Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Balance monárquico

El Rey pronuncia su mensaje navideño ante un 2025 con el pasado de su padre y Urdangarin en primer plano

El temor a una serie sobre la vida de Juan Carlos I y el libro del excuñado reactivan unos episodios que Felipe VI creía superados

Felipe VI, el miércoles 17 de diciembre, en la entrega de despachos a los nuevos fiscales, en Madrid.

Felipe VI, el miércoles 17 de diciembre, en la entrega de despachos a los nuevos fiscales, en Madrid. / J.J.Guillen / EFE

Pilar Santos

Pilar Santos

Madrid

Llega el día de Nochebuena y con él también el tradicional discurso del jefe del Estado. El mensaje de Felipe VI llegará este miércoles 24 a las 21.00 horas tras 12 meses sin sobresaltos por motivos internos, pero sí externos. Este año 2025 ha estado atravesado para la Zarzuela por dos relatos ajenos a la voluntad del jefe de Estado que afectan al reinado de perfil discreto por el que trabaja: el que su padre, Juan Carlos I, ha hecho en sus memorias y reivindicando su papel histórico justo cuando se conmemoró los 50 años de monarquía parlamentaria en España, y el de quien fuera su cuñado Iñaki Urdangarin, que sacará libro en febrero y ya ha empezado a hablar con la prensa. 

El punto de partida de Felipe VI fue una monarquía en estado de alarma. La abdicación, en 2014, constituyó un acto político de urgencia, diseñado para cortar una hemorragia reputacional que amenazaba a la institución. Como admitió en público Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey cuando Juan Carlos I decidió dejar el trono, los reiterados suspensos del entonces Monarca en las encuestas internas y semanales que encargaba la Zarzuela aconsejaron que diera un paso atrás. "Había más partidarios que desaprobaban la gestión del Rey que los que lo aprobaban, en contraste, además, con lo aplicado al Príncipe de Asturias (...) Las del Príncipe eran sobradamente positivas", dijo Spottorno en un acto organizado por el Ateneo de Madrid con motivo de los diez años de la sucesión. 

Los peores episodios de la historia reciente vuelven y dificultan la proyección a futuro que busca la Zarzuela con la princesa Leonor

Tras esa delicada operación política y ya con Felipe VI en el trono, el nuevo Rey también tuvo que levantar otro cortafuegos con su hermana Cristina, que se tuvo que sentar en el banquillo en la investigación del ‘caso Nóos’, por el que Iñaki Urdangarin, entonces su marido, fue condenado a 5 años y 10 meses de prisión por malversación, prevaricación, fraude, dos delitos fiscales y tráfico de influencias. Felipe VI revocó, en 2015, el título de Duquesa de Palma de Mallorca a su hermana para marcar distancias, un gesto que abrió una herida familiar que todavía sangra. 

El libro anunciado para febrero y la entrevista previa reactivan la mayor crisis que ha vivido la monarquía en democracia. El 'caso Nóos' marcó, en 2011, el inicio del declive del reinado de Juan Carlos I y condicionó desde el primer día el de Felipe VI. El relato de reconstrucción personal del exduque tras pasar por prisión vuelve a colocar el foco en la percepción de privilegio y en la herida de la impunidad, aunque las condenas judiciales estén cumplidas.

Contexto polarizado

Ahora esos dos episodios (la abdicación a la que se vio empujado Juan Carlos I y la corrupción de Urdangarin), que parecían ya superados, vuelven a la actualidad de la mano de los dos protagonistas y ensombrecen la labor, por ahora sin desaciertos, de Felipe VI, que estos 11 años y medio ha evitado escándalos propios y ha mantenido una imagen de corrección institucional en un contexto político cada vez más polarizado. El pasado vuelve y dificulta la proyección a futuro que busca la Zarzuela con la princesa Leonor. Apenas unas pocas líneas le dedica su abuelo en “Reconciliación”, el libro de sus memorias, cuando le recomienda que “tenga seguridad en sí misma, que cumpla con su deber con simpatía y amabilidad, que sea la garante del respeto a la Constitución Española”. Más expresivo es cuando critica a la reina Letizia o incluso cuando se queja de lo “insensible” que fue su hijo cuando, en marzo de 2020, tras conocerse la fortuna oculta que guarda, renunció a la herencia que le tocará cuando muera. 

Aunque Felipe VI quiere despegarse del pasado y mantener la distancia física y emocional con su padre –como se vio en noviembre, al no invitarle a participar en ningún acto público por los 50 años de monarquía parlamentaria y solo ofrecerle la opción de almorzar en privado con la familia– Juan Carlos I no le deja. La Zarzuela guardó silencio cuando se publicó el libro en Francia (noviembre), en España (principios de diciembre), pero estalló y reaccionó ante el vídeo que el emérito se grabó con una bandera de España y en el que pedía a los jóvenes apoyo para su hijo. Una portavoz oficial aseguró que Felipe VI no veía ese mensaje ni “oportuno” ni “necesario”. Parece que la paciencia había llegado al límite. 

Y lo más preocupante para la Zarzuela es que existe el temor de que la sombra de Juan Carlos I se alargue aún más. Entre los amigos que aconsejaron al emérito que no escribiera sus memorias se encuentran varios que han asegurado a EL PERIÓDICO que creen que el siguiente paso será grabar una serie sobre su vida. Según aseguran, son varias las plataformas que estos años atrás se han interesado por llevar a la pantalla la vida del exjefe de Estado. Ahora, ven a Laurence Debray, la periodista francesa que le ha ayudado a escribir el libro, bien colocada para dar ese paso y rentabilizar económicamente toda la información recogida durante meses viviendo en Abu Dabi y también aprovechando la buena relación trabada con el emérito. Los ingresos que puede suponer una serie no son comparables a los de un manuscrito.

Debray podría convertirse en la asesora principal de los guionistas o que todo el contenido pasara por sus manos. “Ella es francesa y no está claro si monárquica o no. Ella ve negocio. Y él… Pues se vuelve a rodear de las personas equivocadas, una vez más”, lamenta uno de sus máximos colaboradores de los últimos años. 

Felipe VI afronta así su 12º discurso de Nochebuena enredado en la paradoja: ha cumplido su parte del contrato —corrección institucional, ausencia de escándalos propios, disciplina constitucional—, pero sigue pagando, en una institución hereditaria, por lo que hicieron sus familiares.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents