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Paseo por las corralás de Torrequemada
Declaradas Bien de Interés Cultural, se conservan 230 zahúrdas y sus correspondientes corralás, ejemplo de perfecta simbiosis de hombre y naturaleza

Visita a las corralás de Torrequemada. / EL PERIÓDICO

Desde que la Unesco declarara al arte de colocar piedra sobre piedra, con estricto orden sin ningún tipo de argamasa que las uniera, las corralás de Torrequemada se han convertido en hitos del camino que merecen una parada con detenimiento. Las corralás son construcciones tradicionales de piedra seca dedicadas a la cría del cerdo y están declaradas Bien de Interés Cultural (BIC). Se encuentran en un paisaje espectacular y bien conservado en la dehesa boyal de Torrequemada, donde, además, es fácil observar una gran cantidad de aves.
El conjunto arquitectónico y etnológico consta de unas 230 zahúrdas o cochiqueras (refugios) y sus correspondientes corralás o cercos de piedra seca que propician un paisaje lleno de alicientes en el que la armonía del hombre con la naturaleza es la nota predominante. Fruto del saber y conocimiento de nuestros antepasados, las estructuras erigidas con piedra seca han formado parte de nuestro día a día y se encuentran repartidas por toda la geografía extremeña. Pero son las corralás de Torrequemada las que merecen una especial atención por su singularidad. El conjunto arquitectónico de Las Corralás se encuentra en el paraje denominado Dehesa de la Zafra o Zafrilla, también llamado popularmente el ‘prao’, un paisaje con abundantes batolitos graníticos, así como dos charcas, la Charca del Prao y la Charca de Arriba.
Hasta los años sesenta del siglo pasado, las construcciones se destinaban al manteniminento de las cochinas de cría para que amamantaran a los lechones. Después, una vez destetado deberían ser trasladados a las viviendas del pueblo para ser engordados. Las corralás tenían la función de controlar al animal en un espacio cerrado. Las corralás tienen dos cuerpos. Uno de ellos se denomina zahurda o cochiquera. Allí las hembras parían y amamantaban a los lechones. Por otro lado estaba el cerco de piedra o corralá que servía para controlar al animal y para que los lechones dieran sus primeros pasos. Dentro de ese cerco es habitual cincelar un bebedero para los animales en granito.
Lo normal es que no se empleara en ellas ningún tipo de argamasa, pero en estructuras más complejas sí se ha detectado el uso de un mortero de tierra. En 2017 las corralás fueron declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Lugar de Interés Etnológico.
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