Jóvenes y extrema derecha
90 años después de aquel 18 de julio: “Franco es hoy simplemente un meme con el que se frivoliza”
Diversos estudios alertan del auge de posiciones extremistas entre los jóvenes pero los expertos relativizan: “Los jóvenes apoyan los principios democráticos, pero hay un enorme cabreo con el sistema”

Meme de Franco, imagen creada por ChatGPT.
José Luis García Nieves
Los síntomas son persistentes y, por momentos, alarmantes. Una reciente encuesta de Gesop para Levante-EMV y los diarios de Prensa Ibérica concluye que seis de cada diez menores de 30 años están en contra de la regularización extraordinaria de migrantes, frente al respaldo mayoritario de los mayores de 60. Un estudio del CIS reciente situaba a Vox como la opción preferida por los nuevos votantes, los que se estrenarán en las urnas en unos meses, con un apoyo de más del 27 %. Un estudio del Consejo de la Juventud de España de esta semana constata la pérdida de confianza de los jóvenes en el funcionamiento del actual sistema político y de sus instituciones. Hasta el punto de que cerca de un 20% de la juventud ha respondido en los últimos años que, bajo algunas circunstancias, preferiría opciones autoritarias a la democracia.
“Hay una parte de voto joven que responde a una lógica de protesta y rechazo al statu quo, al actual Gobierno, pero también existe una corriente conservadora que no conviene minusvalorar. Ambas cosas pueden coexistir”, señala la profesora de Ciencia Política de la Universitat de Valencia, Astrid Barrio.
Javier Carbonell, director del 'think tank' Future Policy Lab, profundiza en esa lógica de protesta, que desvincula de un contexto estrictamente español. “El voto de jóvenes a la extrema derecha atiende a muchos factores pero en general es una gran crisis en todo el mundo, que no solo se refleja en voto a partidos de extrema derecha sino también en voto a partidos de la izquierda más 'antiestablishment', que en Europa está aumentando, aunque descienda en España porque ha estado en el Gobierno. El debate en EE UU respecto a los jóvenes no es por qué les gusta tanto Trump, sino por qué les gusta tanto el socialismo. Hay que entender que es un fenómeno que tiene un elemento 'antiestablishment', que en España es la extrema derecha”, contextualiza.
Los motivos serían múltiples, desde la desaparición de la intermediación que aumenta el tono crítico al creciente individualismo y la ruptura de una idea de comunidad, que se desmembra, y vacío que la extrema derecha sabría cubrir. Con todo, diferentes estudios coinciden en la pérdida material como uno de los acelerantes de que esa capacidad seductora de las posiciones extremistas.
“El crecimiento económico bajo provoca una sensación de declive en parte de la población. La extrema derecha es fuerte en el campo de la inseguridad. No hay esperanza en el futuro”, resume entre el abanico de motivos, que se aplican en todo caso a los jóvenes.
La promesa rota del ascensor social
En este sentido, Carbonell distingue entre la expresión de ese cabreo y la convicción democracia de una franja de edad donde se está expresando con más potencia esa polarización social. “Hay datos que muestran un gran apoyo a la democracia entre los jóvenes y hay estudios que reflejan un mayor flirteo con opciones autoritarias. En lo que todos están de acuerdo es en un cabreo enorme con el funcionamiento de la democracia. Y lo que encuentro en mis análisis cualitativos es que hay jóvenes tan cabreados con el sistema que piensan que no viven en una democracia real, están cabreados con el sistema político porque no pueden acceder a la promesa de la clases media: ‘esfuérzate y tendrás una vida’. Si la democracia implica que te tienen que solucionar tus problemas, lo que piensas es que no te hacen caso”.
Memoria tardía y sin consenso
¿Qué pinta la nostalgia franquista en este contexto? “En España, las políticas de memoria han tenido un desarrollo desigual y han llegado tarde, y sin consenso ni social ni político. Eso puede favorecer cierta banalización de ese pasado, especialmente entre quienes ya no tienen una conexión generacional directa con él. Aun así, creo que el fenómeno se entiende mejor como parte de una ola internacional de reacción frente a la incertidumbre económica, la polarización, el desgaste de las instituciones y partidos tradicionales y el hartazgo de determinadas políticas más que como una singularidad exclusivamente española”, reflexiona Astrid Barrio.
Carbonell también desliza esta desconexión con la experiencia vivida o estudiada. “Hay un elemento del paso del tiempo: la memoria viva desaparece y se convierte en una figura histórica más, en un meme sobre el que se pueden frivolizar más. Pero sería un error interpretar que los jóvenes son franquistas o que quisieran vivir bajo una dictadura franquista. Simplemente es que hacer coñas con Franco es lo que hace le 'antistablishment' actualmente. Punto. No hay más. Pero en general los jóvenes aprecian la democracia y no es la línea en la que estamos. Los datos dicen que la mayor parte de los jóvenes apoyan los principios democráticos con una abrumadora mayoría: el problema es que están mucho más dispuestos a dar un golpe en la mesa porque el sistema no les gusta. Ese elemento explica el auge de la extrema derecha entre los jóvenes”, concluye.
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