo. Y con ese señuelo emitiendo, hacer creer a un enemigo que está detectando un dron. Quizá ese enemigo dirija hacia la señal su propia antena… y ya se habrá puesto al descubierto.
Con 4.000 euros se pueden lanzar cien de esos globos mentirosos y volver loco a ese enemigo haciéndole creer que se aproxima un enjambre de drones.
Pero la clave en las batallas en el dominio electromagnético no es solo engañar, también no ser engañado, evitar “falsos positivos”. Poder discriminar, por ejemplo, el punto de calor que origina el corazón de un pájaro del de cada hélice de un dron.
Problema añadido: siendo capaces de escuchar miles de inputs del ambiente electromagnético, móviles de soldados, radios de sus coches, aparatos de sus cocinas, emisiones de sus baterías artilleras, órdenes de sus puestos de mando, paso de blindados… ordenar lo que captan cientos de sensores, filtrarlo y elevar lo captado al mando.
Experimentando con Nexor
Fuerzas Armadas e industria de defensa trabajan conjuntamente para el desarrollo de lo que llama “plena soberanía tecnológica”. Del Regimiento de Guerra Electrónica 31 salió la idea de contar con un sistema que perturbe y se adueñe de drones voladores. Lo escuchó la empresa TRC, creadora del sistema Cervus, que ahora la firma madrileña desarrolla en UTE con Indra y Escribano. Llevado a Eslovaquia por la Brigada Paracaidista en la misión OTAN que lidera allí España, el Cervus es hoy una defensa clave anti dron de las tropas encargadas de la disuasión a Rusia en ese punto del flanco Este de la Alianza Atlántica.
TRC ocupa una posición clave en el desarrollo de guerra electrónica que está por venir. Paula Martín, ingeniera de Telecomunicacions y Biomedicina, jefa de proyecto en TRC, y su equipo de ingenieros llevan tres años trabajando con el Ejército en, entre otras cosas, estudiar patrones de emisores de señales desconocidas. También han creado una aplicación militar basada en el sistema de mando y control Nexor.
Las unidades de guerra electrónica del Ejército van a probar una adaptación militar de ese sistema en maniobras este otoño. Nexor integra señales de diversa procedencia, de detectores de plataformas no tripuladas que vengan por aire, tierra o mar, de sistemas de puntería, de comunicaciones por radio… ordena la información y la muestra en un mapa inteligible para el ser humano.

La aplicación Nexor muestra en una pantalla un conjunto de detecciones de drones / TRC
Esa información, ordenada por capas, puede aparecer en el monitor que lleva a bordo un vehículo de combate, o en una tableta que meta en su mochila un soldado desplegado a pie. La información corre, no se guarda en el aparato. Si al soldado lo hieren y le cogen su tableta… la sesión no es accesible: se cierra tras cierto tiempo sin uso, y no se puede entrar sin pasar doble verificación.
Interviene en todo esto la inteligencia artificial, claro. También a través de Carina. Ese es el nombre de una start up con la que se ha aliado TRC, y también de su sistema de IA que entiende el habla humana. De asistir a policías en la toma de denuncias, Carina da el salto a lo militar: traducir qué se dice en las comunicaciones interceptadas, y comprobar que lo que se expresa es consistente.
Nexor dará más trabajo a la IA: ayudar al operador de guerra electrónica a hacer informes, copiando y pegando información, para el mando.
Como en la toma de señales en la guerra, en la innovación en defensa “es importante la capilaridad, estar atentos a multitud de ideas que se están trabajando en empresas pequeñas y ser capaces de integrar tecnologías en proyectos más grandes”, explica Alfredo Estirado, consejero delegado de TRC.
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